<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552</id><updated>2011-04-21T19:00:31.098-07:00</updated><title type='text'>Novela Technotitlan: Año Cero (primera parte)</title><subtitle type='html'>Esta es la primera parte de la novela de Technotitlan: Año Cero. 

Consta de 14 capítulos.

Después de acabar esta primera parte, favor de recordar que son cuatro partes.

Se publicó en Internet por primera vez en 1998.

Se publicó impresa en edición de autor en 1999.

Aquí está de nuevo.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>14</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982521469044175</id><published>2006-10-02T14:30:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T14:54:11.460-07:00</updated><title type='text'>Nota para la republicación en Internet de Technotitlan: Año Cero</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/2752/3169/1600/portada%20primera%20version.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/2752/3169/320/portada%20primera%20version.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;...después de cinco años...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había una vez una novela que tenía ciertas ambiciones. Algunas se realizaron, otras no. Este libro que estará aquí por partes fue impreso después de muchas vicisitudes y en condiciones ciertamente adversas. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Fue una edición de autor. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Así y todo se vendieron todos los libros que se imprimieron (330 en total, y se regalaron menos de veinte, hubo una persona que me compró seis y sin conocerla de antes y jamás verla después) e incluso se produjo en CD.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El libro rompió al menos un paradigma sagrado, el libro tenía (de hecho tiene) &lt;strong&gt;garantía&lt;/strong&gt;: Si no te gustaba te devolvía el dinero. El costo del libro era 180 pesos y luego fue de 200 pesos mexicanos. Así de sencillo. Sin preguntar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El website original estuvo desde el 3 de octubre de 1998, justo para la inauguración de la Feria Internacional del Libro de ese año en Monterrey, hasta tres o cuatro años después. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;El website desapareció porque me fue imposible pagarlo. Falta de flujo financiero.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;En él se simulaba una pantalla de &lt;strong&gt;La Matriz &lt;/strong&gt;(excelentemente bien realizada por mi buen amigo Mario Saldaña) a la que se "conectaba" todo mundo académico que aparecía en la novela. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;(Antes de seguir, el punto de “La Matriz”, por lo menos el puro nombre, no tiene nada que ver con la película &lt;em&gt;The Matrix&lt;/em&gt;, que se estrenó después de terminar de escribir &lt;strong&gt;Technotitlan&lt;/strong&gt;, en marzo de 1999, cuestión de verificar los derechos de autor que me fueron dados antes de esa fecha, pero no importa, lo único común entre ambas obras es el nombre, nada más).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El &lt;em&gt;website&lt;/em&gt; contenía alrededor de 28 o 30 capítulos de la novela (la primera y segunda parte de cuatro en total) de 58 en total que se tenían. La idea era que la gente escribiese para pedir los demás, así lo hicieron varias personas, detalle que me complació enormemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tema de &lt;strong&gt;Technotitlan: Año Cero&lt;/strong&gt;, tiene que ver con tecnología, política y sociedad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquí está la primera parte como si fuera un solo blog. Es la manera más sencilla de volver a compartirla, por si alguien se la encuentra de casualidad o a propósito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pondré las demás partes en cuanto pueda, pero me era importante colocarla aquí ya que hoy mismo es aniversario de Tlatelolco, 2 de Octubre, que es donde y cuando comenzó todo allá por 1968.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La tragedia del 2 de Octubre me pesó tanto cuando supe de ello en mi adolescencia (tendría catroce años), aún sin tener ningún contacto con personas que sufrieron en ese lugar y en esa época, que fue la que me estimuló con espacio del tiempo en escribir algo relativo al tema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día 2 de Octubre de 1993, el 25 aniversario del suceso, salió tanta información del tema de repente, un verdadero diluvio, muestra de la libertad de expresión que se fue ganando, que me impelió a empezar algo en grande. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Como de alguna manera soy ingeniero en sistemas y tengo un gusto por la tecnología, decidí que el enfoque sería por ahí, sin olvidar el tono de la tragedia y el respeto por la memoria de los desaparecidos y sus familiares.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El agregar la trama moderna de las demás partes de la novela, las que ocurren en el año 2018, me permitió jugar con una ciencia ficción que considero plausible, aún y que comencé a escribir esto ya hoy, 2006, hace trece años, sin olvidar para nada que la ciencia ficción que aparece en &lt;strong&gt;Technotitlan&lt;/strong&gt;, poca o mucha, está al servicio de la historia, y no al revés.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que hay temas que ya podrían parecer obsoletos o tímidos, o demasiado prematuros, pero poniéndose a pensar, las cosas son así, intentas hacer prospectiva y ver hacia donde vamos y sobre todo, en cómo llegaremos hacia allá, hacia un mundo de 2018 en una nueva Capital de la República: El nuevo DF, l&lt;strong&gt;a Gran Technotitlan&lt;/strong&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá les agrade, si una persona está interesada en verla en su formato Word original, con sólo pedirlo a &lt;/span&gt;&lt;a href="mailto:metaconexiones@gmail.com"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;metaconexiones@gmail.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;, con gusto se las enviaré en dos archivos Word.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gracias por su atención.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luis García&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982521469044175?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982521469044175/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982521469044175' title='2 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982521469044175'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982521469044175'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/nota-para-la-republicacin-en-internet.html' title='Nota para la republicación en Internet de Technotitlan: Año Cero'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982366518626286</id><published>2006-10-02T14:11:00.000-07:00</published><updated>2006-10-04T14:13:35.146-07:00</updated><title type='text'>NOTA INTRODUCTORIA (La original):</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;Technotitlan&lt;/strong&gt; es una historia de ficción. Todos los personajes y situaciones son producto de la imaginación del autor. Los sucesos históricos del verano y otoño de 1968 a los que se hace referencia están basados en reportes que aparecieron en libros reconocidos y en reportajes de revistas y periódicos que cada aniversario aparecen. Se trató de revivir el espiritu de esa época.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;Technotitlan&lt;/strong&gt; trata de involucrar los hechos de Tlatelolco y de relacionarlos con el desarrollo del país llegando hasta la segunda década del próximo siglo en el año 2018.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;strong&gt;Technotitlan&lt;/strong&gt; es una novela política y tecnológica que bordea la fantasía. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La novela consta de 4 partes: La primera es &lt;strong&gt;Vida y muerte en Tlatelolco&lt;/strong&gt;. La segunda es &lt;strong&gt;Vida y muerte en la PoliUniversidad&lt;/strong&gt;. La tercera es &lt;strong&gt;Vida y muerte en la Matriz&lt;/strong&gt;. La cuarta es &lt;strong&gt;Vida y muerte en Technotitlan&lt;/strong&gt;.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Mucho de lo que aparece relativo al futuro en las partes 2, 3 y 4 están basadas en información aparecida en incontables números de &lt;em&gt;Scientific American&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Wired&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Time&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Discover&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Bussiness Week&lt;/em&gt; de los años de 1993 al 1999. Detalles podrán ser revisados en el site de Internet de &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.technotitlan.com.mx/"&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;www.technotitlan.com.mx&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt; . (NO EXISTE DE MOMENTO ESTA LIGA)&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Jaron Lanier existe. El punto sobre las Islas Catalina es cierto. Se está trabajando en máquinas espirituales, en personalidades sintéticas, en computadoras basadas en fotones, en telepresencia, realidades “aumentadas” y en realidades virtuales obtenidas en base a documentos fuentes, en conexiones hápticas, en ciudades supermodernas conectadas de todo a todo, los detalles comentados sobre los cultivos de órganos son ciertos (pero no obtenibles todavía), los agentes de información en base a software se están desarrollando, las máquinas de Turing existen (quizá no tan simplificadas). Además se está trabajando en realidad virtual provista de olor y tacto además. Los tatuajes orgánicos no existen (todavía).&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Esta novela se terminó de escribir en agosto de 1997. El conflicto actual de la UNAM no es responsabilidad del autor.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Singapur, la Disneylandia con pena de muerte, no es similar a como se comenta (cada quien busca su felicidad a como quiere), pero uno no sabe lo que pueda pasar al paso del tiempo. &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;La COMPENSAN es producto de la imaginación del autor. Afortunadamente.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982366518626286?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982366518626286/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982366518626286' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982366518626286'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982366518626286'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/nota-introductoria-la-original.html' title='NOTA INTRODUCTORIA (La original):'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982344110706816</id><published>2006-10-02T14:10:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T14:10:41.190-07:00</updated><title type='text'>1. La señora Alcira</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;A LAS 10:30 de la mañana del día 19 de abril de 2007 el futuro de Jean Páris Abreu-Campuzano se alteró para siempre. Su ambiente y su mundo, su vida y su relación con lo que lo rodeaba, se fracturaron de manera irreversible.&lt;br /&gt;      Sin embargo, todavía le quedaban dos horas y media de relativa tranquilidad.&lt;br /&gt;      Los pájaros que volvieron a habitar la zona sur de la ya no por mucho tiempo capital de la nación, trinaban y se dedicaban a realizar sus actividades cotidianas de alimentación.&lt;br /&gt;      También las amas de casa, desde hacía ya rato, seguían su vieja costumbre y cómo en señal todas juntas, salieron a barrer o aspirar las hojas caídas de los árboles frondosos que proliferaban de manera espectacular. Estos árboles, ya cuarentones, con sus raíces rompían muy lentamente las banquetas por ahí y por allá.&lt;br /&gt;      Indiferente a sus destinos, la vieja ciudad de México saludaba a sus habitantes.&lt;br /&gt;      Afuera de la casona, el aroma de los árboles y flores de su generoso jardín se mezclaban con un olor intenso a humedad y a rocío. Su límite lo marcaba otro olor, éste, más picante, advertía que más allá, a no menos de una veintena de metros, estaba una gran avenida con muchos carros transitando y exhalando, algunos, monóxido de carbono y otros, inocuos compuestos de hidrógeno.              &lt;br /&gt;      Adentro, la señora Alcira se despertó, según su costumbre, con una oración de gracias. Se aseó con agua fría y se vistió. Bajó a la cocina a preparar el desayuno.&lt;br /&gt;      Ésta, como todas las cocinas mexicanas, estaba equipada de manera tradicional. Allí descansaba un molcajete tradicional al lado de la licuadora. Allá estaba un horno de microondas. Y acullá estaba el amasador de harina. La despensa, era grande. La mesa del antecomedor conformada de madera negra y labrada con figuras que de alguna manera sonreían al probable comensal. Rodeada de seis sillas ya no muy cómodas debido al constante uso y al obvio paso de los años. La estufa eléctrica simulaba un espacio blanco y mantenía un hornillo raramente usado.&lt;br /&gt;      En la pared vigilaba un crucifijo. Éste, junto con el molcajete, la mesa y las sillas, eran lo único de la cocina que no tenían conexión eléctrica alguna. En una de las esquinas una televisión, como la señora Alcira todavía le llamaba a las nuevas tevenet, observaba. Y toda la cocina estaba bien y hacía juego mexicano, incluso con su panel de control.&lt;br /&gt;      La tenue oscuridad fue rota cuando ella entró y de manera simultánea se encendieron la luz y la tevenet iluminándolo todo.&lt;br /&gt;      —Canal ciento diez, por favor.&lt;br /&gt;      La pantalla se sintonizó en la frecuencia mencionada de manera inmediata. Apareció en ésta un programa que hablaba de las últimas noticias dichas en tono amable y positivo. Aunque la señora Alcira reconocía que éstas a veces carecían de  contenido real y veraz, eso, a fin de cuentas, no le importaba.&lt;br /&gt;      —Más alto.&lt;br /&gt;      El aparato obedeció. Las voces melodiosas y agradables de los locutores se apropiaron de manera suave, pero firme, de la cocina.&lt;br /&gt;      Empezó a hacer el desayuno. Los huevos le salieron sin imperfecciones. La señora Alcira sabía que Jean Páris no era goloso, sin embargo, le conocía su debilidad del pan blanco tostado con mermelada.&lt;br /&gt;      Como todos los sábados, era día de alternancia de terapia de la señora Vicky. Hoy la iban a llevar de paseo al Zoológico de Chapultepec. La señora Alcira miró hacia el reloj. Faltaba una hora y quince minutos antes de que vinieran por ambas. Procuraría terminar pronto para poder arreglarse y estar presentable.&lt;br /&gt;      «¡Ah, Páris, muchacho éste! Se le está haciendo tarde para bajar a desayunar otra vez…», pensó, impacientemente. Fue hacia el panel de control en la pared. Oprimió un botón.&lt;br /&gt;      —Páris… —dijo con cierto tono de ansiedad y esperó. Nada sucedió, cubrió el desayuno para que no se enfriara y continuó con las actividades normales.&lt;br /&gt;      Cinco minutos después volvió a repetir.&lt;br /&gt;      —Páris, ¿ya te levantaste?&lt;br /&gt;      Nadie contestó.&lt;br /&gt;      —¡Jean Páris! ¡¡¡¿Ya te levantaste?!!! —Volvió a preguntar, más enérgica.    &lt;br /&gt;      El monitor permaneció sin imagen, desde la bocina una voz entre pastosa y ronca le contestó:&lt;br /&gt;      —Ya, ¿es muy tarde? —Hubo una pequeña pausa—. Sí… ¡ah, caray! ¡Es tarde! ¡Señora, le dije que me levantara más temprano...!&lt;br /&gt;      La señora Alcira, viendo a la pantalla inútilmente, contestó de manera airada:&lt;br /&gt;      —Tú fuiste el que no obedeciste, te hablé desde hace un rato y todavía no sé porque no contestabas…&lt;br /&gt;      Páris (él decía que su nombre se acentuaba en la primera sílaba) sonrió.&lt;br /&gt;      —Okey, ya voy a bajar —dijo.&lt;br /&gt;      —¡Ya era hora, muchacho! Ayer me dijiste que ibas a limpiar el cuarto del jardín y ya se te está haciendo tarde.&lt;br /&gt;      Jean Páris ni siquiera se inmutó por la voz que sonaba eléctricamente enojada desde la bocina. Contestó calmado:&lt;br /&gt;      —Ya le dije que le tengo miedo a las cucarachas y ratones. Ese lugar está viejísimo, además, huele muy feo…&lt;br /&gt;      —Te vuelvo a decir —la señora sonaba molesta—: ese lugar está más limpio que tu propio cuarto. Sí, admito que está algo desordenado y tiene más de tres años que no se le da una manita de gato, pero nunca permití, en los cuarenta que tengo de estar en esta casa, que se deteriorara tanto como para que hubiera plaga, como dices.&lt;br /&gt;      —Ya señora, ya entendí —Páris sólo sonrió—. Ya voy a bajar. Si no es mucha molestia ¿me podría servir el desayuno con el pan de mermelada de fresa no dietética como quedamos?&lt;br /&gt;      — Te va a ser daño tanta azúcar, Páris. Te serví la McCormick natural. Y ya baja, nunca me ha terminado de gustar el hablar por estos aparatitos.&lt;br /&gt;      —Ya voy.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jean Páris se estiró y volteó a su alrededor. Todo estaba como lo había dejado la noche anterior. Los cartuchos de video, desordenados en la caja al pie de su cama. La nueva tevenet, apagada, y la música sonando alegre desde el receptor. Los ritmos no eran exactamente de su agrado pero no sonaban del todo mal. Uno más de los grupos que experimentaban con guitarras de aire virtuales.   &lt;br /&gt;      Pero ya era sábado por fin y podía, por lo tanto, descansar un poco de la misma rutina de los días de escuela.&lt;br /&gt;      A sus catorce años, en general, y en ese momento, en particular, Jean Páris estaba en disgusto consigo mismo porque no pudo aprobar el módulo mensual de Matemáticas VII y tenía que repetirlo completo. «Falta de estudio», decía él. «Falta de concentración», agregaban sus maestros.&lt;br /&gt;      Aunque gran parte de sus compañeros se escudaban en el muy familiar síndrome de déficit de atención para justificar su bajo rendimiento, Jean Páris no lo hacía así. Él simplemente estaba de acuerdo en unas dos cosas: las matemáticas no le gustaban del todo y le faltaba estudio y dedicación.&lt;br /&gt;      Quedó de ponerse al corriente conectándose a la escuela, pero por el momento a él no le interesaba perder la mañana de un glorioso sábado en eso.&lt;br /&gt;      Claro que tampoco le interesaba mucho limpiar un cuarto sin chiste en el jardín. Lo veía sólo como una habitación grande con camas y con sábanas que expedían un hedor húmedo, inmerso y básicamente desagradable, además de bastante frío para su gusto.&lt;br /&gt;      «Vaya, esto será bastante aburrido. »&lt;br /&gt;      Pero ya hacía dos meses que había prometido limpiarlo. Ya no podía posponerlo más. Se le habían acabado las excusas de dolores, tareas, compromisos. Todos los buenos pretextos ya estaban reciclados y ninguno le quedaba, bueno, original o válido.&lt;br /&gt;      «¿Y si le digo que no aprobé Mate VII y que me tengo que quedar a estudiar?», pensó, pero de inmediato desechó la idea: «No, no creo que le guste, le daría un coraje probablemente, y a lo mejor luego me encargaría a mí algo peor… algo tan desagradable que entonces al que le daría el coraje sería a mí.»&lt;br /&gt;       «No, no, ni modo, tengo que limpiar ese pinche cuarto.»&lt;br /&gt;      Mientras se vestía, encendió la conexión con NetNet en la tevenet, y verificó si tenía mensajes personales en su buzón. Al no encontrar nada procedió a leer la correspondencia chatarra de costumbre.&lt;br /&gt;      «Y eso que tengo los filtros activados», pensó mientras observaba pasar rápidamente en su pantalla las imágenes de sus mensajes. Como siempre, encontró veintenas de estos, anunciantes vendiendo sus productos y servicios como mercancías en aparador.&lt;br /&gt;      «Compre…». «Suscríbase…». «Conozca…». «Disfrute…». «Sienta…».&lt;br /&gt;      Los filtros los había definido para detener todo el océano de mensajes diarios que llegaban y así seleccionar sólo los de su propio interés. Entre sus palabras clave permitidas estaban: «modelos de armar», «pesca», «fotografía», «Nueva Zelanda», «estación espacial» y «Marte».&lt;br /&gt;      Al no hallar lo que deseaba con estas características, procedió a darles el comando de VACIAR y, apagando la pantalla, bajó a desayunar.&lt;br /&gt;      —Buenos días —dijo con cierta intención sarcástica.&lt;br /&gt;      La señora no pareció inmutarse, sólo se limitó a contestar en forma correcta:&lt;br /&gt;      —Buenos días.&lt;br /&gt;      Páris se volcó hacia el desayuno, que estaba caliente todavía, y cuando acabó, dijo:&lt;br /&gt;      —Señora Alcira, ¿habría alguna manera de posponer la limpia del cuarto de atrás?&lt;br /&gt;      Su respuesta no se hizo esperar envuelta de una justa ira y un justo desencanto:&lt;br /&gt;      —¿Cómo Páris? ¿Otra vez…? Pensé que ya habíamos quedado...&lt;br /&gt;      Al ver la cara de desilusión de la vieja ama de llaves, Páris se retractó de inmediato, compadecido:&lt;br /&gt;      —No quise decir que por tiempo indefinido, lo que quise decir que si lo postergase por una hora, sólo si se podía…&lt;br /&gt;      —¿Una hora? ¿Una sola hora? ¡Ah, bueno! No, no importa, mientras esté hoy mismo no me importa... Bueno, me tengo que ir ya. Voy arriba. Limpia lo que usaste, ya sabes.&lt;br /&gt;      —Sí, señora.&lt;br /&gt;      Páris se quedó sólo y respiró aliviado. El hecho de discutir con una anciana era lo que él definía como diversión. Pero aunque le encantaba hacer rabiar a la señora, no quería pasarse mucho de la raya.&lt;br /&gt;      Un rato más tarde la señora Alcira bajó de nuevo a la cocina. Páris se encontraba sentado en la mesa untando mantequilla a un pan tostado.&lt;br /&gt;      —¿No habías terminado de desayunar? —Páris se encogió de hombros sin verla— Ya te dije, no vayas a ensuciar. Oye, voy a llevar a tu abuelita al zoológico, ¿no quieres venir? Podrías limpiar más tarde.&lt;br /&gt;      —Que les vaya bien.&lt;br /&gt;      El tono de Páris fue de calculada indiferencia.&lt;br /&gt;      —Tú también deberías de ir. A tu abuelita le gustaría mucho que la acompañaras, Páris.&lt;br /&gt;      —Mmh… Señora Alcira, con todo el respeto que usted me merece, ¿cómo sabe qué es lo que a ella le gustaría? Ella no se puede comunicar —su tono era de perfecto conocimiento de causa—. Yo quiero a mi abuela, pero no imagine más de lo que es. Si usted quiere que vaya, así dígamelo, pero no me venga con que ella le pide cosas.&lt;br /&gt;      Ella pareció estar puesta a la defensiva. Se ruborizó y bajó la vista. A continuación dijo:&lt;br /&gt;      —De acuerdo, entonces te lo pido yo, ¿quieres venir?&lt;br /&gt;      —No, gracias, voy a limpiar allá atrás —y mientras se lo dijo se echó todo un gran bocado a la boca y le dio la espalda.&lt;br /&gt;      —¿Páris?&lt;br /&gt;      —¿Qué?&lt;br /&gt;      —La llave está en el cajón de siempre…&lt;br /&gt;      —Ajá.&lt;br /&gt;      Páris seguía mostrando indiferencia.&lt;br /&gt;      Ella reaccionó con paciencia. Vaya que conocía al muchacho. No valía la pena ofenderse por actitudes de niños. Ella pensó que Páris algún día se acordaría que, entre virtudes y defectos, ella, la señora Alcira, era por lo demás comprensiva. Pero todo lo que pensó se lo guardó en su interior. Era su juego normal de comunicación: un póquer extraño de tipo coloquial.&lt;br /&gt;      —No tardamos —dijo. ¡Y no hagas más mugrero del que hay!&lt;br /&gt;      Y entre bocados, Páris le contestó secamente:&lt;br /&gt;      —No.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El silencio sólo era interrumpido por los trinos matutinos de los pájaros en los árboles. Ocasionalmente se escuchaban los sonidos de los pavorreales de la casa de a lado.&lt;br /&gt;      Páris sentado en una banca disfrutaba de la sombra de uno de los árboles del amplio jardín. Ese sería un buen día.&lt;br /&gt;      Mientras se preparaba mentalmente —como hacía siempre—, tomaba una lata de coca cola a sorbos. No le gustaba el jardín. Lo consideraba ajeno a él. Significaba tardes perdidas por podar el césped, recoger las hojas, tirar la basura, lavar las ventanas; en fin, bastantes tareas que sonaban a trabajo («¡deberías de hacer algo diferente que jugar con la tele esa!»). Limpiar el cuarto de atrás del jardín era otra de esas actividades que se traducen normalmente en trabajo.&lt;br /&gt;      —¡Qué mugrero!&lt;br /&gt;      Desde que tenía memoria, Páris había sido el mozo, el mensajero, el ayudante, el lavador de platos (aun con lavadora automática), el «voluntario a fuerza» que cambiaba los filtros de la reprocesadora de agua. En resumen, era el trabajador no asalariado número uno de esa casa en particular. Nada de diversión, puro trabajo. Escuela-trabajo-escuela-trabajo. Siempre tenía algo que hacer. No era divertido.&lt;br /&gt;      Bueno, aquí entre nos, pensaba Páris, junto a esto, la tevenet. Más de quinientos setenta canales distintos y nada de nada en ellos.&lt;br /&gt;       Ahora con la instalación del nodo de NetNet en su casa, que él consiguió con base en su cuota asignada semanal, y aduciendo que era tarea y estudio, pudo conseguir que la rutina diaria se transformara en algo más interesante, estimulante y diferente.&lt;br /&gt;      Dirigió la vista hacia las mecedoras que daban al jardín. Ahí, con sólo cerrar los ojos se aparecían su abuela y la señora Alcira cerca de ella.&lt;br /&gt;      Siempre juntas.&lt;br /&gt;      No que odiase a su abuela. No la odiaba, pero no le tenía mucho sentimiento ni a favor ni en contra. Siempre callada. ¡Claro! No podía evitarlo, estaba semiparalizada, ¿no?&lt;br /&gt;      Eso sí. Tenía una mirada serena. Sin muchas arrugas. A Páris no le gustaba la gente anciana. Pero, en fin, a diferencia de la demás gente anciana, él bien podía convivir con ésta. Como que era su abuela. Veía a su abuela y veía hacia el pasado.&lt;br /&gt;      Y ese era el problema.&lt;br /&gt;      Él no era desagradecido. De alguna manera intuía que todo lo material que le rodeaba era de su abuela y que de ella venía la salud de los dineros. Y eso lo sabía desde que tenía memoria, desde que su mamá...&lt;br /&gt;      Se sintió raro de repente. Hacía mucho que no se acordaba de su mamá, quizá más de una semana. Ya había deducido que le daba por ciclos. A veces se sentía que la extrañaba mucho y que le hacía falta. La señora Alcira era buena en general con él, pero Páris siempre sintió que no era lo mismo. Claro, ahora que lo pensaba, era absurdo que la señora Alcira pudiera llegar algún día a ser como su mamá.&lt;br /&gt;      ¿Y cómo, o qué, es una mamá después de todo? Sus amigos siempre que podían le decían: «Te regaña. No la entiendes ni ella a ti. Te molesta en tus cosas. Y siempre, siempre se mete en tu vida…». Páris se sentía confuso una vez más. Todo lo referente a su mamá le parecía que residía envuelto en una niebla. Como que ahí radicaba una confusa indefinición que no terminaba por comprender.&lt;br /&gt;      Escuchó un sonido que lo sobresaltó. Una paloma que estaba sobre un poste de colgar ropa volvió a hacer el mismo sonido. Ambos se quedaron viendo por unos segundos pero la paloma lo ignoró. Él le hizo lo mismo.&lt;br /&gt;      ¿Y su papá?&lt;br /&gt;      Eso era más difícil. Eran incontables los compañeros de escuela que vivían con un solo padre. La mayoría vivían sólo con la mamá o con el papá. Era normal. De hecho, vivir con ambos era cada vez menos común.&lt;br /&gt;      Tomó una piedra pequeña y se la aventó a la paloma. Erró y ésta levantó el vuelo, indemne. Al instante se arrepintió de hacerlo. Se sintió un poco más solo.&lt;br /&gt;      Los pájaros dejaron de cantar. Páris se dio cuenta y escuchó con atención. Al siguiente instante volvieron a su trino. Suspiró. Miró hacia el cuarto.&lt;br /&gt;      La señora Alcira: «Así es, Páris. Una recámara con dos camas gemelas y baño. Tiene cocineta. Es cómoda. Hay un ropero. Su propio burro de planchar. Con acceso separado de la casa. Independencia total. Todo listo para ser usado como cuarto de huéspedes…»&lt;br /&gt;      Pero nunca hubo huéspedes.&lt;br /&gt;      Nadie vino.&lt;br /&gt;      «…o para rentarlo a algún inquilino. Una nunca sabe, siempre cae bien una extrita.»&lt;br /&gt;       El caso era que, por lo que él sabía, el cuarto jamás fue anunciado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982344110706816?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982344110706816/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982344110706816' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982344110706816'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982344110706816'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/1-la-seora-alcira.html' title='1. La señora Alcira'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982334754805441</id><published>2006-10-02T14:07:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T14:09:08.383-07:00</updated><title type='text'>2. Cuarto de Huéspedes</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt; EL CUARTO había sido pintado de color blanco y las tejas de color rojo. La última vez él había ayudado. Según él, más bien lo habían obligado a «ayudar». En contra de su voluntad, como era usual.&lt;br /&gt;A fin de cuentas todo era cuestión de sensibilidades, pensó. Eso lo había leído en algún lado. La lectura. Siempre le habían dicho que él debería disfrutar más de lo que ofrecía la vida. Como si tuviera opción. Habiendo tantas chicas, tantas facilidades para pasar un buen rato. Él no hacía mucho caso. Bueno, la mayoría de las chicas eran tontas, ¿no?&lt;br /&gt;      Pero había de todo. Estaban las indescifrables. Al lado de ellas, las inexpugnables. Y más por allá, de las que se decía que eran muy sencillas de agarrar. Y las peores, las que te lo buscaban directamente. Ésas sí que le daban miedo.&lt;br /&gt;      Páris todavía no se iniciaba sexualmente. Sentía que no estaba listo del todo. Lugares, chicas, hasta deseos había, pero también estaban presentes emociones indefinidas que no alcanzaba a comprender.&lt;br /&gt;      No quería preguntar del asunto ni a sus amigos, los cuales ya empezaban a hablar de sus hazañas. Pero él se imaginaba que si un día llegaba a estar desnudo frente una chica complaciente (que lo veía difícil), de seguro tendría un accidente húmedo. Y la chica, también seguramente, se reiría de él.&lt;br /&gt;      Y eso, de plano, Páris no podría soportarlo.&lt;br /&gt;      Dejó de pensar en esos temas. Ahí estaba ya el cuarto delante de él. Traía la llave de la puerta en la mano. Por su mente pasó el mejor deseo: «¿Y si no funciona la cerradura?»&lt;br /&gt;      Pero la llave funcionó.&lt;br /&gt;      Páris entró sin problemas. Al principio no era notable pero después de un momento el olor, entre húmedo y sofocante, se volvió penetrante y bastante desagradable.&lt;br /&gt;      —Puaj.&lt;br /&gt;      Se tapó la nariz con la mano y empezó a respirar con la boca.&lt;br /&gt;      —¡Diablos! ¡Qué mugrero!&lt;br /&gt;      Paseó la vista por todo el lugar. Dos camas separadas con un buró empolvado y una lámpara que ni cubierta ni foco tenía.&lt;br /&gt;      «Cómo que no la han limpiado en bastante tiempo», pensó.&lt;br /&gt;      Le llamó primero la atención la cantidad de cajas de cartón que había, tanto encima como en medio de las camas. Parecía que contenían ropa, cortinas y accesorios similares. No podía ver con claridad porque las cortinas cubrían todo el ventanal impidiendo el libre paso de la luz.&lt;br /&gt;      Al posar la vista en el otro extremo vio el ropero.&lt;br /&gt;      Se acercó a examinarlo. De tres puertas, la de en medio estaba cubierta por un espejo grande, ya bastante opaco. Tenía una llave puesta en la cerradura, antigua, de bronce gris oscuro con forma de «O», con bordes labrados. Obedeciendo a un impulso de curiosidad natural le dio vuelta y la puerta del ropero se abrió.&lt;br /&gt;      Adentro vio varios cajones de madera abiertos con un espacio suficiente para estirarlos; hacia abajo de éstos había un amplio espacio lleno de cajas de varios tamaños acomodados diligentemente.&lt;br /&gt;      Tomó y abrió la primera caja que estaba a su alcance. Nada le pareció interesante.&lt;br /&gt;      Miró hacia las demás cajas cubiertas con pedazos de tela.&lt;br /&gt;      Retirándolas pensó: «¿más cortinas?». Temía desilusionarse, cuando de repente se quedó viendo lo que había dentro de las cajas. No eran cortinas o ropa vieja, sino revistas y papeles.&lt;br /&gt;      Para ver mejor tendría que sacar la caja. Pensó colocarla en un lugar cómodo. Miró hacia las camas. No había mucho espacio libre.&lt;br /&gt;      «Tendré que limpiar, ahora por fuerza», pensó al mismo tiempo que meneaba la cabeza.&lt;br /&gt;      Empezó a recoger y a arreglar. Colocó las cajas unas contra otras con cierto sentido de orden, por lo menos mejor que el de la persona que las había acomodado anteriormente.&lt;br /&gt;      «La última limpieza de la señora debió haber sido hace cinco años, por lo menos, y esa vez nada más se aseguró de pasarle un trapo por encimita…», siguió Páris en su línea de pensamiento.&lt;br /&gt;      Con su actividad física y con la apertura de puertas y ventanas, el frío y la humedad del cuarto se habían ido diluyendo un poco. Después de poco tiempo el cuarto ya tenía otra vista, incluso el estado general del mismo ya se le hacía aceptable&lt;br /&gt;      Fue al ropero de nuevo. Primero movió la caja con precaución para ver si había cucarachas. No se apareció bicho alguno. Eso le dio más seguridad.&lt;br /&gt;      Sin querer romperla, tomó el cartón como pudo de los bordes superiores, la levantó con fuerza y la pudo trasladar sin problemas a la cama gemela más cercana.&lt;br /&gt;      Empezó a mover papeles con interés creciente. Leyó los títulos de las primeras revistas: «Selecciones… sí, la revista, que hoy también es un canal en tevenet…», pensó.&lt;br /&gt;      Las tomó y las examinó. Se sentía como un arqueólogo en vísperas de revisar su hallazgo. Se imaginó que debían de tener más polvo cubriéndolas. Las hojas, eso sí, estaban amarillentas en los bordes.&lt;br /&gt;      Procedió a examinar las fechas. La de más arriba, con la bandera de México en la portada, tenía fecha de setiembre de 1962, «¿‘setiembre’? ¿No debería decir más bien ‘septiembre’?», se preguntó, desconcertado. Vio que le seguía un ejemplar de noviembre de 1968 y empezó a asimilar lo que tenía ante sí.&lt;br /&gt;      «¡Más de cuarenta años!», casi se pudo oír su pensamiento. Las colocó hacia un lado con cuidado. «Son una reliquia, de seguro deben de valer mucho», especuló ociosamente.&lt;br /&gt;      No había tantas como pensó originalmente y las acomodó una sobre otra. «Las fechas están salteadas pero siguen siendo un buen hallazgo, a ver si las leo después», se dijo. Vio hacia las demás revistas, más grandes, y empezó a sacarlas también.&lt;br /&gt;      —LIFE en Español —dijo. La tomó en sus manos y también cayó en cuenta: —Ya. Ésta ha de haber sido una traducción de la revista del LIFE Channel, similar que el Reader’s Digest, revista impresa al principio y luego canal en tevenet.&lt;br /&gt;      Empezó a leer la primera revista LIFE con atención. Traía unos símbolos olímpicos de muchos colores por toda la portada que la hacían muy alegre y atractiva. Según Páris intuyó con cierta obviedad, esos eran los símbolos de cada deporte: canotaje, boxeo, atletismo, natación. Observó que las páginas, al igual que las otras revistas, estaban amarillentas. Las hojeó y admiró los anuncios.&lt;br /&gt;      Páris se sintió deleitado al ver escenas de los años sesenta impresas en papel original, con todo y dobleces en las hojas y, lo que es más, con grapas metálicas ya oxidadas. La dejó en su lugar y tomó la siguiente.&lt;br /&gt;      —¡Excelente! —Exclamó—. ¡Los Beatles!&lt;br /&gt;      «¡La tengo que leer!», pensó, eufórico.&lt;br /&gt;      Los Beatles y mucha más de la música de los sesenta estaban teniendo otro revival. Como había estado pasando cada tantos años, la música iba y venía como una marea y en este año de 2007 se estaban cumpliendo los cuarenta años de la llegada al planeta del Sargent Pepper. Páris también estaba en esa moda y, según él, creía conocer muchos detalles y datos de los Beatles, como aquella historia que gustaba de repetir, de cómo compusieron una de las obras cumbres de la música popular: Satisfaction!.&lt;br /&gt;      Examinó la revista con más atención. En la parte superior se podía leer LIFE en español, en orgullosas letras blancas, mayúsculas sin más adorno especial, recortadas en un fondo rojo rectangular. La portada en general estaba saturada de tonos azules y mostraba una fotografía de los Beatles en todo su esplendor: cuatro muchachos, vestidos estrafalariamente según la usanza de los sesenta, que veían con cierta serenidad hacia un lado de la cámara.&lt;br /&gt;      «Confesiones de los Beatles, una franca biografía», leyó en la portada.&lt;br /&gt;      Páris examinó las ropas de los susodichos. Moderna presuntamente, con colores vivos, rosas, pantalones con tonos anaranjados, los cuatro con pelo largo, el aire corriendo por entre sus cabelleras.&lt;br /&gt;      Reparó en la fecha en la parte inferior: «4 de noviembre de 1968».&lt;br /&gt;      Volvió a repetir con solemnidad.&lt;br /&gt;      —Casi cuarenta años.&lt;br /&gt;       Se fijó en los demás subtítulos: uno, «El Che: Apogeo y decadencia de su poder en Cuba», otro, «Educación Sexual: Como explicarles a los niños».&lt;br /&gt;      «¿Quién era el Che? ¿Les daban explicaciones de sexo en revistas a los niños?» Preguntas sin una clara respuesta.&lt;br /&gt;      Empezó a hojear el interior de la revista.&lt;br /&gt;      Igual que en la anterior, todo parecía obviamente anticuado. Fotografías Kodak con marco blanco. Se veían simpáticas las fotos así. Boeing y aviones. ITT. «¿Existirá ITT todavía? », se preguntó Páris.&lt;br /&gt;      Pasó por un índice. Vio los anuncios de vinos y llantas antiguas, pero que en aquel tiempo eran modernas, por supuesto, pensó. Más vinos y más anuncios. Y llegó al artículo principal: «Los Beatles». Fotos de sus inicios, Liverpool, de dónde eran y en dónde los idolatraban.&lt;br /&gt;      «Me pregunto si todavía serán tan idolatrados como antes… me imagino que sí», se contestó.&lt;br /&gt;      Lo iba a leer entero, pero se empezó a sentir incómodo físicamente. Además, debía terminar de limpiar. Decidió llevársela a su cuarto.&lt;br /&gt;      Creo que el dueño no se va a quejar, pensó mirando a su alrededor.&lt;br /&gt;      Se detuvo. Y en un lapso de tiempo tan pequeño para ser medido de forma consciente, por su mente apareció la imagen ya casi desvanecida de su papá.&lt;br /&gt;      Y ahí se quedó: por las pocas fotos, quizá no muy alto, más bien delgado pero no mucho, quizá con calva prematura a lo que se lograba ver. Parecería de carácter alegre ya que en las pocas fotos que él atesoraba siempre se asomaba con sonrisa fácil. Seguramente era de carácter alegre.&lt;br /&gt;      Páris asintió convencido.&lt;br /&gt;      Sí, debió ser de carácter alegre. No podía haber sido de otra forma, se reafirmaba a sí mismo continuamente.&lt;br /&gt;      Páris sonrió amargamente. Ese era su problema. Demasiados «quizá», «a lo mejor», «debía» o «debería», en su vida.&lt;br /&gt;      Otro pensamiento se posesionó de su mente como águila hambrienta a su presa: «La señora Alcira siempre dijo que mi papá nació allá por 1950 ó 1951».&lt;br /&gt;      Vio la revista que no había soltado en sus manos. Hizo un cálculo rápido a partir de la fecha de publicación hacia atrás hasta 1950. Diecisiete ó dieciocho años. Todo su proceso mental se detuvo. Todas sus funciones se expresaron al unísono en una verdadera experiencia de renacimiento. Como si en ese instante lo invadiera un júbilo extremo cual le hubiera atinado a una lotería alucinada sin haber comprado boleto alguno.&lt;br /&gt;      Lo inesperado podía suceder y podía estarle pasando a él.&lt;br /&gt;      Volvió a mirar la revista ahora de un modo más intenso.&lt;br /&gt;      —A lo mejor eran de papá —musitó.&lt;br /&gt;      Su corazón aumentó de pulso. No había caído en la cuenta. Llegó a la conclusión de una manera convincente, brusca y total:&lt;br /&gt;      —¡Fueron de mi papá! —Exclamó.&lt;br /&gt;      Pero en forma por demás simultánea también le entró la duda y su corazón desbocado se detuvo. O al menos eso le pareció:&lt;br /&gt;       ...O a lo mejor fueron de mi abuela, también, pensó. Pero al siguiente instante medido desechó la idea como si esa no pudiera, o no debiera, ser la verdad.&lt;br /&gt;      Páris no era necio ni acelerado pero un hallazgo así, tan de repente, lo dejó casi sin resuello. La sensación era realmente mareante.&lt;br /&gt;      El pensamiento acerca de su padre le estaba causando escalofríos.&lt;br /&gt;      Pronto se sintió serenar y decidió seguir hojeando la revista con renovado interés.&lt;br /&gt;      Al terminar el artículo correspondiente a los Beatles le llamó la atención vagamente otro titular: «Terror en una Noche Triste».&lt;br /&gt;      Empezó a poner atención. En él se veían cuatro fotografías en blanco y negro, como en una sucesión, dos arriba y dos abajo, tomadas con una cámara desde el mismo punto, en general medio borrosas, pero claras a fin de cuentas.&lt;br /&gt;      Páris se alertó mientras su vista empezó a recorrer cada una de las fotos.&lt;br /&gt;      En la fotografía uno había una pareja tirada en el piso. El hombre, de lentes, abrazando, «o más bien protegiendo», pensó Páris, a una mujer de pelo largo. La primera frase en el texto decía: «Las balas silbaban por todos lados».&lt;br /&gt;      Vio ahora la fotografía número dos. La pareja no se había movido de su lugar, seguían ahí, tirados. Al tipo de lentes se le veía la cara borrosa, mientras que la cara de la mujer se veía contorsionada, como si estuviera llorando, angustiada. Páris repasó otras frases sueltas en el texto: «...soldados acababan de invadir las Plaza de las Tres Culturas... tras arremeter contra la multitud».&lt;br /&gt;      Vio ahora hacia la fotografía número tres. La pareja permanecía en el suelo. El tipo de lentes volteaba hacia los lados en franco desconcierto, la cara de la mujer estaba ahora contra el piso. El texto decía: «Todo fue cuestión de un instante».&lt;br /&gt;      Páris sintió un extraño tipo de impaciencia. Quería saber el desenlace. Se imaginaba ya cual podría ser. Estaba absorto con lo que estaba leyendo y nada lo&lt;br /&gt;hubiera movido de allí en ese instante.&lt;br /&gt;      Llegó a la fotografía número cuatro. La pareja desconocida ahora estaba con la cara hacia al piso. El texto decía, de manera un tanto fría, lo que él ya esperaba o intuía: «...su compañero muere de un balazo...».&lt;br /&gt;      Páris vio las cuatro fotos, una a una en todos los órdenes posibles: la foto uno, la foto dos, la foto tres, la foto cuatro. Ahora la número cuatro, después la número dos, la tres, la uno hasta al final. Cambió el orden: dos, cuatro, uno, tres. En un momento vio la cara de ella. Luego la de él. Las frases brotaban y rebrotaban hacia su vista puesta en modo ultraselectivo. Algunas palabras aisladas le golpeaban, y otras al mismo tiempo, pasaban rozándole: muerte, balazo, 25 los muertos.&lt;br /&gt;      —Brrr.&lt;br /&gt;      Al final pudo voltear la página. Esta vez lo hizo sin descuido, de manera muy consciente de lo que estaba haciendo. La revista, los Beatles, el Che, se habían borrado del todo.&lt;br /&gt;      Y leyó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        Miles de personas de todas las edades congestionaban la plaza. Eran las cinco de la tarde. El mitin se había convocado para exponer una serie de quejas contra las autoridades y organizar una marcha hacia el Instituto Politécnico Nacional que seguía ocupado por las fuerzas militares. De pronto empezaron a oírse tiros. Los soldados irrumpieron en la plaza a bayoneta calada. Las fuentes oficiales afirman que el ejército sólo entró en acción después de que dos grupos opuestos de estudiantes empezaron a disparar...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La leyó dos veces. La violencia de los hechos en sí lo impresionó. Todo eso debió ser un error. Una película que estuviera siendo filmada. Una recreación sobre algún suceso situado mucho más adentro en el pasado. Eso es lo que se acostumbra, ¿no? Se hacían representaciones, películas, la televisión, incluso performances.&lt;br /&gt;      Dejó de posar la vista en esas hojas que ahora le parecían tan irreales. Sus ojos se dirigieron vagamente hacia un montón de colores en explosión. Las estampas olímpicas, rosas, verdes, celestes. Era la portada de la primera revista LIFE que había visto al comienzo. Vio las fechas y las comparó.&lt;br /&gt;      Eran del mismo año. Casi del mismo mes. Eso Páris ya lo suponía, pero quiso comprobar si había algún error en su percepción.&lt;br /&gt;      «Pero en el 68 sólo hubo Olimpiadas, ¿no...?» Y en eso recordó lo que había leído o visto en algún lugar: que en ese año de 1968 habían pasado muchos eventos importantes y que había habido un problema de tipo político y estudiantil que terminó de manera violenta. Pero nunca había tenido el tiempo de ahondar en ello.&lt;br /&gt;      Y también entendió que una cosa era leer de violencia, en el contexto de historia de México, en el instituto, y otra, muy diferente, ver esa violencia histórica como si fuera una noticia. Porque al parecer eso era LIFE en Español, una revista de noticias.&lt;br /&gt;      Para Páris y su generación los hechos eran «reportados» desde el momento en que alguien con su videocámara estaba ahí para «transmitirlo» de inmediato a las cadenas de tevenet, que ya pasaban del centenar y cada una con sus propios ejércitos de reporteros, dedicadas exclusivamente a dar noticias. De estas cadenas había de todos tipos: las serias, las chistosas, las alarmistas, las degeneradas y, un lado más oscuro, las francamente falsas y oportunistas.&lt;br /&gt;      El problema era que a veces no se podía distinguir una de otra. Las noticias pasaban tan dinámicas que cuando se trataban de entender o asimilar, llegaban nuevas que alteraban las percepciones. Y a nadie le importaba.&lt;br /&gt;      Pero las noticias de esta revista LIFE en Español en particular eran estáticas y demandantes de una extraña y misteriosa manera. Siguió leyendo. La nota continuaba con el relato de uno de los estudiantes que le hiciera a uno de los corresponsales de esa revista en México:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;La reunión se venía desarrollando con toda calma, e incluso se había postergado la marcha al Politécnico con el fin de evitar un derramamiento de sangre. Súbitamente, la gente de las orillas comenzó a correr y los del centro no tenían la menor idea de lo que ocurría. Uno de los oradores tomó el micrófono en el momento en el que los soldados abrieron fuego y gritó: 'No corran, las mujeres y niños pueden resultar heridos'. En el mismo balcón había agentes secretos (que se identificaron poniéndose un pañuelo blanco en la mano izquierda). Los agentes golpearon y acallaron al orador y luego comenzaron a disparar al aire.»&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Aquí Páris simultáneamente abrió los ojos e hizo una pausa. «¿Los soldados abrieron fuego?», repitió, azorado, dentro de su mente. Continuó leyendo:&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Sea como fuere, los soldados se ensañaron con la multitud indefensa. El informe forense reveló que la mayoría de los muertos y heridos habían recibido bayonetazos (incluso una señora de 60 años y un chico de 13) o tiros a quemarropa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Páris estaba realmente sorprendido de lo que estaba leyendo. Primero de su propia ignorancia porque desconocía todo esto, y segundo porque alguien había subrayado con lápiz todo el párrafo anterior.&lt;br /&gt;      En eso, la revista se le resbaló debido a la fina y ligera capa de polvo que la cubría al igual que a sus dedos.&lt;br /&gt;      Al caer, la revista se abrió justo en una página correspondiente al Che Guevara, descubriendo una rosa en medio de la página. Una rosa aplastada y seca, sin duda, de casi cuarenta años de edad.&lt;br /&gt;      Levantó la rosa con un poco de dificultad debido a la posición y la examinó. No se le ocurrió olerla siquiera, la sintió ajena, extraña. Miró ociosamente hacia el suelo buscando pétalos caídos, cuando en eso vio un papel amarillento que, supuso, cayó también junto con la rosa.&lt;br /&gt;      Una pequeña nota doblada.&lt;br /&gt;      —¿Qué será esto? —Exclamó en voz alta.&lt;br /&gt;      Tenía bordes un tanto pálidos. Era una hoja cuadriculada de bloc de espiral todavía conservando los minúsculos pedacitos de papel que habían estado unidos originalmente a ese espiral. Sintiéndose todo investigador, la tomó con cuidado y la empezó a desdoblar.&lt;br /&gt;      La leyó en voz baja: «Dejé las cosas en el cajón de la izquierda. Recuerde, tiene doble. Estirar dos veces de la aldaba. Ahí está todo. Hablamos luego». Firmaba: «E». Sólo «E».&lt;br /&gt;      Sin recapacitar en el mensaje, realmente sólo se concentró en la letra «E». Con una claridad de pensamiento y con una seguridad tal que destruiría a cualquier complejo de inferioridad, Páris supo que eso era de Emilio, su papá.&lt;br /&gt;      Sintió otra oleada de emoción, pero más intensa, recorriendo su espalda y su espina. Por un instante sintió que su piel se ponía de gallina, sensación no rara en él.&lt;br /&gt;      De inmediato todo se disolvió al sentir el paso del tiempo que había transcurrido desde que llegó: la señora Alcira no tardaría mucho en llegar y tenía que continuar la limpieza o, de perdido, aparentar que lo intentó. ¿Qué decidir? ¿Leer las revistas, ponerse a limpiar, o inventar una buena excusa?&lt;br /&gt;      «Exacto», pensó Páris, «inventar una buena excusa». Acomodando lo que ya había sacado empezó a buscar debajo de las demás revistas que quedaban. No tardó en encontrar una caja pequeña, pero pesada, cubierta con un listón. Deshizo el listón rápidamente y abrió la caja. Adentro había un cuaderno o carpeta. Sus hojas están unidos por arillos de plástico blancos contrastando con sus pastas negras.&lt;br /&gt;      Páris, aunque creía no haber visto ese tipo de cuadernos, pensó que no podía ser de cuarenta años. Era mucho más reciente.&lt;br /&gt;      La primera hoja decía, con una letra manuscrita, más bien fina, que a Páris se le hizo incluso hasta delicada: «El Libro de Emilio». Y más abajo, de manera más tímida, si eso fuera posible: «y recortes ya olvidados». Al final de la página estaba la confirmación de que era un material más reciente: «México D.F. 1992-1993».&lt;br /&gt;      En ese instante el mundo de Jean Páris Abreu-Campuzano empezó a cambiar de rumbo, totalmente.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982334754805441?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982334754805441/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982334754805441' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982334754805441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982334754805441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/2-cuarto-de-huspedes.html' title='2. Cuarto de Huéspedes'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982323005308983</id><published>2006-10-02T14:02:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T14:07:10.560-07:00</updated><title type='text'>3. Voces</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;HASTA EL MOMENTO, Páris no había vacilado en absoluto en ninguno de sus movimientos. Pero al ver la carpeta titulada «El Libro de Emilio» no supo qué camino tomar.&lt;br /&gt;La duda le inundaba la razón y le paralizaba parcialmente (recordó en ese instante una frase que leyó por ahí: «algo de duda te ayuda a enfocar el pensamiento y a moverte; mucha duda te puede llegar a paralizar».)&lt;br /&gt;      El «libro», ¿sería «de Emilio» como en el caso en que él, su papá, lo escribió? ¿O quizá sería «de Emilio», en el otro caso, en el que él, su papá, lo adquirió de algún modo y, por tanto, fue de su propiedad? Y había una tercera posibilidad: ¿qué tal si era más bien, acerca de él?&lt;br /&gt;      Además, estaba lo de la fecha, ¿1992-1993? Era su propio año de nacimiento. ¿Tendría alguna relación? Todavía había muchos agujeros en su biografía, quizás ese libro tuviere que ver con él mismo. &lt;br /&gt;      Se contuvo las ganas de hojearlo y de ir leyendo porciones de texto al azar. Lo único que se permitió fue revisar las hojas en forma rápida. Partes del texto corrieron ante sus ojos. Cartas pegadas a las hojas y muchos diálogos le llamaron la atención. Pero los leería en su momento.&lt;br /&gt;      Cómo tal vez ninguna de esas especulaciones tuvieran sentido, Páris hizo lo que más le pareció correcto. Y así fue como tomó el primero de los documentos y recortes que conformaban la carpeta.&lt;br /&gt;      La primera hoja estaba suelta. Aparentemente era de un libro o revista, Páris hubiera seguido haciendo conjeturas, pero empezó a leerlo, por fin.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;br /&gt;Preludio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Y la gente reía. Y la gente estaba feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  La calma que precede a la tormenta.&lt;br /&gt;  Presenciar los vientos del cambio.&lt;br /&gt;  Dejarse arrastrar por la marea o por la corriente.&lt;br /&gt;  La tormenta que se desata.&lt;br /&gt;  Estar dentro del remolino del caos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Ser joven en 1968 fue como estar dentro del mismo ojo del huracán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡MÉXICO 68! ¡MÉXICO 68! ¡MÉXICO 68!&lt;br /&gt;¡MÉXICO 68! ¡MÉXICO 68!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Páris no entendía nada. Tomó el siguiente papel. Éste era un recorte impreso que tampoco supo de dónde provenía, a ciencia cierta, si de un periódico o de una revista.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;     &lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;   Es evidente que, en estos tiempos espaciales y olímpicos, en todo el mundo se respira un ambiente de transformación. Es el tan anunciado final del status quo.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;«¿Qué será un status quo?», se preguntó Páris.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt; Todos estamos de acuerdo: la situación no puede seguir igual. Las mayorías opinan: la meta ya no es el hecho transformado, sino el cambio en sí. El cambio por cambiar. El cuestionamiento de todo, o más que eso, el cuestionamiento del Todo. Cuestionar por cuestionar. El investigar el motivo de lo que nos rodea. Hoy todo es dudoso. La autoridad, y, sobre todo, sus manifestaciones (gobierno, maestros, padres) serán enjuiciadas y castigadas si se les encuentra culpables.&lt;br /&gt; Habrá justicia.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;«¿Enjuiciar la autoridad? Pero, ¿a quién se estará refiriendo?»&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Llega el momento en que las nuevas presiones hacen que la tranquilidad y la estabilidad aparente se desplomen, dando lugar a que se vuelva a edificar una sociedad con más justicia, con nuevas bases, con nuevos pilares formados desde el sentido común para beneficio de la gente, sin demagogia, sin falsedades, sin mentiras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La purificación. La destrucción total del actual entorno. Ésta aún no está considerada, pero se hará si fuere necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sólo los restos arrasados por los fuegos nuevos quedarán como testigos mudos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los fuegos nuevos que llevarán consigo la esperanza de la nueva creación. La nueva oportunidad. Un nuevo comienzo. Un nuevo Génesis.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Romper las cadenas. Robar el fuego de los dioses. Ser los nuevos Prometeos.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;—Guau —es lo único que acertó a expresar. Continuó leyendo:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Aprovechar el momento. Eludir las fuerzas oscuras que sólo quieren mantener ese estado mental con sus epítetos tan terribles: status quo. Las fuerzas oscuras que quieren mantener a toda costa su posición conseguida al precio supremo de mucha sangre del pueblo ignorado y sufrido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero ellos dicen una y otra vez: No piensen en el futuro, éste se arreglará sólo, además, ¿qué podría pasarnos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tengo ganas de vomitar.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Interrumpió la lectura. Hasta este punto a Páris todo se le había hecho interesante. Pero había más preguntas: ¿Cuál era el objetivo de este documento? ¿Por qué él no entendía?&lt;br /&gt;      Escuchó un ruido.&lt;br /&gt;      Nervioso, se alertó. Miró a su alrededor, de repente, reparó en el hecho de que no había limpiado gran cosa en todo el tiempo que llevaba en el viejo cuarto. Se encontró sin mucha justificación, inmediatamente hizo un estimado de lo que faltaba para que llegara la señora Alcira y la abuela y concluyó que todavía podía manejar la situación. Decidió continuar.&lt;br /&gt;      Éste era otro documento extraído de quién sabe donde. Páris se acomodó de nuevo a leer sentado sobre la anticuada cama. Traía similar al anterior una anotación con tinta: «Fragmento de ‘Paternalismo’ de E. Fabio, ‘Fábulas de lo Habitual’, 14-agosto-1968».&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Shhh, el mundo nos observa. Aquí nos dicen, con voz bajita:&lt;br /&gt;‘No hagan ruido. No se muevan. No respiren». Los agentes de Potemnkin ejercen su poder.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;«¿Quién será Potemnkin?», se preguntó Páris.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Arreglen todo, pinten todo… Báñense, limpien, pulan, trabajen, construyan, sin cesar, sin cesar, porque el mundo nos observa desde afuera. Y ya vienen para acá. Cállense, no discutan, no peleen, por favor, no digan nada, lavemos nuestra ropa en casa.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;      «¿A quiénes les habla?», pensó, intrigado.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;No nos exhiban. Por favor. No hablen fuerte. No se quejen. No protesten. No se aprovechen de la situación. No hagan que les tengamos que corregir. Ustedes bien saben como es esto. Los queremos y ustedes nos quieren, ¿no? Porque sí nos quieren ¿verdad?&lt;br /&gt;Digan que son felices y que están contentos. Por favor, digan que así quieren que sean las cosas. Digan que están satisfechos. Digan que todo es perfectible. Digan que estamos a un paso de lograrlo, con la ayuda de ellos y, por supuesto, con la ayuda de ustedes.&lt;br /&gt;Digan que su gobierno, nosotros, hemos sido buenos y que no los hemos defraudado. Piensen que hay que darles la mejor impresión. Piensen que ellos no nos conocen muy bien. Imagínense si se van de aquí con una idea equivocada. Imagínense si se van de aquí con la idea de que todavía existe un México Bárbaro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;      —México Bárbaro —repitió Páris en voz baja. Siguió leyendo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Ustedes no querrían que se fueran con una idea tan lamentable, tan equivocada, tan malintencionada...&lt;br /&gt;No se pongan así, escúchenos. Estamos haciendo lo posible por dialogar. No, ahora no pidan eso, saben que es muy difícil ceder sin que tenga un costo. No, no me cuestionen, va a haber visita y tienen que estar callados, ya han estado callados antes, ¿por qué ahora les ha dado por hablar de más?&lt;br /&gt;Sí, hemos sido muy felices. No saben cuánto los queremos a ustedes, ustedes que han sido buenos niños, han sido buenos hijos, no me causarán problemas, ¿verdad?&lt;br /&gt;Mis hijos, mis hijitos que los quiero tanto, yo nunca les pegaré, nunca...&lt;br /&gt;(Shhh, el Mundo está ahí, espiándonos, buscando el pretexto…)&lt;br /&gt;Ellos, qué conocen de México. México tiene muchas caras. Lugar de pirámides, lugar de gente mestiza, lugar donde los hombres al morir se convierten en dioses. Antesala del primitivismo. México mágico. Nación de artesanos, de artistas, de creadores. Nación triste, mezclada. Nación que aspira a algo mejor. Nación supersticiosa. Nación de sólo unos cuantos afortunados. Nación revolucionaria.&lt;br /&gt;Lugar donde los mitos revolucionarios se convierten en realidad. Lugar donde se funden el águila, la serpiente emplumada, la muerte, la vida, la alegría, la tristeza, los conquistadores, los conquistados, las esperanzas, la fatalidad, la miseria, la riqueza, el lugar común al que todo mexicano aspira.&lt;br /&gt;(Shhh, el mundo está al pendiente de nosotros...)&lt;br /&gt;País en vías de desarrollo que busca un lugar en el concierto de las naciones más avanzadas del orbe. País que busca y niega una misma identidad simultánea. País al que le conceden un lugar en el espacio. País al que se le da un gentilicio. Que fue rapiñado por mucha gente de fuera, lo cual era natural, y por mucha gente de dentro, lo cual también era natural.&lt;br /&gt;País en donde se cumple al pie de la letra la propuesta de Orwell en el que todos somos iguales pero que algunos somos más iguales que otros.&lt;br /&gt;País en donde la tragedia, la comedia y el Cosmos se envuelven en un tragicósmico abrazo amoroso. País en donde el absurdo es la regla más que la excepción. País que sugiere la continua percepción de la herencia árabe de su padre español en el cotidiano fatalismo del ‘ojalá’, del ‘mañana’.&lt;br /&gt;País violento, país sangriento, país sin alma en el que puedes morir o llegar a ser enterrado si moriste lejos de ahí. País en el que naciste llorando y en el que al final llorando te dirán adiós. País extraño y lánguido en donde las lágrimas corren y correrán. País politeísta, país de un solo Dios verdadero. País que vive y pervive en su religión.&lt;br /&gt;País cínico, país burlón. Nación de designio supremo. Nación de naciones. Nación de lenguas vivas y de lenguas muertas. Nación de diversidad. Nación de odios. Nación de amores.&lt;br /&gt;(¡Pobres! Ellos ignoran que...)&lt;br /&gt;...México es un país autodescriptible. México es un país indescriptible. En México vives en la incertidumbre. Como México no hay dos. Algo que nos mortifica: ¿por qué la gente que no es mexicana no lo entiende?&lt;br /&gt;Pero gracias a Dios en México no hay angustia existencial; en México no hay lugar para las dudas del ser. En México no hay lugar para la violencia de un fanático, de un desquiciado. Los desquiciados en México no salen a la calle ni se suben a una torre para disparar a la gente indefensa como patos en feria.&lt;br /&gt;Ellos no lo saben pero los que sí sabemos de México estamos seguros de que Dios, el Presidente, el Partido Revolucionario Institucional, la Televisión, la Lotería, el Mañana, la Raza de Bronce, la Fiesta, la Magia, el Mal de Ojo, el Día de Muertos, la Violencia, el Líder, el Ejido, la Revolución, el Alcohol, Juárez, el Contraste, el Siempre, la Inalterabilidad, el Colonialismo, la Brutalidad, la Costumbre, la Superstición, la Duda existen, y existirán todos juntos por siempre...&lt;br /&gt;Shhh, el mundo nos está observando y ellos no lo deben de saber...&lt;br /&gt;Porque…&lt;br /&gt;…el mundo cree que somos una nación risueña. Porque el mundo cree que somos un ejemplo de estabilidad; porque el mundo cree que estamos aprendiendo buenos modales para cuando nos inviten a cenar;&lt;br /&gt;Y el mundo permitió que hiciéramos la fiesta olímpica; porque el mundo cree que somos un país en proceso de maduración; porque el mundo cree en tantos ideales que no son y que nunca lo serán…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;«Está hablando de las Olimpiadas, son las Olimpiadas».&lt;br /&gt;      Llegar a este punto le creó a Páris un sentimiento de confusión. Con más razón se preguntaba: ¿por qué alguien haría esto?&lt;/span&gt;           &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Pero se olvida que hoy mismo el mundo está sorprendiéndose al mundo mismo, porque están sucediendo portentos, extraños y maravillosos...&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;      Al final del recorte había un extraño poema:&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Y el mundo, ese mundo atento,&lt;br /&gt;ve el cambio que trasciende con fascinación,&lt;br /&gt;como si estuviera viendo la llama de un cerillo&lt;br /&gt;que está sostenido por sus propias manos,&lt;br /&gt;y la llama, en un proceso lleno de magia extraña&lt;br /&gt;va consumiéndolo poco a poco...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y la llama ilumina y se consume&lt;br /&gt;y la llama destruye,&lt;br /&gt;va descendiendo,&lt;br /&gt;poco a poco hacia su mano,&lt;br /&gt;inexorablemente,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El cambio es un fuego que devora.&lt;br /&gt;Fuego devorador que augura el mismo cambio.&lt;br /&gt;Porque dicen que la llama es necesaria&lt;br /&gt;para encender y evadir la oscuridad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero si alguien jugase con el fuego, podrá quemarse...&lt;br /&gt;...porque el que juega con fuego corre un riesgo,&lt;br /&gt;sobre todo cuando lo hace por vez primera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;México juega ahora con el fuego olímpico&lt;br /&gt;y su gente juega ahora con el fuego de la libertad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el fuego de la libertad, por vez primera...&lt;br /&gt;* * *&lt;br /&gt;¡MÉXICO! ¡MÉXICO! ¡MÉXICO! ¡MÉXICO!&lt;br /&gt; ¡MÉXICO! ¡MÉXICO!&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fin de preludio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;«Raro final», se dijo para sí Páris. Pero ese nombre de su país entre signos de admiración le resonó en los oídos como si hubiera sido exclamado en las voces de mil, diez mil o más gargantas, diciendo lo mismo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982323005308983?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982323005308983/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982323005308983' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982323005308983'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982323005308983'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/3-voces.html' title='3. Voces'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982270803376024</id><published>2006-10-02T13:57:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:59:30.306-07:00</updated><title type='text'>4. Preguntas</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;Páris suspiró. Guardó los papeles con el cuidado que pudo dentro de la carpeta, como en una pequeña ceremonia, y los acomodó. Vio la hora. Ya era pasada la una. Con razón tenía hambre. Se acordó de preparar la excusa para la señora Alcira.&lt;br /&gt;La otra opción era sencillamente decirle la verdad, que se entretuvo con unos papeles. Sí, eso sería todo. Total, mañana era domingo y podría continuar la limpia. De hecho, en ese momento ya no estaba de humor como para seguir las labores.&lt;br /&gt;Volvió a curiosear por entre las cajas. Había una pequeña caja de cartón rígido que no había podido ver antes. Quizás habría algo más, ¿fotos? Sí, allí estaban. Viejas fotografías en blanco y negro, algunas en color ya muy desvaído.&lt;br /&gt;Otra vez le volvió esa sensación familiar. «Allí seguro que va a estar mi papá. Mi abuela joven, quizás». A esas alturas ya no se asombraba tanto. Cualquier persona se acostumbra al azoro después de estar azorada por un buen rato.&lt;br /&gt;Las vio de manera ligera, una tras otra.&lt;br /&gt;Grupos de amigos, quizás estudiantes. Todos eran jóvenes, un poco mayores que él. Fiestas o reuniones. «Qué raras fiestas, ellos vestidos como con trajes formales, ellas igual, con vestidos que seguramente intentaban ser elegantes. Y mira esos peinados de las mujeres», se dijo Páris, mostrando cierto respeto hacia las modas que en realidad no le parecían tan ridículas. Mucha gente desconocida.&lt;br /&gt;Pero no toda. Allí estaba su papá. Ese era, ni más ni menos. Contuvo la respiración por un segundo, examinando la foto con atención. Eran tres personas, dos muchachos a un lado y una muchacha al centro. En el suelo se veía una cámara de cine, al parecer antigua (por supuesto), recostada. Bolsas y más bolsas. Al fondo había personas que no ponían mucha atención a la cámara.&lt;br /&gt;Los tres jóvenes denotaban mucha camaradería. Ella, de pelo largo, rizado, seguramente castaño, de blusa oscura, pantalones, al parecer sandalias, viendo a la cámara sonriendo de manera picaresca. El de la derecha, se veía alegre y despierto, el de la izquierda, de lentes, un tanto más solemne, serio.&lt;br /&gt;«Mi papá siempre salía serio, según me cuenta la señora Alcira, con sus lentes», se dijo.&lt;br /&gt;Páris se sonrió. Luego le reclamaría a la señora Alcira de la existencia de estas cajas y volteó casualmente la foto por el reverso a ver si alguien le había escrito la fecha o algo así importante o significativo.&lt;br /&gt;Y sí, ésta también traía un mensaje: «Aquí estamos, jefa, en Ciudad Universitaria, hoy 13 de agosto, estando a punto de partir a la manifestación. Alex, como siempre, con lentes (no se los va a quitar nunca, parece) y su cara larga. Aurora, preciosa y yo, ya sabes, siempre en el relajo».&lt;br /&gt;Estuvo a punto de soltar la fotografía mientras tomaba la siguiente cuando un impulso repentino le detuvo la mano en el aire.&lt;br /&gt;«Un momento». Páris se quedó frío por un instante. Volvió a ver la foto. Y volvió a leer el reverso. Algo andaba mal. «Alex, como siempre, con lentes...».&lt;br /&gt;Aun y cuando Páris no tenía más que tres fotos de su papá, y éstas no eran muy claras, lo que sí tenía claro era que su papá era el de los lentes. Indiscutiblemente. Lo había sabido desde siempre. Toda su larga vida consciente de catorce años.&lt;br /&gt;Examinó las fotos con aún mayor atención y detenimiento. No había duda, ese de lentes era su papá: Emilio Abreu.&lt;br /&gt;Pero… ¿por qué se habían equivocado en la foto? En definitiva, era eso, se debieron de equivocar de nombre. Alguien le había puesto a su papá el nombre de «Alex».&lt;br /&gt;«¿O que mi papá se llamaba Emilio Alejandro…? No, creo que no», reflexionó Páris. La señora Alcira nunca se lo había mencionado y él ya había visto algunos papeles oficiales incluyendo un acta de nacimiento viejísima de su papá donde decía llamarse claramente Emilio Abreu Campuzano. Así, sin guión. Él era Abreu-Campuzano, con guión. Decisiones de familia, le había dicho la señora Alcira.&lt;br /&gt;Sin menor duda, su papá ni por asomo se podía haber llamado Alex, o Alejandro. ¿Algún seudónimo?&lt;br /&gt;«A lo mejor en ese momento se estilaban los nombres falsos», pensó esperanzado de darle mate al pequeño misterio.&lt;br /&gt;Sí, debió ser un error.&lt;br /&gt;Tomó la otra foto. Ese sí era su padre. Como si la foto hubiera sido tomada el mismo día de la anterior, pero al final del mismo. Un Emilio cansado veía a la cámara, quizás un poco más despeinado. Volteó la foto para ver la dedicatoria:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;En la noche de 13 de agosto de 1968 Alex ya no quería fotos&lt;br /&gt;Cómo nos reímos Aurora y yo. La pasamos bien suave. La neta.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Páris se estremeció. Ya no había la menor duda. El tipo de lentes era «Alex», al cual él identificaba como Emilio. Era como si se hubieran cambiado los papeles de una manera extraña e inverosímil.&lt;br /&gt;Ya con más celeridad revisó las demás fotografías. Encontró ahora una del otro tipo, el amigo que estaba a la derecha, en la primera foto. Estaba sonriendo. Leyó al reverso:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;Para mi mami, de su hijo favorito (el único, ja-ja) que la quiere mucho y que la extraña,&lt;br /&gt;Emilio.&lt;br /&gt;México, D.F. 14 de agosto de 1968&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Páris estaba congelado. Emilio, su papá, no era el mismo que aparecía en las fotografías correspondientes. Su papá seguía apareciendo con otro nombre: «Alex».&lt;br /&gt;Y el que se decía Emilio era un perfecto desconocido. Al menos para él. Algo bastante extraño estaba sucediendo. Se sintió sobrecogido por lo que estaba leyendo y, sobre todo, por las implicaciones. Su mente empezó a trabajar con rapidez.&lt;br /&gt;«A ver, ¿cómo está esto? Primero, una foto de tres amigos. Yo identifico al de la foto como Emilio, mi papá. Segundo, la foto dice que es Alex. Resulta que una segunda foto también lo identifica como Alex. Hasta aquí todo puede ser un juego de intercambio de papeles. Eso es, sólo un juego.»&lt;br /&gt;La tercera foto. Dentro de sí, Páris intuía que venía a demoler la realidad establecida.&lt;br /&gt;Empezó a comprenderlo todo. Como si una luz intrusa se hubiera posado en un lugar que él no quería interesarse en iluminar.&lt;br /&gt;«Sí. Las fotos que he conocido hasta ahora son de este ‘Alex’ y no de este otro ‘Emilio’. Además, la situación está clara, ¿no? Siempre me le he parecido a mi papá… Este ‘Emilio’ es el hijo de mi abuela y ahora resulta que yo soy hijo de ‘Alex’. Aparte, para rematar: yo de ninguna manera me parezco a este Emilio, yo me parezco a este ‘Alex’...».&lt;br /&gt;Páris sintió su cuerpo muy pesado de manera repentina. Se sintió sofocar un poco. Las fotografías se disolvieron en su mente. Cerró sus ojos y el pequeño instante se le hizo bastante largo. Necesitaba respirar aire fresco. Inhaló con fuerza.&lt;br /&gt;Las preguntas se le sucedieron una tras otras sin detenerse a contestarlas, eso sería después: «¿Qué está pasando aquí? ¿Quién vino a cambiar las cosas? ¿Por qué Emilio dejó que se cambiara el nombre? ¿Qué supo mi abuela de todo esto? ¿Será ella mi abuela de verdad?»&lt;br /&gt;La mente de Páris se convirtió en un remolino. Cerró los ojos y soltó los papeles. Las sienes las sintió más abultadas. Abrió los ojos y miró hacia el espejo que tenía de frente y se desconoció. Ráfagas de vértigo le cruzaron por su cuerpo una y otra vez. Al mismo tiempo sintió que la piel se le había erizado. Y tal como había llegado el mareo, éste cesó repentinamente.&lt;br /&gt;Inhaló de manera profunda. No le fue suficiente. Y volvió a hacerlo. Cerró los ojos y se los talló con las manos. Los abrió y se observó los vellos de sus antebrazos.&lt;br /&gt;Ahora sólo dijo en voz alta:&lt;br /&gt;—Y ahora, lo más interesante: ¿quién es mi papá?&lt;br /&gt;Y allí, frente a un ropero, unas cajas de cartón, unos documentos, una carpeta y unas fotografías absurdas, restos de un ayer patético, Jean Páris Abreu-Campuzano se sintió más sólo que nunca en toda su solitaria y ahora patética vida.&lt;br /&gt;A pesar de que buscó, Páris no encontró nada más de interés. El resto del día se logró sobreponer y arregló el cuarto a como pudo para no enfrentarse con la furia eterna de la señora Alcira y se llevó, a como pudo también, y con todo el sigilo posible a su edad, el precioso cargamento hacia su cuarto.&lt;br /&gt;Después de llegar y de hacer la comida la señora Alcira verificó que Páris había cumplido con lo prometido, con desgana pero cumplió, al menos. Al ir con él para preguntarle qué quería de comer, Páris le contestó que no tenía mucha hambre.&lt;br /&gt;Más tarde, la señora Alcira lo trató de buscar para preguntarle sí quería merendar, pero él, a su vez, no le contestó más que con monosílabos y bisílabos. Lo único extra que dijo fue un «estoy cansado» seguido de un «no gracias» y de un «después, más tarde».&lt;br /&gt;La señora Alcira, ocupada en otros menesteres, no le prestó más atención. Después de todo era sólo un adolescente más.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los domingos en esa zona de la ciudad de México eran particularmente calmados y esa mañana no podía ser la excepción. Páris yacía en la cama perezosamente, sopesando las acciones a seguir.&lt;br /&gt;Volteó hacia la ventana y de allí hacia su escritorio donde estaba la caja de la carpeta. No entendía nada. ¿Por qué todo era tan complicado? ¿Por qué no podía ser más sencillo?&lt;br /&gt;Como todos los muchachos de esa edad, odiaba las complicaciones. ¿Cómo alguien podría haber querido hacerle… eso?&lt;br /&gt;¿Cómo reclamar algo de lo que exactamente no se tiene una idea clara?&lt;br /&gt;Con todo el dolor de su corazón, tendría que leer las cartas y adentrarse en el libro-carpeta.&lt;br /&gt;Miró las fotos una vez más, y las volvió a comparar. Su papá-Emilio ya no era de ese nombre. Ahora era su papá-Alex, quien quiera que fuera él realmente. Su papá-Alex.&lt;br /&gt;Se levantó. No tenía deseo alguno que valiera la pena. ¿Prender la tevenet y jugar un videojuego en línea con doscientos desconocidos? No. No había humor. Según él había qué tener humor para realizar ese tipo de actividades constructivas. Y hoy no lo tenía. Lo que tenía en ese momento ocupando su mente era sombrío.&lt;br /&gt;Miró de nuevo hacia la carpeta con arillos blancos en su caja. Allí quieta, la carpeta parecía estarle exigiendo que le leyera, que era vital para su existencia, que era necesaria para darle de nuevo un sentido a la existencia, para encontrar el soporte necesario que estaba trastabillando. Papeles viejos dentro de una carpeta sin valor aparente. Se preguntó si todo valdría la pena. Inspiró profundamente.&lt;br /&gt;La leería. Pero antes, iría a la cocina a recuperar fuerzas. Sería una ardua tarde y probablemente una ardua noche.&lt;br /&gt;Sigilo absoluto, concentración total. Vació lo que pudo de la alacena y antes de darse a conocer con los nativos, huyó sin dejar rastro. En su bandeja llevaba lo indispensable para sobrevivir unas horas. Dudó un poco si incluir un chocolate. No, sólo lo nutritivo. Mermelada, pan, tenedor, refresco. Línea libre hacia su cuarto. La puerta cerrada. El mundo atrás. Todo listo sobre su escritorio. Encendió su equipo de música. No sabía cuánto se tardaría, pero tenía todo el día, la tarde y quizás hasta la noche.&lt;br /&gt;Por fortuna, gracias a los esfuerzos y apoyo del profesor Rubén Solís, Páris disfrutaba de leer en Internet 2 y en los DVD-2s del momento, además de hacerlo en papel y libros de toda especie y de todas dimensiones.&lt;br /&gt;Dio una mordida a su pan con mermelada. Después de pasarse el bocado, tomó un trago a su pepsi y respiró hondo.&lt;br /&gt;Tomó la carpeta y empezó a leer la introducción. Sin saberlo, de una manera casi inconsciente fue deslizándose hacia dentro de un mundo y tiempo lejano, separado de su presente y a su futuro, pero sólo hasta ese momento. Las palabras encontradas, dentro de lo que estaba a punto de sumergirse, lo dejarían fascinado por toda la vida.&lt;br /&gt;Afuera en la gran, venerable, ciudad de México, de manera imperceptible, todo siguió igual y todo cambió.&lt;br /&gt;Sin percatarse de los espíritus y de fuerzas invisibles e incontenibles ya invocados y danzando a su alrededor, Páris tomó la carpeta y leyó. Y leyó, y leyó, hasta que las llamas del infierno, su infierno, lo consumieron.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982270803376024?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982270803376024/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982270803376024' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982270803376024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982270803376024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/4-preguntas.html' title='4. Preguntas'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982259558424407</id><published>2006-10-02T13:55:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:56:35.906-07:00</updated><title type='text'>5. El Libro</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      México, D.F. julio de 1993.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NACÍ CON el nombre de Alejandro y me decían Alex. Mi pasado, en comparación con lo que he vivido, es ya lejano y no importa; ni quiénes fueron mis padres, ni siquiera si tuve tíos o no. No fui, hasta los dieciséis años, ni una persona querida o lo contrario. Lo que importa en realidad es que cuando entré en la prepa conocí a Emilio Abreu Campuzano y que por muchas circunstancias diversas… bueno, ya lo explicaré.&lt;br /&gt;      Por años no me he llamado Alex. Hoy, y sólo durante estas páginas, me llamaré como originalmente fue mi nombre: Alejandro Castillo.&lt;br /&gt;      El desconsuelo me embarga y me obliga a sentarme a escribir esto junto con la historia de mi pasado. No, éste nunca me persiguió. Tampoco escribo esto como expiación de mis pecados ni como disculpa por mis actos, sino más bien por mero amor y recuerdo a lo que me dio la oportunidad de vivir una segunda vida.&lt;br /&gt;      Quizá fui cobarde y pude haber sobrevivido sin tanta argucia, o quizás es que nunca me supe enfrentar a la vida. Me escudé en una máscara de una no-existencia pero... sin embargo... pude vivir. Y vivir es recordar.&lt;br /&gt;      Emilio. El verdadero Emilio. A ti te lo debo.&lt;br /&gt;      Bueno, aquí estoy. Tengo 43 años, no tengo mucho de haber llegado de España. Volveré allá dentro de poco. Detalles del Quinto Centenario y otros asuntos. Este país, mí país, México, me resulta extraño. La gente me ve raro mientras hablo. Dicen que traigo la «c» muy cargada. No lo sé. No me hace mucha gracia.&lt;br /&gt;      Estuve releyendo lo que dejé de mi vida y que, curiosamente, estaba de algún modo intacto allí todavía, en el viejo cuarto trasero de huéspedes.&lt;br /&gt;      Libros, revistas, que de repente envejecieron en mi memoria. La señora Abreu Campuzano, «mi jefa», sigue más allá de la realidad; la señora Alcira, toda seria e interesante, no sé si ellas envejecieron o qué… Quizá sea que en ellas el paso del tiempo existe solamente de soslayo.&lt;br /&gt;      Cuando sucedió todo «aquello», ellas hicieron lo posible por resguardar todos los documentos, protegerlos de la humedad, suponiendo (bien) que a lo mejor iba yo (o alguien más) a volver algún día, no sé si de la tumba o del exilio.&lt;br /&gt;      Exilio. Cómo odio esa palabra.&lt;br /&gt;      México ha cambiado. El aire es más denso. Más picante. Muchos automó-viles, mucha gente.&lt;br /&gt;      Pero la vieja casa está igual. El jardín, el pequeño cuarto trasero. Lo primero que vi cuando entré fue el ropero en donde yo guardé una buena temporada mis artículos personales. Incluso había rastros de los papeles que le pegamos un día.&lt;br /&gt;      Como que allí hay algo que es parte mía y, sin embargo, no hay nada. Me doy cuenta de que ya no pertenezco aquí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estoy saliendo como de un trance. Estoy despertando a mi realidad. Hoy pasé por Insurgentes y vi Ciudad Universitaria de lejos. Un oficial de tránsito me pitó al lado y una patrulla encendió las luces. Me asusté un poco. No, me estoy mintiendo, me asusté un buen. Pero, a Dios gracias, no fue para mí.&lt;br /&gt;      Después pienso que no debería asustarme, que todo acabó.&lt;br /&gt;      Todo acabó hace mucho.&lt;br /&gt;      Hoy veo muchas armas en la ciudad, muchas de grueso calibre. En los bancos, en las esquinas, en los restaurantes, se respira un aire de cierta violencia queda. Percibo cierta tensión…&lt;br /&gt;      Quizás es que me quiero ir.&lt;br /&gt;      Pero tengo que terminar algo primero.&lt;br /&gt;      Conseguí un microordenador para escribir esto. Pero me estaba faltando un detalle hasta que lo conseguí no descansé. Quizá lo vieron en mi mirada. Quizá los silencios hablaron por mí. Quizá fue la cara de «la jefa» diciéndome con su silencio mucho de lo que nunca me pudo decir. O quizá fue la señora Alcira dándome las llaves del cuarto trasero. No cruzaron palabra conmigo más que lo mínimo indispensable. Fue extraño, distinto.&lt;br /&gt;      Es curioso, salgo por la mañana al México Moderno y por la tarde vuelvo al México de antaño. Chocolate, huevos, frijoles, tortillas, el olor a encerrado. Aquí estoy en una cápsula del tiempo. Todo está congelado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En momentos me doy cuenta que yo ya no pertenezco aquí, que quiero irme de inmediato. Después me tranquilizo y siento que eso no es posible, como si México me siguiera atando. (Quizá me atará por siempre). Pero muy próximamente me iré, lo sé.&lt;br /&gt;      Por lo demás, tengo un problema de índole práctica: no quisiera que alguien me reconociera. Podría tener problemas.&lt;br /&gt;¿Cómo explicaría mi reaparición a algún viejo amigo? ¿Quién voy a decir que soy? Imposible.&lt;br /&gt;Lo bueno es que ya voy a terminar mi visita. Sólo tengo que arreglar tres detalles: uno es la parte comercial a la que vine, a punto de concluir. Otro más que se tendrá que resolver tarde que temprano, de una manera u otra. Y lo último: esto que estoy escribiendo. Concluir el viaje sentimental obligado, todavía que estoy sano y lúcido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Encontré las cartas de Emilio. Siempre se me hacían diálogos en un solo sentido, más que monólogos. Me emocioné de sólo ver su firma. Siempre le criticaba cómo hacía su caligrafía, en especial la letra «e». Seguido le decía que así no estaba bien. Él me sonreía y me decía que me fuera al diablo, o su equivalente, que así se le hacía fácil y que lo demás no importaba.&lt;br /&gt;      ¿Qué cómo las encontré? No hubo necesidad de pedirlas. Ahí estaban en su caja, en la cama del cuarto de... «mi» cuarto. Las descubrí después de cenar. Las leí una por una. Después de tanto, todo se me viene encima. Vuelvo a gozar, vuelvo a divertirme, vuelvo a enardecerme, me pongo triste, se me pone la carne de gallina.&lt;br /&gt;      El resultado es igual. La tristeza termina por invadirme.&lt;br /&gt;Las intercalaré una por una en mi narración, según entienda. Creo que son valiosas. Y si no lo son, no me importa, son de alguien que todavía me importa mucho, después de tantos años.&lt;br /&gt;Ya basta de introducción.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982259558424407?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982259558424407/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982259558424407' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982259558424407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982259558424407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/5-el-libro.html' title='5. El Libro'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982247821180034</id><published>2006-10-02T13:51:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:54:38.253-07:00</updated><title type='text'>6. Impulso</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;México, D.F., principios de agosto de 1968&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo estuvimos percibiendo por las calles, por los salones de clase, en las asambleas, en todas partes en donde se reuniera gente (público mínimo: dos personas). Sentíamos que algo grande se cocinaba. Se veía venir.&lt;br /&gt;No sé en qué día fue, ni cómo empezó exactamente, pero de lo que estoy seguro es que la escena fue similar:&lt;br /&gt;       —¿Ya supiste?&lt;br /&gt;      —¿Qué?&lt;br /&gt;      —¡Vamos a secuestrar camiones!&lt;br /&gt;      —¡¿Qué?!&lt;br /&gt;      —¡Nosotros! ¡El movimiento! ¡Nos ponemos en marcha!&lt;br /&gt;      —¿De qué hablas?&lt;br /&gt;      —El movimiento, el movimiento.&lt;br /&gt;      —¿Cuál movimiento?&lt;br /&gt;      Mi cara de interrogación era total. Enfrente tenía yo a una cara de admiración, como sorprendiendo a la ignorancia en todo su pleno.&lt;br /&gt;      —¡Nuestro movimiento! ¡Vente, vamos, se va a poner bueno!&lt;br /&gt;      —Pero... ¿y las clases?&lt;br /&gt;      —Tú vente, hasta los maestros van a estar allá.&lt;br /&gt;      Ante tal situación no había peros que valieran. Ninguno. De repente, escuché mi nombre.&lt;br /&gt;      —¡Alex, Alex, ven!&lt;br /&gt;      Una mano me estiró y salimos sin más. Afuera había mucha gente.&lt;br /&gt;      Y todos estaban sonrientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Días después Emilio y yo nos detuvimos a observar el camión incendiado. Gruesas columnas de humo sobresalían de donde estaban las llantas y de donde estaba, o estuvo, el motor. Ocasionales llamas rojas con tintes amarillos y anaranjados rompían lo monótono del humo. La gente estaba paralizada al mismo tiempo que fascinada, sin acertar a moverse de ahí. Las sirenas ya se oían a lo lejos. Emilio me habló primero.&lt;br /&gt;      —¿Cómo ves?&lt;br /&gt;      —Grueso, maestro.&lt;br /&gt;      —Y tú que no me creías...&lt;br /&gt;      —¿Quién fue?&lt;br /&gt;      —No estoy seguro, a lo mejor alguien de la Prevocacional que tuvo la idea, los demás nada más le hicieron caso.&lt;br /&gt;      —Qué obedientes...&lt;br /&gt;      Mi tono fue, como era el caso siempre que quería aparentar serenidad, sarcástico.&lt;br /&gt;      —Bueno, pues vámonos, que no tarda en venir la poli.&lt;br /&gt;      Emilio, según su costumbre, dando la primera acción. U orden, pero yo no lo sentía tan así. A veces era más sutil.&lt;br /&gt;      El camión seguía ardiendo, la gente seguía arremolinándose a su alrededor. Curiosos de todas partes que iban y venían. Llegaron las primeras patrullas abriendo paso a los bomberos, los policías granaderos llegaron en vehículos desde varios puntos en una forma que se me hizo simultánea de donde, todavía sin parar la marcha del todo, bajaron grupos de agentes a rodear al camión.&lt;br /&gt;      De inmediato empezaron a agarrar a los curiosos. Al mismo tiempo todos nos dimos a la fuga, debiéndola o no.&lt;br /&gt;      El fuego siguió avanzando por entre el camión. Humo negro se elevaba incluso por entre los edificios. Niños viendo sin comprender del todo lo que estaba pasando. Al último pestañazo hacia el tranvía medio carbonizado mientras corría, ya no había multitud alrededor.&lt;br /&gt;      Emilio y yo habíamos corrido lo suficiente y estábamos ya fuera del alcance de los polis. Las caras de la gente que nos encontrábamos seguían la fiesta del fuego desde lo lejos, más seguros, mostraban una mezcla de asombro y temor. Nos paramos a tomar un taxi en una calle aledaña.&lt;br /&gt;      Ahí pedimos que nos llevara hacia el sur, hacia el rumbo de Coyoacán, específicamente. No dijimos nada. No queríamos hablar frente al conductor. Nos bajamos en cuanto vimos terreno conocido y empezamos a platicar más relajados.&lt;br /&gt;      —Estuvo cerca… —empecé a decir.&lt;br /&gt;      Emilio no me contestó, estaba apurado, normal, no tenía buena condición. Yo seguí hablando:&lt;br /&gt;      —Es más, creo que me alcanzó a ver un cuate de la primera granadera que se paró. A lo mejor me reconoció...&lt;br /&gt;      Finalmente me respondió:&lt;br /&gt;      —No creo. Lo dudo. ¿Tú te acuerdas de él?&lt;br /&gt;      —No. Todos esos tipos se parecen entre sí. Todos morenos, lentes oscuros, bigote, caras de perro. No quisiera conocerlos de cerquita.&lt;br /&gt;      Emilio en su modo de siempre, apacible, dijo:&lt;br /&gt;      —No tengas miedo, mano, ¿qué puede pasar?&lt;br /&gt;      —No sé. Ni quiero saber.&lt;br /&gt;      —Bueno. Vamos a la casa. Ahí estaremos más seguros.&lt;br /&gt;      Llegamos pronto a la vieja casona. La vista de sus árboles siempre me tranquilizaba de una manera inexplicable.&lt;br /&gt;      No había nadie y entramos con la llave de Emilio.&lt;br /&gt;      Después de saquear el refrigerador, nos fuimos hacia el cuarto de huéspedes que estaba en el patio de atrás de la casa.&lt;br /&gt;      —Ya. Échate el sandwich.&lt;br /&gt;      —Sale…&lt;br /&gt;      Comimos como niños de hospicio, según frase muy repetida de la mamá de Emilio.&lt;br /&gt;      Encendimos la radio. Iba a decir algo pero Emilio me calló poniendo un dedo en su boca.&lt;br /&gt;      «—...hoy fue otro día de disturbios en las calles de la ciudad. Nos acaba de llegar la noticia de camiones quemados al parecer por estudiantes en calles importantes del centro...»&lt;br /&gt;      —¡Qué rápido llegan las noticias, qué bárbaro! Pareciera que... —empecé a decir.&lt;br /&gt;      —Shhh —me volvió a interrumpir Emilio.&lt;br /&gt;      «—...la policía reportó cinco lesionados de entre sus miembros y la captura de ocho agitadores y estudiantes que ya fueron consignados. En otras noticias se informó que un bombardeo sobre Vietnam del Norte destruyó...»&lt;br /&gt;      Emilio se sentó en el sofá y con aire de decepción dijo:&lt;br /&gt;      —Ya. Apágalo.&lt;br /&gt;      Me le quedé viendo y apague el viejo radio. Al cabo de un rato pregunté:&lt;br /&gt;      —¿A quién habrán atrapado?&lt;br /&gt;      —Sepa. A mirones y a curiosos, seguramente. La poli y los granaderos no quisieron salir de ahí con las manos vacías, creo. Han de justificar su labor. El sueldo, a lo mejor…&lt;br /&gt;      —¿Emilio...?&lt;br /&gt;      —¿Qué?&lt;br /&gt;      —Lo mismo que ya te he dicho, a veces tengo miedo.&lt;br /&gt;      Jugaba con el cable del teléfono, como siempre lo hacía. Sentía en esos momentos que me enfrentaba a un juego que no alcanzaba ni a definir ni a terminar de medir. A veces me daba por reflexionar, después de la euforia.&lt;br /&gt;      Emilio trató de animarme, un poco más confiado:&lt;br /&gt;      —Andas mal. Sólo tenemos que ser cautos. No caminar cerca de los cocolazos, es todo, ¿qué nos pueden hacer?&lt;br /&gt;      —Si nos atrapan, ¿quién sabe?&lt;br /&gt;      —Sí, ¿pero bajo qué cargos? —Me respondió Emilio, tranquilo.&lt;br /&gt;      —No sé, ¿de «disolución social»? ¿El artículo o delito ese que se menciona en el pliego?&lt;br /&gt;      Emilio se me quedó viendo. Yo ya había dejado de jugar con el cable. Finalmente me contestó:&lt;br /&gt;      —No, no creo. No traemos armas, traemos credencial de estudiantes. No traemos el pelo muy largo, bueno, algo, pero no mucho. No nos vestimos muy de onda. Parecemos típicos clasemedieros, casi burgueses. Es más, somos clasemedieros. No traemos navajas ni cocteles molotov. Además, dime, ¿dónde les podemos pegar? Sólo queremos que nos oigan. Es todo. Vamos a conseguir el diálogo. Vas a ver. ¿Qué más pueden hacer?&lt;br /&gt;      Por mi mente pasaron varias imágenes que tenían que ver con policías cargando con bastones y escudos metálicos y estudiantes golpeados. Lacrimógenos y piedras juntos. Podría filmar un buen documental con eso... si tuviera las agallas para estar ahí. Le contesté a Emilio:&lt;br /&gt;      —¿Y los rumores de decenas muertos y desaparecidos? No estés ciego, Emilio. Hay compañeros de compañeros que han visto cosas muy raras. Amigos de amigos de amigos que ya no se han visto...&lt;br /&gt;      Él hizo con su mano su gesto clásico de desmerecerme.&lt;br /&gt;      —No creo que sean tantos. Yo creo que algunos de esos que no se han visto, ¿qué tal si se fueron a provincia? —Hizo una pausa—. Ya sabes el ambiente que se cargan algunos cuates, están muy politizados. Pero no creo que la situación esté tan crítica. He escuchado que ha habido, a lo mucho, dos decenas de muertos. La situación sí es preocupante, por supuesto, pero Alex, yo digo, el ejército ya hubiera entrado en Ciudad Universitaria y no ha entrado. Y que ni entren...&lt;br /&gt;      Sentía que debía conceder en ese punto al menos. Dije:&lt;br /&gt;      —Puede entrar cuando quiera. Pero, es cierto, okey, el ejército no va a hacerlo. Imagínate, nosotros con Olimpiadas a la vuelta de la esquina y el gobierno dándole vuelta a la hilacha con el ejército en CU y todo… Pero no me convences del todo. De que ha habido muertos los ha habido. Lo que pasa es que la prensa lo oculta. Ya sabes, exagera los daños, encuentra culpables, limpia a la policía de responsabilidad y a nosotros nos enmugra.&lt;br /&gt;      —Pero eso es normal, Alejandro... Siempre va haber eso en tiempos de cambio. Queremos cambio y eso cuesta. Algo, por mínimo que sea. Va a costar. Pero no te apures. Mientras la pasemos bien y no lleguemos a exponernos de más...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emilio y yo siempre habíamos sido muy amigos, desde que nos conocimos en la preparatoria. Coincidíamos en muchos aspectos, nos gustaba la misma música rock, folk y psicodélica, teníamos también una coincidencia asombrosa de películas que nos gustaban.&lt;br /&gt;      Pero las coincidencias hasta ahí llegaban. Mientras que yo era del tipo de personas que encajan en lo tranquilo, a Emilio le gustaba un poco más la aventura. Yo siempre tenía mejores calificaciones, mientras que a Emilio éstas no le preocupaban mucho.&lt;br /&gt;      Empezamos juntos en esto. El movimiento trabó contacto con nosotros como a la mayoría. Leímos de las primeras manifestaciones y de las represiones que la policía estaba llevando a cabo sistemáticamente allá en la zona de la Ciudadela. Aunque no éramos partidarios de la violencia y del desorden anárquico en sí, nos encantaba la diversión.&lt;br /&gt;      Además, el estar en comisiones de la Facultad siempre nos ponía en contacto con muchachas bonitas de muchas partes. Cuando nos empezamos a compene-trar más en el movimiento nos dimos cuenta que había muchos tiempos muertos y nos la pasábamos platicando y conociendo gente de todas partes, del Poli, de la Ibero, de la escuela de Bellas Artes, y del mismo Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, o CUEC, donde estábamos.&lt;br /&gt;      Allí, en el seno del CUEC, conocí a Aurora, una estudiante del mismo centro, amiga de Emilio. Como a mí y a Emilio nos gustaba el cine desde el punto de vista práctico se nos hizo buena idea apuntarnos como voluntarios camarógrafos o reporteros para filmar las incidencias del movimiento.&lt;br /&gt;      Más tarde pasó lo del camión ardiendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de un rato de leer y hojear algunas revistas dije:&lt;br /&gt;      —De buenas no llevábamos el equipo, nos hubieran agarrado con película y todo.&lt;br /&gt;      —Quién sabe. Lo que sí es que hubiera sido bueno que lo hubiéramos filmado, pero todo fue muy rápido. Hubiéramos grabado cómo se incendió el autobús y quién lo hizo... yo no conocía al cuate que lo prendió. ¿Y tú?&lt;br /&gt;      —No. Es más, quién sabe si era estudiante, a mí se me hizo que estaba grandecito. Ha de haber sido un cuate muy fósil... A lo mejor era infiltrado. O a lo mejor a algún desmadroso se le ocurrió la puntada de prenderlo. Por pura puntada loca.&lt;br /&gt;      Yo dije:&lt;br /&gt;      —Pues no sé —vi el reloj de pared y dije—: ya es hora de que nos hable Aurora, ¿no?&lt;br /&gt;      —Sí —Emilio hizo una pausa y continuó, suspicaz— Alex, ¿no te andarás clavando mucho con esa chava?&lt;br /&gt;      El tono que usó Emilio fue como de sondeo.&lt;br /&gt;      —N'ombre, güey —le dije en mi voz con el tono más normalmente firme y neutro que pude— yo respeto lo que no es mío. Después de todo, tú la viste primero y pues... ni hablar.&lt;br /&gt;      Más relajado, Emilio añadió:&lt;br /&gt;      —Pues no hay nada, estáte tranquilo, pero lo que sea de cada quién, la Aurora está muy apetecible, pero no hay bronca, no es de las que buscan compromiso… por lo menos no conmigo… Es más, no te apures por mí. Me cae bien, pero yo paso.&lt;br /&gt;      Pues sí. ¿Qué pude decir? Francamente me dio una sensación de alivio que traté de disimular. A lo mejor se dio cuenta. Me interrumpió en mis pensamientos:&lt;br /&gt;      —Échale ganas, quien quite…&lt;br /&gt;      Sólo pude decirle:&lt;br /&gt;      —Falta que hable.&lt;br /&gt;      —Al rato habla…&lt;br /&gt;      Pero Aurora no habló durante esa noche.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;                                                                                       7 de agosto de 1968&lt;br /&gt;     Querida Madre:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     ¡Cómo viajas tanto! ¿Cómo te va en Hermosillo? Aquí todo bien. Tal como quedamos, aquí estoy platicándote lo que sucede por nuestros lares. Se confirma la idea de que allá en provincia nada de esto se publica o sólo sacan lo más escandaloso y que muchas veces es falso. Esta es la versión de parte de alguien que está de cerca viviéndolo:&lt;br /&gt;     Pues tú ya leíste lo de la Mano Tendida de GDO. ¿Qué te puedo decir? Este cuate se dirigió a nosotros desde Guadalajara. Como siempre pasa en los políticos, nos cambian el mensaje. Nos puso como si nosotros fuéramos los que lo buscamos. De hecho, sí lo buscamos pero no con el afán de protagonismo. Pero ¿en verdad queremos hablar con el Presidente? ¿Te acuerdas como les fue a los médicos con él hace tres años? ¿De cómo los reprimió? ¿Se podrá hablar ahora con Díaz Ordaz? ¿Tendrá el poder o la voluntad de resolver la situación? ¿No estaremos depositando mucha esperanza en él (con todo lo que nos pueda caer mal)?&lt;br /&gt;     Es curioso que al mismo tiempo que estaba pasando esto, hubo una manifestación en CU a la que asistieron como más de cien mil personas, además, imagínate, con el rector Barros Serra en el frente de todos. Fue increíble.&lt;br /&gt;     La marcha iba a ir desde CU hasta el Zócalo, pero nada más pudimos llegar a Félix Cuevas porque ¿qué crees que hicieron las «autoridades»? Pusieron tanques. Así es. Tanques ahí en las calles. De guerra. Para amedrentarnos, seguramente.&lt;br /&gt;     Pero no lo consiguieron. Los vimos con desprecio y nos devolvimos, ordenadamente claro, hacia la explanada de rectoría. Al final entonamos el himno.&lt;br /&gt;     Ni hablar, que ya tenemos nuestra declaración de principios y exigencias. Alguien le bautizó como «Pliego Petitorio» y la idea es que todos lo firmemos. Lo sacaron el domingo pasado y estamos convencidos de la razón detrás de cada punto.&lt;br /&gt;     No sé si ya lo sepas por la prensa pero cada punto es muy específico:&lt;br /&gt;     El primero se refiere a la Libertad a los presos políticos. Dicen que no existen los presos políticos, pregúntenle a Campa (porque sí sabes quién es Valentín Campa, ¿no? ¡Ay, mamá! Es el líder ferrocarrilero que está encarcelado desde hace nueve años allá, en nuestro Palacio Negro de Lecumberri).&lt;br /&gt;     Queremos que se reconozca la existencia de estos «prisioneros de conciencia» (expresión de un cuate que la leyó por ahí) y que el Gobierno los libere. Tarea pesada ¿no crees?&lt;br /&gt;     El segundo punto del pliego se refiere a la destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea, jefes de la policía y de granaderos. Tú no sabes lo que odian aquí a los granaderos. Es impresionante, pero es que esos cuates son muy gachos. Se lo merecen que los destituyan realmente... pues no lo sé si lo hagan.&lt;br /&gt;     Pensándolo bien... ¿crees que somos ingenuos?&lt;br /&gt;     El tercer punto del famoso pliego es el relativo a la extinción del Cuerpo de Granaderos, ¿qué más te puedo decir de ese?&lt;br /&gt;     El cuarto punto se refiere a la derogación de los artículos 145 y 145bis del Código Penal, los referentes al delito de disolución social, que son instrumentos (así me dijeron) que impiden que la gente tenga puntos de vista «discrepantes» (palabra nueva para mí) del punto de vista «oficial».&lt;br /&gt;     El quinto punto es más sencillo, y más necesario, se refiere a la indemnización a las familias de los muertos y heridos víctimas de la agresión desde el viernes 26 de julio, que no me creas pero dicen que ya andan en veintitantos muertos.&lt;br /&gt;     El sexto no lo entiendo muy bien, se refiere al mismo deslinde de responsa-bilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades. O sea, a través de la policía, ejército y los mencionados granaderos.&lt;br /&gt;     Lo que no entiendo es, ¿quién va a hacer el «deslinde»? ¿Quién va a ser el que lo diga o decida? Todos son de los mismos...&lt;br /&gt;     En fin. Mientras, nos la estamos pasando bien. Se siente un ambiente electrizante, créeme, de entusiasmo, de euforia.&lt;br /&gt;     ¡Ah, se me olvidaba! Hubo otra manifestación, también de cien mil personas (¿dónde conseguimos tantas?) A esa no asistí porque fueron puros cuates del Poli, bueno, había otras escuelas pero tú sabes que el Poli está al norte y CU está al sur. Y toda la gran ciudad de México en medio. Pero no necesito decírtelo.&lt;br /&gt;     Nos preguntan que cómo nos sostenemos. Si tú también tienes la duda, pues créeme, la gente es generosa y está cooperando. No creas, mamá, la gente ve en nosotros un cambio, ya de perdido un airecito fresco, una brisita de verdades reales.&lt;br /&gt;     La gente está cansada de lo mismo. Ahora que nos estamos organizando le estamos representando una opción. No, no pienses que vamos a crear un partido político. Estamos muy verdes para eso. Yo estoy verde para eso. Veo a Alex y está muy verde para eso.&lt;br /&gt;     Pero danos tiempo. Sólo eso necesitamos.&lt;br /&gt;     Tiempo.&lt;br /&gt;     La casa bien. Yo bien. Todo bien. Mamá, lástima que no te gusta el rock and roll más que los Beatles pero, ¿ya escuchaste Street fightin' man de los Stones?&lt;br /&gt;     No sabes de lo que te pierdes.&lt;br /&gt;     No te afreses, jefa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Te quiere, Emilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     PD. Siempre sí llegaron los dulces. Manda más, ¿OKEY? Te saluda Alex. Bye.&lt;br /&gt;     Te escribo the next week, o cuando tenga tiempo. A lo mejor te hablo por teléfono.&lt;br /&gt;     Bye otra vez…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Viajábamos en camión urbano por Insurgentes rumbo al sur de la ciudad. Los aburridos vaivenes del propio movimiento iban adormeciendo a Emilio. Yo por el contrario leía el periódico.&lt;br /&gt;      En los titulares mencionaban la reciente formación del Consejo Nacional de Huelga, allá en la universidad. Se mencionaba que un grupo de planteles educativos se había reunido para darle forma e identidad propia al movimiento.&lt;br /&gt;      Le di un codazo a Emilio.&lt;br /&gt;      —¿Emilio?&lt;br /&gt;      —¿Qué?&lt;br /&gt;      —¿Estás durmiéndote?&lt;br /&gt;      —No.&lt;br /&gt;      —¿Ya leíste el periódico?&lt;br /&gt;      —Nel.&lt;br /&gt;      Hice una pausa mientras por la ventana veía a una chica con minifalda tratándose de subir a un taxi. Sin poder ver nada satisfactorio volví a lo mío.&lt;br /&gt;      —¿Emilio?&lt;br /&gt;      —¿Qué quieres?&lt;br /&gt;      —Nada. Que si ya leíste el periódico.&lt;br /&gt;      —Que no.&lt;br /&gt;      —Es que está interesante.&lt;br /&gt;      —¿Qué está interesante?&lt;br /&gt;      —Lo que dice.&lt;br /&gt;      —N´ombre, mano, no le hagas caso, si son puras mentiras. Si son noticias del mundo entero, puede que sean verdad, pero si las noticias son sobre México, perdóname, manito, ponte en automático, son mentiras.&lt;br /&gt;      —Aunque sean mentiras, suena interesante. Emilio, ¿te estás durmiendo o qué?&lt;br /&gt;      —Más o menos. La desvelada estuvo de a peso.&lt;br /&gt;      —Andabas en CU en esa onda de las asambleas, ¿no?&lt;br /&gt;      —Sí.&lt;br /&gt;      —¿Y qué tal?&lt;br /&gt;      —Muy cansado.&lt;br /&gt;      —¿Por qué?&lt;br /&gt;      —Porque la cosa ahora sí va en serio.&lt;br /&gt;      Emilio bostezó. Me le quedé viendo con cara de interrogación total. Dije en tono un poco fuera de mí:&lt;br /&gt;      —¿Qué es lo que va en serio? ¿Qué no estábamos antes haciendo las cosas en serio?&lt;br /&gt;      —Eso no era nada. Ya estamos empezando a representar a las universidades y facultades. Al Poli también. Ya está metido. Chapingo y otras. Los maestros también aceptaron...&lt;br /&gt;      Hubo otra pausa. Pregunté:&lt;br /&gt;      —¿Qué onda con el CNH?&lt;br /&gt;      —¿Qué onda de qué?&lt;br /&gt;      —¿Hay unidad allí? Digo, ¿habrá tamaños para enfrentar al gobierno?&lt;br /&gt;      —¿Qué te pasa, mano? ¿Vas a dejarme dormir un rato?&lt;br /&gt;      Guardé silencio. Sabía cómo era mi amigo al respecto cuando estaba cansado. Volteé a mirar a las personas que iban subiendo al camión y contesté mientras le volví a dar un codazo:&lt;br /&gt;      —Nel. Contéstame primero.&lt;br /&gt;      —Ah, cómo friegas —Emilio trató de despabilarse con resignación y con un bostezo y dijo—: Okey, te voy a contestar.&lt;br /&gt;      Empecé a poner atención. Le dije:&lt;br /&gt;      —Ya era hora, quiero que sepas.&lt;br /&gt;      —Viste ya lo del pliego de seis puntos, ¿no?&lt;br /&gt;      —Simón.&lt;br /&gt;      —¿Viste quién lo firmó?&lt;br /&gt;      —Sí, una coalición de la UNAM, el Poli, Chapingo y otras escuelas.&lt;br /&gt;      —Pues, hasta ahí la onda. Se pide que el gobierno firme un pliego petitorio, o más bien, que lo acepte.&lt;br /&gt;      —¿Estaba dirigido al gobierno, gobierno?&lt;br /&gt;      —A la opinión pública también. ¿Ya lo leíste, no?&lt;br /&gt;      —Simón, pero me preguntaba acerca de lo que está entre líneas, que no sé que pueda ser. Tú sabes, en todo este tipo de asuntos hay sutilezas, en todo comunicado hay mensajes que sólo ciertas personas entienden…&lt;br /&gt;      Hice una pausa. Continué:&lt;br /&gt;      —No sé, ¿tú crees que el pliego es realista?&lt;br /&gt;      Se me quedó viendo, irónico.&lt;br /&gt;      —¿Tú crees entonces que tantas universidades no se hubieran puesto de acuerdo si no quisieran que se resolviera este rollo? ¿No crees que estarían negándose a participar si fuera una misión imposible?&lt;br /&gt;      Me quedé callado. Sólo después de un rato dije:&lt;br /&gt;      —Puede que tengas razón.&lt;br /&gt;      —Pero... ¿por qué no debería de tenerla? Los maestros nos apoyan. Los estudiantes nos apoyamos. La gente en general nos apoya. Bueno, no toda, pero en eso estamos, ¿qué nos falta?&lt;br /&gt;      No estaba muy convencido.&lt;br /&gt;      —Si tú lo dices...&lt;br /&gt;      —Claro, ¿qué podría pasar? ¿Qué el gobierno nos reprima más de lo que lo ha hecho? No, imposible. Se echaría al pueblo en contra. El gobierno tiene miedo. Acuérdate de eso.&lt;br /&gt;      Cómo me acordaría de eso después…&lt;br /&gt;      El camión seguía indiferente a nosotros, hacia su ruta.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;                  15 de agosto de 1968&lt;br /&gt;Querida jefa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Ya no pude hablarte y por eso te escribo, además, es más barato. Total.&lt;br /&gt;      ¿Te acuerdas de todas las veces que me dijiste que ya era hora que me formalizara y que tomara la vida de manera seria? ¿Te acuerdas que yo te contesté cada una de esas veces que cuando llegara el momento yo te lo haría saber?&lt;br /&gt;      No, jefa, no me estoy poniendo serio, lo que pasa es que nosotros todos nos estamos poniendo serios. Verás pues, ya somos parte de un organismo de verdad.&lt;br /&gt;      El Consejo Nacional de Huelga. CNH para abreviar. No te adelantes, no queremos la Huelga de la Universidad. Y sí queremos seguir estudiando y trabajando para hacer de este México un México mejor.&lt;br /&gt;      Pero eso será cuando solucionemos los problemas. Y ahora tenemos muchos. México nos necesita. Y no es melodrama, conste. Lo que pasa es que CNH es un nombre con fuerza. Nada de medias tintas. Es un nombre heavy if you know what I mean.&lt;br /&gt;      Pues ya estamos estructurados. No, no lo estábamos, hasta ahora.&lt;br /&gt;      Ya creamos treinta y siete comités, en un momento determinado hemos creado comisiones, grupos y demás. Eso te debería hablar de nuestro compromiso hacia nuestro objetivo. Sí, creo que estamos en el camino correcto.&lt;br /&gt;      Donde no avanzamos es con el gobierno. El regente, Nuestro general Corona del Rosal, se niega a recibirnos. Creo que es porque de hacerlo se quemaría con sus jefes. Tú ya sabes cuáles son, ¿eh? También se niega a recibir nuestras peticiones.&lt;br /&gt;      Lo que pasa es que tienen miedo y no lo quieren reconocer. Me imagino que están como locos tratando de detenernos, o de perdido, por saber cuál es el siguiente paso.&lt;br /&gt;      No sé si es verdad (todos hablan de eso), pero el otro día Alex y yo lo estábamos discutiendo, pero dicen que aquí en la universidad, allá en Chapingo y allá en el Poli, hay gente que está pagada por el gobierno para estar aquí, que espía para ellos, que son los más fósiles inclusive. No que yo no supiera eso, sino que la discusión se centró más bien en «cuántos», es decir, cuál era la cantidad de fósiles mantenidos por el gobierno aquí…&lt;br /&gt;      No sé si yo soy un ingenuo «desingenuizándose» al decirte eso pero lo que sí sé es que el gobierno ignora cómo hacerle.&lt;br /&gt;      Nosotros queremos algo, ellos lo saben. Pero no saben cómo lo queremos conseguir. No saben a quién seguir de nosotros. Sí tenemos líderes, y por lo mismo que tenemos muchos es, por así decir, muy difícil coparlos a todos.&lt;br /&gt;      No, yo no soy líder, no por ahora. Yo sigo siendo apolítico. Pero estoy con los chavos y lo que representan y estoy consciente de que se quiere lo justo. Lo del pliego es justo, ya te lo comenté en la otra carta.&lt;br /&gt;      ¿Que qué es lo que buscamos, me preguntas? Justicia, simplemente.&lt;br /&gt;      ¿Cómo? No sé pero lo que me han platicado es que todo lo que se vaya a hacer será realizado de manera «pacífica». Me refiero a la estrategia en general, claro. Pero recuerda que «pacificidad» (la palabra creo que la inventé hace un segundo) no es lo mismo que «pasividad». Me imagino que es lo que queremos todos los del movimiento. Tú sabes, ese tipo de palabras ahora tan de moda.&lt;br /&gt;      Conciencia. Democracia. Libertad.&lt;br /&gt;      ¿No es lo que quería Gandhi y Luther King?&lt;br /&gt;      Ya sé que los mataron. Eso fue triste.&lt;br /&gt;      No importa, por ahora somos muchos. No soy líder pero por ahí andamos.&lt;br /&gt;      Por cierto, que volvimos a hacer otra manifestación. Esta fue de doscientos mil personas, el pasado trece de agosto.&lt;br /&gt;      Por lo pronto ya no va a haber exámenes en el Poli. Por otro lado, otra novedad es que ya estamos pidiendo el debate público. Sólo al gobierno se le ocurriría manejar estos asuntos en privado. En secreto.&lt;br /&gt;      Pero algunos dudan que ellos quieran un debate público. No están acostumbrados a este tipo de hacer política. No es disculpa, para nada. Se debieron abrir desde hace más de cuarenta años. A fin de cuantas es otra manera de dominar un país. Haciendo lo importante a escondidas. Pero ya empezamos a cambiar eso. Si les ganamos ésta, por supuesto.&lt;br /&gt;      Seguimos esperando.&lt;br /&gt;      Te saludan todos por aquí. Alex espera que estés bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Jefa, hoy estoy muy cansado y no pondré muchas posdatas. Te escribo después, Bye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;          te quiere,&lt;br /&gt;                               Emilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      OKEY.&lt;br /&gt;      PD. Casa bien. Yo bien. Vecinos bien. Ciudad bien. Hablo o escribo. Lo que sea más barato. Bien. Bien. Bye.HAy  dsd&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      PPDD               cansado&lt;br /&gt;          cansado&lt;br /&gt;                               c&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Estabamos de pie esperando el semáforo. Eso de viajar en camión a veces era desesperante.&lt;br /&gt;      Pensando en lo que había dicho mi amigo, yo sólo recordaba aquella frase que me tocó leer por ahí: «Supervivencia. No hay más». Eso es lo que contaba. La supervivencia. Le dije:&lt;br /&gt;      —¿Tú crees, Emilio, que amenazamos la sobrevivencia del gobierno?&lt;br /&gt;      Él se quedó pensando un rato antes de contestarme:&lt;br /&gt;—Por el momento no, pero tal vez después… —la cara de Emilio se iluminó, radiante, disfrutando el momento—: pero, respecto al CNH, hazme caso, está bien como dijo Marcelino, la primera reunión fue un desmadre. Nadie entendía nada. Nadie se ponía de acuerdo. Imagínate que en una sociedad tan dispersa y tan distinta...&lt;br /&gt;      Hizo una pausa.&lt;br /&gt;      —Todos nos entendemos a un nivel común, básico. Es cierto que hay muchas corrientes y que, a fin de cuentas, cada quién quiere llevar agua pa' su molino, pero, está bien. Estoy contento. Y le hubiéramos seguido, pero andamos tensos, acuérdate de cuando supimos del bazukazo a la puerta de San Ildefonso.&lt;br /&gt;      Yo volví al ataque.&lt;br /&gt;      —Eso es lo que me preocupa, Emilio. Un bazukazo a una puerta de cuatrocientos años. Esos sardos no tienen la menor idea de qué están haciendo. Son como robots que actúan con órdenes…&lt;br /&gt;      Emilio nada más me veía. Me quedé pensativo por un segundo y continué:&lt;br /&gt;      —O a lo mejor es al revés, son demasiado inteligentes y nos están mandando señales: «no continúen muchachos, se pondrá mala onda...».&lt;br /&gt;      —Alex...&lt;br /&gt;      —A lo mejor deberíamos ser más cuidadosos...&lt;br /&gt;      —Alex...&lt;br /&gt;      —...una cosa es que hagamos valer nuestros derechos justos y darles en la madre a los corruptos y a aquellos animales que están en la policía, pero, ¿y el ejército…? ¿Qué dices?&lt;br /&gt;      —Te pasas de prudente. Que no te oigan los compañeros, Alex, porque te dirán desde derrotista hasta... no sé... otras cosas…&lt;br /&gt;      —Lo que yo digo, Emilio, es que hay que tener cuidado. Nada más eso. No nos vayamos a poner con locos…&lt;br /&gt;      —Más locos que con los que tratamos ahora, no, no creo…&lt;br /&gt;      —Por otra parte, ¿quién escogió a los de la Asamblea?&lt;br /&gt;      —Eso fue asunto de cada escuela. Cada una escogió a tres representantes.&lt;br /&gt;      —¿Y la gente de abajo, tuvo voto?&lt;br /&gt;      —Realmente no lo sé, supongo que sí. Ya me cansé… préstame tú periódico a ver si trae algo interesante. De perdis, ¿no?&lt;br /&gt;      Así lo hice.&lt;br /&gt;      Me puse a ver las caras de la gente que nos rodeaban en el camión. Allá adelante había una señora con un niño en brazos, como de clase media. Eso era porque si fuera de la alta viajaría en su propio auto y hasta con chofer. A dos asientos de ella estaba otro estudiante que seguramente iba para Ciudad Universitaria. Me preguntaba si éste también había votado para elegir a su representante frente al CNH. Posiblemente era de Filosofía, o de Leyes, o de Ingeniería. Después de un momento pensé que podría ser de cualquier lado, pero de que era estudiante, lo era.&lt;br /&gt;      Volteando hacia atrás, de reojo, vi a dos chavas, como de diecinueve o dieciocho años. Sonreían y platicaban. Me preguntaba, ¿qué podría ser lo que les hacía reír? Ese era otro rollo, otro misterio de la existencia que se planteaba: el porqué las cosas de la vida son como son.&lt;br /&gt;      Ya íbamos llegando a la universidad. Nos bajamos a la altura del Estadio Olímpico 68 que ya iba a ser sede de la apertura de las Olimpiadas. Emilio seguía con el semblante optimista, con la cara risueña. Yo, por el contrario, opté por poner cara neutra. Seguía a mi amigo como lo había hecho desde que lo conocí. Sabía qué Emilio era irreflexivo pero no tonto. Él sabría cuándo bajarse también si la situación se pusiera realmente difícil.&lt;br /&gt;      —Puesto que ya llegamos, vamos a buscar a la Aurora, me dijo que estaría en uno de los estacionamientos.       &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estuvimos esperando en la entrada de la cafetería un rato hasta que llegó Aurora, con su característico morral. Hoy andaba vestida de blusa azul y pantalones de mezclilla.&lt;br /&gt;      «Su cara es divina» pensé, mientras la comparaba a otras chavas que pasaban al lado de nosotros.&lt;br /&gt;      Pelo negro lacio natural, ojos grandes, boca mediana, hoyuelo en el mentón, buena figura. Comprendí entonces que estaba prendado de ella desde que la conocí, hacía relativamente poco tiempo. Para mí un compromiso era difícil, todavía más en época de escuela y, sobre todo, yo no tenía coche.&lt;br /&gt;      Emilio siempre me decía que yo me fijaba en las mujeres de una manera exagerada. Siempre tenía otro modo de pensar respecto a las mujeres. Según él, había de dos clases: las que caían al principio, y las que caían al final. Todo era cuestión de dedicación, trabajo, atención y... algo más.&lt;br /&gt;      Ese algo más, pensaba yo, era lo innombrable, lo incomprensible… y desde mi punto de vista, lo inalcanzable. Como en The Knack, según había visto en esa película inglesa, con nombre intraducible, Emilio poseía ese curioso sentido de navegación dentro del mundo femenino que, sin ser él abiertamente favorecido por los estándares de belleza masculina, hacía que gozara de más favores que yo, y que muchos, entre las mujeres.&lt;br /&gt;      Pero ahí estaba Aurora.&lt;br /&gt;      Nos sentamos en una mesa desocupada. Después de saludar comenzó a quejarse:&lt;br /&gt;      —Pues aquí, batallando con la gente...&lt;br /&gt;      —¿Por qué?&lt;br /&gt;      —N'ombre, no me hacen caso estos hombres, les digo una cosa y ellos hacen otra. Les paso el material para filmar y les digo cómo quiero que se haga y ellos, como si nada… ya me estoy hartando de que no me pongan atención.&lt;br /&gt;      —¿A cuánta gente manejas? —Pregunté yo.&lt;br /&gt;      —A cuatro grupitos de los semestres inferiores, a los chavitos, más que nada. A lo mejor es eso lo que me pasa... estoy metiendo chavos muy pequeños. Y ellos no saben nada de lo que son responsabilidades, caramba, que si se les dice que filmen en una parte, lo hagan, que si se les dice que usen ese material, lo usen, tan sencillo como que sigan instrucciones y ¿qué pasa? Nada de nada, que ni filman en el lugar que se les dijo y ellos que usan el otro material, el caro, y pa´cabarla si ya hicieron un mínimo interesante, caso raro, nada tampoco, que lo echan a perder a la hora de editarlo, ¿tú crees? Ya lo dije: me tienen fastidiada.&lt;br /&gt;      —Pero así es al principio, ¿no? —Dije, tímidamente.&lt;br /&gt;      Ella me hizo un gesto de asentimiento casi inadvertido.&lt;br /&gt;      —Es que ellos no saben, creen que porque están en el CUEC ya lo saben todo, y que sólo porque han visto neorrealismo italiano y expresionismo alemán ya eso los capacita para andar filmando en lugares reales con gente real.&lt;br /&gt;      —Pues qué onda, ¿no? —Sólo eso alcanzó a decir Emilio.&lt;br /&gt;      —Y todavía falta lo peor.&lt;br /&gt;      Ella insistía en ver solo a mi amigo.&lt;br /&gt;      —¿…Y qué es?&lt;br /&gt;      —Que no me dijeron que estaba muy difícil que me siguieran dejando filmar las asambleas del CNH. Les dije que ahí estaba la onda, que ahí estaba lo bueno, lo sabroso… Pero, bueno, ellos me dijeron que en las demás asambleas no habría problema para ir a sacar material, y ahí ya pues, algo es algo…&lt;br /&gt;      Aurora sacó unos cigarrillos, le ofreció a Emilio y luego a mí. Emilio se negó y yo también, pero eso hizo que me sintiera secretamente aliviado porque de perdido ella me tomaba en cuenta para fumar. Aurora procedió a encenderlo y a exhalar su humo.              &lt;br /&gt;      Mi entusiasmo decayó sobremanera cuando sonó una voz ronca de detrás:&lt;br /&gt;      —Aurora, ¿cómo estás? —Era un cuate flaco, moreno, con lentes, vestido de mezclilla, con bigote y gran melena, que ni nos peló— ¿Puedes venir tantito?&lt;br /&gt;      Aurora dijo sonriendo:&lt;br /&gt;      —Espérenme un ratito, ¿sí? Y mientras pueden ordenarme un café, ándenle, ¿sí?&lt;br /&gt;      Aurora salió de la cafetería acompañando al tipo.&lt;br /&gt;      Yo pregunté, señalando al tipo con la cara:&lt;br /&gt;      —Y ese güey, ¿quién es?&lt;br /&gt;      —Ah, ese, nadie en especial, un pez, creo.&lt;br /&gt;      —¿Un pez?&lt;br /&gt;      —Sí, un pez, un pescadito, del PECE, PC, partido comunista. Rojillo, pues.&lt;br /&gt;      —¿Y ese qué onda?&lt;br /&gt;      —No sé. Ha de ser amigo de Aurora…&lt;br /&gt;      Emilio seguía comportándose como despreocupado, con esa imagen de no darle importancia más que a un sólo detalle a la vez. Yo seguía con el tema sin dejarlo ir.&lt;br /&gt;      —¿Cuantos tipos de comunistas hay aquí?&lt;br /&gt;      —¿Aquí en CU?&lt;br /&gt;      —Bueno, aquí en CU, en el Poli, en Chapingo, en el movimiento en general...&lt;br /&gt;      Se sentó en una escalera. La gente seguía pasando hacia sus múltiples ocupaciones. Empezó a hablar:&lt;br /&gt;      —Bueno, deja veo, pues tenemos aquí a los comunistas, pero como así los conocen a todos, como que eso les molesta, pero más que nada porque los meten en la misma denominación con todos los demás grupillos y esos los encabrona. Tenemos también a los troskistas, allá están los espartaquistas, por otro lado a los demócratas cristianos, y allá al fondo los maoístas. Todos apoyan a Castro, por supuesto a Vietnam, y al Che…&lt;br /&gt;      —De todo, entonces. Siempre había sabido que aquí en la universidad había muchos priístas y comunistas, pero no creía que había tantos sabores de estos últimos.&lt;br /&gt;      —Sí, pero eso es pura conveniencia y pantalla. Por ejemplo, ahí están los que se dicen priístas. Yo acabo de leer algo al respecto: presuntamente todo aquél que entra en la universidad y que ingresa por ejemplo en Ciencias Políticas o en la Facultad de Derecho, también llega con la idea de que ahí es precisamente de donde salen los presidentes, o a la inversa, que al menos todos los estudiantes en esas facultades ya son presidentes en potencia…&lt;br /&gt;      —¿De la universidad se van al PRI? ¿Así, directamente?&lt;br /&gt;      —¿Pues adónde vas que te quieran más? Mira, Alex, estos chavos cuando entran traen ideas muy revolucionarias, muy de izquierda: adoran al Che, adoran a Fidel (al Castro, al Velázquez lo ignoran, por supuesto), tienen ideas de reformas, tienen idea de cambiar las cosas, se aprenden todas las corrientes políticas y filosofías exóticas y raras habidas y por haber, y, al final, nada de nada, se meten en política, se integran al gobierno y se hacen burócratas respetables.&lt;br /&gt;      Emilio sonreía de manera sarcástica.&lt;br /&gt;      Yo escuchaba a mi amigo con cierta incredulidad. Por momentos, mi respeto y admiración por él crecieron. La dilucidación y explicación de Emilio de la situación me apantallaba tanto, que me creaba nuevas líneas de pensamiento. Hasta entonces estaba convencido de que los comunismos, troskismos y demás ismos eran ideas que llegabas a adquirir después de madurar una idea política básica. Es decir, al revés. Me sentí mal. Me sentí ingenuo. Una vez más.&lt;br /&gt;      Vinieron a pedir la orden y así lo hicimos. Pregunté:            &lt;br /&gt;      —¿Y tú, Emilio? ¿Eres de esas denominaciones?&lt;br /&gt;      —Lo que se necesite... o lo que haga falta. O tal vez no…&lt;br /&gt;      Me miró a los ojos. Me vino a la cabeza, cómo de repente durante la vida cotidiana nunca hablábamos de asuntos importantes. Volví a cambiar el tema:&lt;br /&gt;      —¿Qué vamos a hacer cuando venga Aurora?&lt;br /&gt;      —Lo que ella diga. Ya oíste, ella controla los materiales y las cámaras. Me imagino que volveremos a pedirle que nos tome en cuenta para el siguiente rol y de ahí vemos a ver qué sigue…&lt;br /&gt;      —¿Y qué es lo que sigue?&lt;br /&gt;      —Parece que vienen varias manifestaciones. Y a como he escuchado, vienen impresionantes. Bueno, comparadas con las manifestaciones grandes. Algunos dicen que van a ser más de doscientos mil personas o más. Yo no creo que sean tantos pero quién sabe. La idea con Aurora es que acompañemos a algunos contingentes y filmemos a la gente y a las calles. Tú sabes, las calles son la clave. Siempre las calles.&lt;br /&gt;      —Igual que en mayo pasado en Francia. Ya habíamos hablado de eso...&lt;br /&gt;      —Mmm, no, no creo que esto sea exactamente igual. Ya leí cómo estuvo aquello. Allá fue un mes y si creo que entendí, todo empezó porque balacearon a un lidercillo en Alemania, Danny no sé qué, le decían el Rojo… De ahí hicieron unas manifestaciones que fueron reprimidas fuertemente por el gobierno francés. Después de ahí me perdí, ¿por qué el conflicto llegó a Francia si aquel bato era alemán? Lo que sí es que todo lo importante pasó en Francia. Bueno, luego se hizo un relajo y un desmadre en grande. Barricadas, ladrillos, enfrentamientos con la policía, manifestaciones, paros, la toma de la Sorbona, ¿te imaginas? Ahí oí primero aquella excelente frase de «¡Prohibido Prohibir!» Y también la otra: «¡La Imaginación al Poder!», que ahora parece que están usando muchos. Las van a chotear. Perderán el sentido original.&lt;br /&gt;      Emilio pareció saborear las frases, luego saboreó el café y continuó:&lt;br /&gt;      —Pero, hasta donde yo sé, ahí está De Gaulle todavía y su gobierno parece estar muy firme. No, esto aquí en México, va a ser distinto. La clave va a ser convencer a la gente, porque si no la convences no vas a triunfar. Eso es lo difícil. Vamos a verlo. No tenemos mucha opción. Pero, eso sí, somos optimistas. ¿Qué si no…?&lt;br /&gt;      Aurora volvió en ese momento.&lt;br /&gt;      —¿Qué onda? ¿Me tardé mucho?&lt;br /&gt;      —No, para nada. Nada más el café, de hecho ahí traen lo demás que pedimos.&lt;br /&gt;      La platica derivó hacia los tipos de equipos, de iluminación, de cámaras y de tipos de películas. Yo no intervine mucho. Primero porque no me pedían mi opinión y después, porque pensaba en mi presente.&lt;br /&gt;      En mi presente y en mi futuro.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;                                                                        26 de agosto de 1968&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Querida Jefa:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      La vez pasada se me olvidó comentar que hicimos otra manifestación en la que también juntamos doscientas mil personas una tras otra caminando con el mismo pensamiento.&lt;br /&gt;      Puedo imaginarte preguntando que conseguimos con todo esto de las marchas, manifestaciones, pintas, etc.,&lt;br /&gt;      No negarás que prácticamente casi no hay manera de disentir en este país. ¿De qué sirve estar en la prensa? Se me ocurre una metáfora interesante (eso tú lo dirás): ¿de qué sirve estar en la oposición o en cualquier instancia opositora, si jugamos con las reglas del gobierno (un niñito grandote), jugamos en su cancha y con su pelota?&lt;br /&gt;      No sé si entiendas la metáfora pero piensa en lo que pasa cuando este niñote se propone estar siempre jugando. El día que se le antoje nos quita la pelota y hasta nos expulsa del campo.&lt;br /&gt;      Imagínate la manera. La que quieras.&lt;br /&gt;      Así es la situación: El gobierno es el niño, la Constitución es la pelota, el país es la cancha. Claro que el gobierno necesita contrincantes para las apariencias, tú sabes, y hasta ahora él, o los compra, o usa a sus amiguitos o simplemente juega solo.&lt;br /&gt;      Entonces, ¿qué sucede cuando llegan jugadores nuevos al campo? O más bien, ¿qué pasa cuando llegan jugadores que el niñote ni se imaginaba que tuvieran los tamaños suficientes para jugar?&lt;br /&gt;      Creéme, pasará cualquier situación lo intensamente interesante desde cualquier punto de vista. A lo mejor hasta le quitamos la Pelota, y, quién sabe, hasta la Cancha.&lt;br /&gt;      Pero no te preocupes, al marchar o manifestar en su contra le estamos diciendo al gobierno que no estamos de acuerdo con él, y eso ya es un pequeño triunfo. Le viene a demostrar que no todo es perfecto y que hay muchas manchas en este régimen.&lt;br /&gt;      Y que conste que no queremos una revolución. Una revolución casi seguramente involucra sangre y no es eso lo que queremos. Nos conformamos con cualquier cosa, siempre y cuando esa «cualquier cosa» sea libertad.&lt;br /&gt;      Y al gobierno al parecer no le está gustando.&lt;br /&gt;      Por ejemplo, si la prensa escrita o la televisión no se abren, tenemos que buscar el modo para que la gente se entere.&lt;br /&gt;      Tenemos dos maneras de hacerlo.&lt;br /&gt;      Una, las brigadas de acción y la otra, los mítines relámpago.&lt;br /&gt;      Los brigadistas son aquellos compañeros que se lanzan a las calles ya sea para colocar propaganda, a recoger dinero para la causa, a entregar volantes, inclusive tengo noticias de gentes que se avientan a hacer representaciones como si fueran dramas o teatro.&lt;br /&gt;      El objetivo es claro, ¿no? Tenemos que enterar a la población de nuestra posición discutiéndola en la calle y proponiendo a la gente a pensar o, ya de perdido, a cuestionarse.&lt;br /&gt;      Por el otro lado, tenemos a los mítines relámpago, estos son un poquito diferentes. Ahí lo que se necesita es gente que se anime a hablar y a gritar. Claro, no puede ir cualquiera, uno se expone a mucho, a que te griten, te apedreen; lo peor, a que te cuestionen y que no sepas; y lo peor, a que te lleven los polis o los granaderos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Pero por algo son llamados «relámpagos». Éstos deben ser pero que muy rápido, vas a un lugar como a un mercado o a la entrada de un cine, hasta dentro de un camión, y órale, se empieza a hablar mientras los compañeros reparten la propaganda. Esto debe ser rápido te digo, pues verás, a los mismos agentes del deber mencionados atrás no les gusta mucho.&lt;br /&gt;      Pues esos son los riesgos de la profesión.&lt;br /&gt;      Bueno, noticias no hay muchas... la Cámara de Diputados nos sigue sin hacer caso, como si nadie les hablara. ¿No debería haber un diálogo entre ellos y nosotros? Nosotros los elegimos, bueno, supuestamente.&lt;br /&gt;      Me acaban de enterar que la cifra de presos políticos es ya de ciento veintidós y eso salió en el periódico. No, yo no creo que me vaya a tocar a mí. Pero quién sabe. Sabes que no me gusta exponerme demasiado.&lt;br /&gt;      Bueno, pues el gobierno niega la existencia de éstos, me imagino que dice que si hay presos recientes es porque son del fuero común. He sabido que aprehenden al compañero en cuestión ya sea por entregar propaganda, o por andar pintando o ya sea por defenderse de un ataque de un granadero y ¡zas! la poli que lo agarra y que lo lleva a una delegación y le entrampa con dos o tres delitos, incluido el de «obstrucción a las vías federales» o una tontería de esas.&lt;br /&gt;      Todo es por ideas, insisto. Las ideas son más peligrosas de lo que nadie se imagina.&lt;br /&gt;      Ahí está todo. Una idea genera una reacción en la mente receptora. Una idea genera una respuesta positiva o negativa, a favor o en contra.&lt;br /&gt;      El gobierno quiere suprimir las ideas que no le favorezcan. Y creéme que está poniendo mucho empeño en hacerlo. Para eso están los mencionados artículos de disolución social. ¿Qué o cómo se come la «disolución social»? Yo lo ignoro.&lt;br /&gt;      Pero, y de antemano no me digas ingenuo, jefa, te conozco como eres… Pero yo quisiera vivir en un país en que no me prohiban ser como soy, que me dejen leer o escribir lo que quiero, educar a mis hijos (que los tendré, no lo dudo) de la manera que se me ocurra y, sobre todo, que mi país dé a la gente una mejor oportunidad de vida.&lt;br /&gt;Quiero, además, que ese país sea en donde nací. Esto no es Cuba. Esto no es Estados Unidos de América. No busco el intermedio. Busco lo mejor para mi país. No quiero que una elite en el gobierno decida por mi país en su beneficio.&lt;br /&gt;      Por otro lado, el otro día tuvimos un poco de apertura televisiva. Jefa, tú no sabes ni te imaginas lo que es tener el control de la televisión.&lt;br /&gt;      Dicen gentes que saben de medios de comunicación que la tele no ha tenido la importancia debida, pero que en un futuro próximo podría ser la manera de controlar a un pueblo, si ese pueblo lo permitiera. Lo bueno es que en este país hay muchos lectores de libros y periódicos.&lt;br /&gt;      Pero habrá que tener cuidado.&lt;br /&gt;      Tarde que temprano se tendría que abrir, la presión de los acontecimientos ya era mucha.&lt;br /&gt;      Además, el gobierno se da cuenta del tamaño de los eventos que están sucediendo y que ha aceptado el diálogo. No sé si en sus condiciones o en las nuestras, pero no creas que estamos pidiendo demasiado.&lt;br /&gt;      La palabra clave es «PÚBLICO». Todo debe ser transparente, a la vista al portador. A la vista de todos los involucrados y en este caso es el pueblo mismo. Ustedes allá, nosotros aquí, todos.&lt;br /&gt;      Para acabar, ¿te acuerdas del monumento a Miguel Alemán, el dinamitado, allá en Ciudad Universitaria? Ahí mismo hubo un festival cultural organizado por nosotros.&lt;br /&gt;      Ese festival salió de resultas de la muy mencionada Olimpiada cultural. Quiero que sepas que aquí se dice que esa «monada» está costando mucha, pero mucha lana.&lt;br /&gt;      El objetivo de ésta es «ofrecer un marco para la cultura en medio de un espíritu de paz y bla, bla, bla» y el caso es que huele a gobierno subido.&lt;br /&gt;      Imagínate que a nuestro festival hasta vino José Luis Cuevas y gente de ese calibre.&lt;br /&gt;      Bueno, hoy sigue siendo lunes 26 de agosto y se preparan grandes sorpresas para esta semana. Como dicen por ahí «seguiremos informando...»&lt;br /&gt;como siempre los quiere y extraña&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                     Emilio&lt;br /&gt;                 PD. Casa sigue bien. Yo sigo bien. Vecinos siguen bien. Ciudad más o menos bien. Hablo o escribo. Lo que sea más barato. Bien. Bien. Adiós.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982247821180034?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982247821180034/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982247821180034' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982247821180034'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982247821180034'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/6-impulso.html' title='6. Impulso'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982222187490927</id><published>2006-10-02T13:47:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:50:21.903-07:00</updated><title type='text'>7. Acción</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;2 de septiembre de 1968&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   &lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;QUERIDA MADRE:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En serio que qué semana tan movida. En estos días han pasado muchas cosas. Jefa, tú sabes que yo no soy comunista y se lo he dicho a Alex una y otra vez. Yo no soy de grupo político alguno y quiero seguir así.&lt;br /&gt;    Yo lo que quiero es hacer cine. Eso es lo que me gusta y es todo.&lt;br /&gt;    Pero una vez me tocó leer una frase de un gringo en cuestión, Thomas Paine (no es que yo sea gringófilo, menos en estos tiempos, pero no me ciego y sé que ellos han hecho cada tontería y, sobre todo, en los últimos veinte años que se han equivocado de todo a todo, ahí está Viet-Nam, pero en fin).&lt;br /&gt;    Bueno, te decía que este gringo escribió hace casi doscientos años una frase que me resuena en la mente: «Estos son los tiempos que ponen a prueba el alma de los hombres…»&lt;br /&gt;    Y creéme que así me siento. Estos son tiempos que nos hacen vivir. En todas parte vemos camaradas. En todas partes vemos amigos. En todas partes, en las manifestaciones, en las brigadas, en el día, en las noches. Se siente que estos son tiempos importantes. Tiempos diferentes.&lt;br /&gt;    Me imagino, y eso lo he sabido por lo que he leído, que nadie percibe en su totalidad los momentos que se están viviendo, históricamente hablando. Y no recuerdo o no he leído de un momento del México actual en los últimos cuarenta años, en que tanta tinta se haya escrito de lo que vivimos en la actualidad.&lt;br /&gt;    La sociedad la formamos nosotros. Tenemos un gobierno que decidimos nosotros.&lt;br /&gt;    Sí, así es como debiera ser. Pero no lo es.&lt;br /&gt;    Creo que la mayoría de los mexicanos tenemos grandes esperanzas por salir de todo esto. No, jefa, no es un esfuerzo que se pueda medir de algún modo.&lt;br /&gt;    Pero al menos se respira libertad. Al fin hemos conseguido que el gobierno se vea tal cual es: corrupto, viejo, decrépito. A punto de morir o de que le den la puntilla. Lo que creo es que no será por la fuerza y dudo que haya un derramamiento de sangre.&lt;br /&gt;    No puede haberlo. El ejército es parte de nosotros. Es parte de nuestro pueblo. Somos paisanos. No, no debo de fantasear, quizá no lo sepan o quizá no quieran saberlo.&lt;br /&gt;    Hay que tomar en cuenta Checoslovaquia estos últimos días. Cuando empezó la invasión, su ejército estuvo al menos con su gente y no colaboró con las fuerzas del Pacto de Varsovia. Eso debe de contar para lo que digo. El ejército también es pueblo, ¿no? Es gente.&lt;br /&gt;    El pueblo. La gente.&lt;br /&gt;    Nos volvimos a reunir en masa, jefa. Yo nunca había visto tanto. Eran, éramos más bien, demasiados.&lt;br /&gt;    ¿Sabes cuantas gentes son cuatrocientas mil personas? Son muchas, es más gente que Tampico, más gente que Veracruz, más que la mitad de la población de Monterrey. Y todos juntos teníamos el mismo pensamiento.&lt;br /&gt;    Gobierno, estamos hartos.  &lt;br /&gt;    Mejor con mayúsculas: GOBIERNO, ESTAMOS HARTOS.&lt;br /&gt;    Quizá si le agregáramos signos de admiración: ¡¡¡GOBIERNO, ESTAMOS HARTOS!!!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Es gracioso como cambia un signo el sentido de una frase, de una oración. De ser sólo un comentario, un lamento, ponerle signos de admiración lo vuelve un desafío, un grito de guerra. Un grito profundo que viene desde el fondo de las entrañas...&lt;br /&gt;    Ya estoy desvariando. Pero quisiera que lo que escribo sea tomado como cierto. Te lo reitero una vez más, jefa. Están ocurriendo momentos grandes alrededor de nosotros. Y no es la Olimpiada solamente, no.&lt;br /&gt;    Desde Antropología hasta el Zócalo. Todo, todo Reforma; todo, todo Juárez; la Alameda y luego el Zócalo. Más de cuatro horas marchando. La gente entraba y entraba y se acomodaba. La plaza más grande del mundo y era nuestra. Aunque por poco tiempo si me es preciso decir.&lt;br /&gt;    Pero antes, ¿qué te puedo decir? ¿De qué te puedo hablar?&lt;br /&gt;    ¿De la alegría que vi en los rostros de todos? ¿Del nudo en la garganta que les sucedió a muchos cuando se dieron cuenta de dónde estaban y de qué estaban haciendo allí? Puras emociones diversas entre todos los que allí andábamos.&lt;br /&gt;    Es más, hasta ira tuvimos cuando nos dimos cuenta que uno de los lidercillos, uno que se llama Sócrates, emocionó a la gente conque «debía de haber un plantón permanente hasta que GDO nos hiciera caso». Y la fecha (28 de agosto) según esto, era propicia ya que se venía lo del informe de gobierno para el primero de septiembre.&lt;br /&gt;    A todos nos pareció una provocación obvia, sinceramente. Todos creíamos que eso era como querértele poner enfrente del perro bravo amarrado a la cadena, porque sabías que éste era de los bravos y hasta con rabia. La bronca era que aunque sabías que el perro estaba con cadena, nunca se te ocurrió preguntar o averiguar qué tan larga estaba la mencionada cadena.&lt;br /&gt;    Pues la cadena estaba muy larga y el pinche perro alcanzó a algunos. Y los mordió. El pinche perro.&lt;br /&gt;    Una onda es hacer pintas, otra hacer mítines, otra decir la verdad. Pero exponer a personas civiles desarmadas con soldados y tanquetas, bueno, como que no. Pues que todos nos molestamos con el mencionado Sócrates porque nadie había convenido en eso dentro del CNH.&lt;br /&gt;    La bandera de repente apareció rojinegra en el asta. Algunos aplaudieron. Yo nunca supe si fuimos nosotros mismos o provocadores o infiltrados.&lt;br /&gt;    La provocación, pues, bastó para que salieran de palacio los mencionados soldados y tanquetas. Por supuesto, a correr. En ese momento yo ya no estaba allí pero me platicaron.&lt;br /&gt;    Yo ya andaba de regreso con Alex, Aurora e Isabel, otra chava que estudiaba Economía.&lt;br /&gt;    Pues nada, que me platicaron que al día siguiente llevaron un chorro de burócratas a desacralizar el Zócalo. Desacralizarlo, imagínate que rollo. Como si nada más fuera de ellos.&lt;br /&gt;    Cuentan también que al quitar la bandera rojinegra intentaron poner la bandera mexicana a toda asta y ya te imaginarás también, que se les atora al llegar a la mitad. Media asta, un simbolismo que ni mandado hacer.&lt;br /&gt;    Te comenté en las líneas de arriba lo de Checoslovaquia. No sabes cómo se puso triste más de uno y de una.&lt;br /&gt;    Ya te platiqué que sí hay comunismo aquí en las universidades, y que no te debes de asustar, son gente como uno, pero eso sí, es un rollo mucho menor de lo que se piensa.&lt;br /&gt;    Y bueno, es que hay personas que te ven con pelo largo y que piensa que eres estudiante y asocia inmediatamente la idea de que si eres estudiante con la otra idea de que seguramente ya no crees en Dios y que por eso eres comunista.&lt;br /&gt;    La palabra clave aquí, jefa, es «seguramente». Pero quién sabe.&lt;br /&gt;    Ideas, prejuicios, criterios.&lt;br /&gt;    Total que con eso de la invasión a Praga se les cayó su idolito rojo a varios. Están confundidos, creían que sólo el yanqui es imperialista. Pues no. Sí, jefa si hay gente que lee los periódicos aquí. Algunos también leen revistas en inglés, en francés y hasta en ¡alemán!&lt;br /&gt;    Otros ídolos que caen. La decepción total.&lt;br /&gt;    Ya a estas alturas debiste de haber oído el informe de GDO. La verdad que a mí sí me dio un poco de miedo. Sobre todo aquello de «la ira no me llega...», hasta lo de «sabremos responder», pasando por lo de «hemos aguantado hasta niveles ampliamente criticados». ¿Pues qué traerá este señor en la cabeza? ¿Qué le dirán que está pasando?&lt;br /&gt;    Lo peor de lo que dijo: «...estamos dispuestos a hacer lo que se tenga que hacer para impedir que las fuerzas externas desestabilicen al país o a las Olimpiadas».&lt;br /&gt;    Cómo me dio coraje oír eso. ¿Cuales fuerzas externas? Jefa, te juro que no hay nadie más que nosotros haciendo esto. Nadie nos ayuda más que el pueblo y la gente que coopera. «Fuerzas externas...», estúpido, si el mensaje no tuviera ese tonito siniestro que no acaba de gustarme me estaría riendo.&lt;br /&gt;    Pero no nos vamos a rajar.&lt;br /&gt;    Tenemos que aguantar, tenemos la razón.&lt;br /&gt;    Por lo demás,&lt;br /&gt;    Okey. Dice Alex que agregue a lo anterior «por el momento».&lt;br /&gt;    Ahí está, Alex: «…nos la estamos pasando muy bien, por el momento».&lt;br /&gt;    Te manda saludar, por cierto.&lt;br /&gt;    Te saluda y te quiere&lt;br /&gt;                                                              Emilio&lt;br /&gt;P.D. ¡Que cartota!&lt;br /&gt;P.D: No, no he visto a Paula. Un secreto: A Alex le gusta.&lt;br /&gt;P.D. Ciao. Besos. Todavía no necesito lana. También «por el momento».&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estábamos en el lugar de Aurora. Parecía más bien un taller.&lt;br /&gt;      —Bueno, chavos, la onda es así: Va a ser la Marcha Silenciosa. Va a recorrer toda la ciudad hasta el Zócalo y 'ora sí la vamos a pasar en grande.&lt;br /&gt;      Yo pregunté:&lt;br /&gt;      —Disculpa mi ignorancia Aurora, pero eso de «silenciosa» ¿va a ser en serio? ¿Todos callados?&lt;br /&gt;      —Ajá.&lt;br /&gt;      —¿Se podrá?&lt;br /&gt;      Ya me había dado cuenta que había podido romper el hielo con Aurora, por lo cual  me sentía más a gusto que al principio. Estaba más receptiva y la sentía también cómo más abierta y menos recelosa conmigo. No acertaba todavía a definir cuál era la relación que tenía ella con Emilio pero no creía que fuera muy profunda. Situación la cual no me incomodaba mucho.&lt;br /&gt;      Ella me contestó con seguridad:&lt;br /&gt;      —Debería de ser así. El CNH así lo dispuso. Tú sabes, las provocaciones. Nos han dicho injuriosos, que no mostramos respeto. Que gritamos haciendo escándalo, desmanes, desmadre y todo eso... y pues, no da mucha buena imagen que digamos del movimiento. Si mostramos por el otro lado, respeto, vamos callados, sin gritar, imagínate el espectáculo. Miles de gentes caminando, silenciosos, todos en orden, demostrando su inconformidad. Eso tiene que contar. Se tiene que notar que aquí tenemos ganas de hacer las cosas bien...&lt;br /&gt;      —Y por cierto, ¿cómo va todo? —Le pregunté.&lt;br /&gt;      —¿Por qué no te enteras tú mismo? —Me reprochó— tú también te debes de interesar, Alex.&lt;br /&gt;      Me traté de defender:&lt;br /&gt;      —Nadie me dice nada. Nada más veo movimientos aquí y allá. Pintas, brigadas…&lt;br /&gt;      Intervino Emilio:&lt;br /&gt;      —Lo que quiere decir Alex, Aurora, es que todo mundo trae ondas distintas. Acuerdos en los que el Consejo queda formalmente, muchas veces han salido contradictorios. Unos dicen que quedaron en algo y otros dicen lo opuesto. Hay descontrol entre las escuelas y sus delegados. Incluso yo, y tú me conoces Aurora, que soy apolítico la mayoría de las veces, me han intentado reclutar en algunas causas. Pero me resisto…&lt;br /&gt;      —¿Quién? —pregunté:&lt;br /&gt;      Emilio se encogió de hombros. Sólo dijo:&lt;br /&gt;      —Gentes —se dirigió de nuevo a Aurora—: Pero, ¿qué quieres que hagamos? ¿Quieres que filmemos todo? ¿Traes algo claro entre manos?&lt;br /&gt;      —Sí, escúchenme los dos: quiero que ustedes se pongan a filmar lo más interesante que vean. Que se fijen en los detalles, que registren y caractericen a la gente, tanto a la que participa, como a la que no participa. Que se vean las expresiones, que se vean las caras… Eso es lo que quiero, caras, movimientos, gente, arrugas, expresiones de gusto y de disgusto. Quiero ver a la gente de la banqueta si aprueba o no aprueba el movimiento. Las imágenes deben de mostrar esto. A los participantes quiero verlos con cara triunfal. Que se vean las caras involucradas con el movimiento…&lt;br /&gt;      Yo dije:&lt;br /&gt;      —¿Quieres que le intentemos filmar a los granaderos o a la policía?&lt;br /&gt;      —Ustedes saben, déjenlo a su sensibilidad. Pero no se expongan ni ustedes ni al equipo, y lo más importante: Cuiden el material. Ahora, Emilio, ¿cuál es tu idea?&lt;br /&gt;      —Bueno, pues yo pienso tomar a los lugares, a los vehículos, por supuesto a las caras. A los edificios con contraluces, contrastes y claroscuros a...&lt;br /&gt;      —Perdona que te interrumpa, Emilio, pero, ¿ya sabes qué vas a hacer cuando te quieran llegar los granaderos a no dejarte filmar tus claroscuros o tus ángulos especiales?&lt;br /&gt;      Mientras Aurora y Emilio discutían yo la disfrutaba a mi manera. Ella tenía un cuerpo que, aunque quizá no era especial, sin embargo, para mí… tenía el atractivo suficiente que me llevaba a imaginar lo que habría debajo. Volteé la cabeza de improviso cuando Emilio comenzó a hablar. Me sentí descubierto por un segundo, pero sólo fue en mi imaginación.&lt;br /&gt;      —Pues… correr por supuesto. Meternos en la multitud. Pero ya sabes, nada de provocar ni de mentar madres a nadie. Preguntó Emilio:&lt;br /&gt;      —¿Cuánto vamos a caminar, Aurora? ¿Es mucho?&lt;br /&gt;      —Bueno, si has ido a una manifestación pues… todas son iguales…&lt;br /&gt;      Yo dije:&lt;br /&gt;      —Iba a ir a la del día 13… aquella en la que se juntaron como doscientas mil gentes… pero se me complicó.&lt;br /&gt;      Emilio se entusiasmó:&lt;br /&gt;      —Tienes que estar en forma, Alex. Es mucha friega, tú sabes, más si vas cargando una manta, pero es de alucine. ¡Impresionante! No te la debes de perder…&lt;br /&gt;      —Bueno, mientras tú cargues la cámara yo te acompaño —dije yo.&lt;br /&gt;      Emilio, Aurora y yo nos bajamos de la camioneta en la que un compañero nos llevó.&lt;br /&gt;      Aurora dijo:&lt;br /&gt;      —Recuerden, no se deben dejar agarrar con el material. Son pruebas…&lt;br /&gt;      No quise entender.&lt;br /&gt;      —¿De qué pudieran ser pruebas?&lt;br /&gt;      —Del delito del que te quiera acusar el Agente del Ministerio Público en turno.&lt;br /&gt;      Nos le quedamos viendo. Sentí un pequeño escalofrío.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente era sencillamente increíble. Todos caminando, todos yendo hacia donde mismo. Mismo propósito, mismo pensamiento.&lt;br /&gt;Sacamos el equipo. Vimos las pancartas. Vimos los mensajes. Las gentes que no traían cinta en la boca. Las que sí. Todos nos veían por un segundo. Nos sonreían. Sabían o intuían que estábamos de su lado.&lt;br /&gt;Yo traía la cámara un rato y filmábamos. Tomábamos lo que se nos ocurría. Emilio la traía el otro rato. Nos movíamos rápido. Al principio no había problema. Nos sentíamos ligeros, tal era nuestro entusiasmo.&lt;br /&gt;Al ir cubriendo más y más cuadras caminando, nos empezó a pesar todo el equipo. Como todavía no llegábamos al Zócalo, al mero centro mismo de la ciudad de México, empezamos a racionar el material.&lt;br /&gt;Llegado un punto en una esquina, me tocó ver con el rabillo del ojo a dos policías que estaban muy serios. Los iba a filmar porque, primero, no me estaban viendo a mí; segundo, eran interesantes.&lt;br /&gt;Y estuve a punto de hacerlo de no ser que Emilio me detuvo. Ya le iba a decir algo a señas pero me hizo un gesto con la mano para que me calmara. Y me señaló discretamente hacia un poco más allá de dónde estaban los policías.&lt;br /&gt;Detrás de una columna, entre toda la gente había un tipo también con binoculares y al lado de él había otro con una cámara de cine. El de binoculares era rubio, bien parecido. Se quitó estos nada más lo vi pero lo hizo de manera lenta, como si estuviera acostumbrado a hacer estos gestos con una agilidad estudiada, siempre en control de sí mismo.&lt;br /&gt;Lo demás se me hizo obvio. Era curioso. Parecía que estaba frente a un espejo.&lt;br /&gt;Y era que los tipos éstos nos estaban filmando a nosotros.&lt;br /&gt;Dentro de mi momento de incredulidad, sólo el codazo discreto de Emilio me hizo despertarme. Al instante y de la manera más uniforme posible, deslicé mi vista hacia otro lado y, como no queriendo, me volteé hacia esa dirección.&lt;br /&gt;Emilio me hizo el gesto como de querer tomar otra toma y me estiró del brazo. Inmediatamente nos metimos dentro de la gente, tratando de adelantarnos y de ponernos en otro rumbo con otras secciones. Caminamos más de cuatrocientos metros de manera apresurada pero mostrando tranquilidad y cierta serenidad.&lt;br /&gt;Por el mismo movimiento de la gente me separé de Emilio. Caminaba ya sin la cámara buscando ángulos interesantes de la gente desde la calle. Me metí a una banqueta para hacer mejores encuadres y mientras terminaba de ver hacia atrás de manera intempestiva se me colocó una sombra enfrente de mí. Claramente vi que me sacaba quince o más centímetros de altura. Era el rubio de los binoculares.&lt;br /&gt;El hombre, de cabeza cuadrada, patillas, de un extraño modo no era del tipo de personas que destacasen de entre una multitud, aún con su estatura. No era de los que llamaba la atención. Es más, ni siquiera su pelo era del todo rubio, sino más bien de un castaño claro.&lt;br /&gt;Me vio y sonrió. Empecé a sentir miedo. No estaba acostumbrado a sentirme amenazado. Sus ojos también eran castaños y, la verdad, los sentí bastante duros, fríos, como si él fuera alguien acostumbrado a hacer lo que le placiera y saliera indemne siempre.&lt;br /&gt;Muy tranquilo, me dijo con un tono de voz grave entre susurros pero al mismo tiempo audible:&lt;br /&gt;—Ya te conozco. Ten cuidado. Puede que nos volvamos a ver.&lt;br /&gt;Se me hizo que era del tipo de personas que estaba más a gusto a sus anchas, amenazando. &lt;br /&gt;De manera inconsciente volteé a buscar ayuda. El rubio, casi amable, me tomó del hombro y me soltó de inmediato. Traté de volver a contemplarlo pero él ya no estaba. Miré hacia los lados y no vi rastros. Me invadió una gran tensión. Creí que llegaría a temblar, pero no fue así. Sentía mis manos frías.&lt;br /&gt;En ese instante me sentí desprotegido. Recordaba en ese momento la cara del tipo de manera que quizá nunca podría olvidarlo, pero simultáneamente también sentí que la estaba perdiendo de vista o de enfoque en mi propia mente.&lt;br /&gt;Caminé hacia delante de manera apresurada tratando de encontrar un grupo de gente marchista que se me hiciera familiar. Al cabo de dos minutos me emparejé con uno de los grupos que ya habíamos filmado. En eso vi también a Emilio caminando haciendo como que me buscaba. Hasta ahí llegué con él.&lt;br /&gt;Se me quedó viendo y supuso que algo me había pasado. Yo le traté de decir a como pude, en silencio, que no había sido nada y que luego le platicaría.&lt;br /&gt;Seguimos caminando y ya después no hubo más incidentes.&lt;br /&gt;La cara del rubio ya se me hacía indistinguible y a punto de borrárseme, quizá debido a que era tan ordinaria, pero sentía que si me esforzaba un poco, alcanzaría a visualizar sus ojos fríos, como cuando un detalle particular de una imagen se te queda grabado en la mente, pero no el contexto general de esa imagen.&lt;br /&gt;Acabamos la marcha eventualmente y nos encontramos con Aurora, que nos saludó con el signo de la «V».&lt;br /&gt;—¡Qué hubo, chavos! ¿Cómo les fue?&lt;br /&gt;—¡De película! —Dijo Emilio.&lt;br /&gt;—Perfecto. Vengan, dejen ahí los rollos y cámara.&lt;br /&gt;Así lo hicimos, pero yo ya no me pude concentrar en lo que decían.&lt;br /&gt;Al llegar la noche llegamos Emilio y yo a su casa. A mí el incidente casi se me había borrado de mi mente y sentí que ya no valía la pena mencionarlo.&lt;br /&gt;Emilio se veía radiante, eufórico.&lt;br /&gt;—Yo creo que hoy sí nos lucimos. Tomamos a la gente como queríamos. Aurora va a estar encantada cuando lo vea. ¡Claro que sí!&lt;br /&gt;      —Fue un día redondo —dije yo.&lt;br /&gt;      —Ya lo creo. Juntamos un «buen» de metros de película. Creo que podemos armar algo…&lt;br /&gt;      —Lo único que faltó fue el sonido.&lt;br /&gt;      —Es porque era «silenciosa», güey.&lt;br /&gt;      —Ya lo sé, pero debimos haber grabado de perdis los pasos sobre el pavimento, ¿no?&lt;br /&gt;      —Ya se me había ocurrido pero sería muy aburrido después de treinta segundos. N´ombre, le ponemos música.&lt;br /&gt;      —Okey. Pero la buscas tú en tus ratos libres…&lt;br /&gt;      Emilio se encontraba de extraordinario humor. Yo me encontraba con una sensación que no me había gustado del todo, cuando de repente me acordé de lo sucedido.&lt;br /&gt;      El detalle. El pequeño detalle.&lt;br /&gt;      Lo había olvidado durante un tiempo. Quizás era de ese tipo de minucias que al final no hacen diferencia. Tal vez todo está predestinado. Tal vez no.&lt;br /&gt;      Lo que después me quedó en claro fue sólo el sentir que había cierto ambiente ominoso, al lado del entusiasmo y euforia que naturalmente sentíamos y que corría paralelo al nuestro. Muy cercano, y paralelo, al nuestro.&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      &lt;span style="font-family:times new roman;"&gt; 16 de septiembre de 1968&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      Querida madre:&lt;br /&gt;      Qué rápido pasa el tiempo cuando uno se divierte. Dos semanas sin escribir, casi nada. Pero fíjate que sí han pasado cosas. Vaya que sí han pasado. Las has de haber leído. Algunas al menos.&lt;br /&gt;      El ambiente sigue padre, pero tal vez un poco más tenso. Ha habido de todo y estamos con todo. Hay optimistas incluso que nos dicen que vamos ganando, pero hay otros que dicen también que hemos estado perdiendo desde que nos sacaron del Zócalo.&lt;br /&gt;      Bueno, si insisten en verlo desde esa óptica, adelante. Yo creo que estamos tablas. Ellos, el Gobierno, no han sabido coparnos. Con eso de que insistimos en el diálogo público, no más no saben para dónde hacerse. Tú sabes. El diálogo tiene que ser público, ya te lo he dicho. (Me imagino que ya te dije algo de esto y que sólo me estoy repitiendo, ni modo, como no tengo pasantes no he sacado copias de las cartas, ahí perdóname si me sale lo mismo una y otra vez.)&lt;br /&gt;      Seguimos filmando, este Alex, Aurora y otra muchacha llamada Isabel. Esa es nuestra onda. Estamos filmando todo y lo vamos a sacar algún día. Unos amigos ya sacaron su material y consiguieron un cortometraje y ya nos ganaron el nombre: MÉXICO 68. ¿Tú crees? Se cayeron muertos de la originalidad del titulito. Pero está bien, suena simbólico.&lt;br /&gt;      Ahora procederé a narrar los últimos acontecimientos que suceden a nuestro alrededor. (Ese fui yo en plan formal, pero ese estado no me dura, lástima.) La última vez fue la del Informe, si no me equivoco. ¿Que qué es lo que ha pasado después?&lt;br /&gt;      Te digo que casi nada.&lt;br /&gt;      El CNH respondió al informe y continuó la actividad. Seguimos pidiendo nuestro debate de ideas público. Se puso burocrático el asunto, por lo menos en ciertos aspectos.&lt;br /&gt;      Ayer hubo un mitin interesante en las Tres Culturas. Y de parte del gobierno nadie responde. Ya sabes su estilo: la burocracia al poder. Vaya que es cierto eso que dicen, eso de que la burocracia es un pulpo que devora al tiempo mismo. Bueno, es cierto también, nadie lo dice, la frase es mía pero no es original. Como que hay cientos de miles que si no la han pensado, sí se han percatado de su concepto.&lt;br /&gt;      Por mientras, sabemos que a nuestro querido rector lo tienen presionado. Varios compañeros de por aquí y de por allá sintieron muy feo («gacho», en palabras textuales) que el rector aplaudiera en el Informe de GDO. Yo no creo que eso signifique que con ellos él pone una cara y que con nosotros pone otra.&lt;br /&gt;      Digo. Pues, ¿qué querían que hiciera si él estaba ahí en la Cámara de Diputados al lado de toda esa gente? ¿Qué se pusiera a abuchear? Eso es mucha ingenuidad, caramba.&lt;br /&gt;      Es más, ¿qué hubiéramos hecho nosotros o cualquiera en su lugar?&lt;br /&gt;      Como quiera, yo siento que habría que reconocerlo. Así son los asuntos del poder, desde el poder. Mientras tanto, nosotros en el CNH nos reafirmamos en la lucha y tratamos de enfatizar nuestra verdad a través del diálogo público.&lt;br /&gt;      La lucha está abarcando a mucha gente. Y no sólo estudiantes. Hasta este pintor, Siqueiros, ya dijo en la prensa que se reafirma del lado de nosotros. No, no creo que yo sepa lo que eso signifique en su totalidad. ¿El enemigo de mi enemigo es mi amigo? No sé.&lt;br /&gt;      Al ingeniero Heberto lo siguen mandando golpear. Qué aguante de hombre, en serio, a su edad. No, jefa, ya sé que no es un anciano. Fue un decir.&lt;br /&gt;      Por el lado de los obreros, te he mencionado que es vital el que se nos unan. Y ya están comenzando unos sindicatos a hacerlo. Al mismo tiempo, unos helicópteros están tirando papeles para que la gente se malinforme.&lt;br /&gt;      Dime mamá, yo no sé de helicópteros, yo nunca me subí a uno ni creo que me subiré, pero ¿quién puede estar pagando eso? ¿Quién crees que puede pagar a unos helicópteros para que echen papeles? Tú creéme, ninguna asociación de padres de familia lo podría haber hecho jamás.&lt;br /&gt;      Te lo juro, no me canso de decirlo, ¿a quién quieren engañar?&lt;br /&gt;      Y es así como llegamos a lo mejor de la semana. O quizá del mes. O a lo mejor del año. La Manifestación Silenciosa. O la Silenciosa. Todos sabemos de qué hablamos.&lt;br /&gt;      ¿Cómo se llegó a ese punto?&lt;br /&gt;      Hay cuates que dicen que se le ocurrió a Perelló, que él las había visto en España CONTRA Franco (Eso dice él, según esto).&lt;br /&gt;      Supuestamente se pensó que ya se había dicho mucho al respecto de que los estudiantes eran muy injuriosos cuando manifestaban. Insinuaban que nada nos distinguía de los verdaderos rijosos. Te digo, hacen válida la usual equivalencia estudiante=delincuente juvenil.&lt;br /&gt;      Pues esa fue la causa para que la manifestación se realizara en silencio.&lt;br /&gt;      ¿Te imaginas jefa? Una multi-multi-multitud-tud-tud de gente, un ti-ti-ti-ti-puchal-chal de estudiantes caminando por las calles, todos en silencio, callados, sólo marchando. Todos callados, paso tras paso tras paso.&lt;br /&gt;      ¿Lo habías visto?&lt;br /&gt;      No, nunca lo has visto. Creo que nunca lo verás. Estudiantes, trabajadores, obreros, empleados, amigos. Sonrisas, signos de paz, estrechones de manos, gestos, sólo gestos. Gente con cinta en la boca. No sé mucho de simbolismos pero creo que le enseñamos al gobierno que también somos responsables, pero no por ellos, sino con nosotros mismos.&lt;br /&gt;      Según los organizadores, fuimos quinientos mil personas; según la policía y los oficialistas, que fueron sólo doscientos cincuenta mil.&lt;br /&gt;      Supongamos que sólo fuimos doscientos cincuenta mil…&lt;br /&gt;      Pero su pequeña mente de gorila no permite comprender que somos doscientos cincuenta mil que nos exhibimos, que tenemos edad de pensar, que vivimos en la capital, que no estamos con el gobierno.&lt;br /&gt;      De que me exalto me exalto, y no estoy jugando.&lt;br /&gt;      Yo a lo mucho conoceré o habré visto alguna vez, en persona, a lo mucho mil. Desconozco a los restantes doscientos cuarenta y nueve mil. Se me hace incomprensible tanta cantidad de gente. Pero a esos doscientos cuarenta y nueve mil, como si los conociera. Sería de cada uno su amigo, su confidente, no lo sé. Claro que también algunos me caerían mal. Pero no importa, hoy estuvimos, estamos juntos aunque no nos conozcamos. Eso es lo maravilloso de juntarse en una manifestación por lo que crees. Estás con amigos. Todo mundo viendo hacia donde mismo.&lt;br /&gt;      Platicando con un maestro de una facultad, no sé cual de todas, me decía del anonimato y de las costumbres tribales y de los efectos que les suceden a las masas y no sé que rollos más. No me importa.&lt;br /&gt;      Cierro los ojos y recuerdo a la Silenciosa y me hace sentir feliz, y optimista.&lt;br /&gt;      En fin, ésta es ya ni sé, la quinta o sexta marcha en la que estoy, y cada una tiene lo suyo, lo que la hizo especial.&lt;br /&gt;      Claro, hubo detalles desagradables. Allí estuvieron al pendiente las patrullas, las granaderas. No sé si nos tienen miedo o si nos odian. Creo que algunos están enojados con nosotros porque están acuartelados. Me imagino que no pueden ver a sus familias, ni a sus seres queridos. ¿Tendrán seres queridos, acaso? Algunos de por aquí hasta lo ponen en duda.&lt;br /&gt;      A veces me pregunto sin que Aurora o Alex o Isabel (luego te platico de ella) sepan: ¿Iremos a conseguir lo que buscamos? Sería simple decir que lo que buscamos es lo del pliego. El pliego, el famoso pliego petitorio con seis sencillas peticiones. He visto las copias y me pregunto:&lt;br /&gt;      ¿Será cierto que estamos haciendo todo esto por lo que dice este papel?&lt;br /&gt;      ¿Será cierto que se mueve tanta gente en la búsqueda de la consecución de esos puntos?&lt;br /&gt;      (Por cierto, he notado que mi vocabulario ha aumentado de unos meses para acá, ha de ser que yo quisiera ser orador también en mi interior.)&lt;br /&gt;      Por lo menos en lo que respecta al artículo 145 (el cuarto punto del pliego) ya se acabó de demostrar hasta el cansancio de que es ilegal. De que está mal, muy mal.&lt;br /&gt;      Yo creo que esto se tiene que solucionar y pronto. La tensión está creciendo a momentos.&lt;br /&gt;      No veo porqué no. Primero las Olimpiadas son ya el 12 de octubre, a menos de un mes. Algo tiene que salir de todo esto. Quizás haya una suspensión de parte de nosotros o quizás haya una tregua.&lt;br /&gt;Se habla inclusive de una tregua Olímpica. Otro gesto simbólico, como si estuviéramos en una guerra.&lt;br /&gt;      No creo que lleguemos a boicotear las Olimpiadas, pero hay cada gente loca que quién sabe. Somos muchos. Y hay de todo, tenemos muchas ideologías.&lt;br /&gt;      Pero lo más importante es resistir la provocación.&lt;br /&gt;      Mis contactos allá arriba dicen que lo más seguro es que el gobierno está dividido. Unos quieren pactar, otros quieren mano dura (¿más?), otros están indecisos. Otros no saben literalmente qué hacer y quieren darle largas al asunto.&lt;br /&gt;      Por cierto, hay otro detalle que me preocupa ahora y, te lo juro, que me da vueltas en la cabeza. Y hace que el estómago se me revuelva un poquito, cuando pienso en eso. Lo que pasa es que Alex lo leyó en el periódico, medio escondido entre las esquelas, una nota referente a nuestra H.H.H. Cámara de Senadores: «Los senadores apoyan el uso de las Fuerzas Armadas».&lt;br /&gt;      Me dio escalofríos.&lt;br /&gt;                &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                  feliz pero preocupado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                                                 Emilio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.D. Ayer fuimos al Grito del Zócalo nada más por ver y Aurora y yo nos casamos de mentiritas: Me pareció que Alex estaba muy distante en ese momento. Hubo de todo incluyendo gente que le gritó de maldiciones e insultos a GDO, pero la música no dejó que se oyeran bien. GDO probablemente está molesto. Me alegro. JA-JA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;P.P.D.D. Bye.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                                                  19 ó 20 de septiembre de  1968&lt;br /&gt;      Querida madre:&lt;br /&gt;     &lt;br /&gt;      Lo increíble pasó. Todavía estoy helado. Lo inesperado. Lo nunca visto. Lo impensable. Praga en México. Y no me refiero a la Primavera, exactamente: Nuestro Glorioso Ejército Mexicano, con sus huestes, invadió la temible Ciudad Universitaria el pasado día de ayer.&lt;br /&gt;      Es justo decirte que estamos en total estado de shock. De no haber estado allí hubiéramos jurado que eso era imposible. Nada tiene sentido en estos momentos. No estamos jugando igual, de hecho es la primera vez que estoy sintiendo miedo real de que algo malo pueda pasar.&lt;br /&gt;      Eran como más de diez mil soldados y dijeron que la ocuparon porque las autoridades universitarias así lo pidieron. ¿Tú crees? ¿Qué autoridades fueron si están la inmensa mayoría con nosotros?&lt;br /&gt;      Como mil quinientos compañeros. Incluso un anciano, con su nieta o nieto. Todos apresados como ccriminales. No lo puedo describir. Me siento tan mal. Aohra siento decepción, desilusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La universidad pisada, y no es que le conceda mucho a todo esto, pero piensa en el maldito simbolismo, caramba... me siento desmoralizado.&lt;br /&gt;      También la XEUNAM fue censurada, ya no le permitieron transmitir.&lt;br /&gt;      No sé lo que va a pasar&lt;br /&gt;      Estuvimos filmando cualquier cosa pero fue mínimo&lt;br /&gt;Nos salimos volando por ventanas, pasillos y corredores. No por nada tenemos algún tiempo conociendo por aquí…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(en que me quede?????)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ha pasado algo de tiempo&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;algunas cosas se están pecipitando como si...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;perdón, perdí la idea...&lt;br /&gt;no te preocupes luego te compongo esto... a lo mejor ni te&lt;br /&gt;lo envío&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;luego te la envío no he tenido tiempo hoy ni ayer&lt;br /&gt;estamos trabajando mucho&lt;br /&gt;no, nada ilegal no t epreocupes&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;hay mucha gente aquí y ya no puedo escribbbir me están pidiendo la mquina muy seguido para esténciles y no puedo completr nada liado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;no sé si pueda seguir escribiéndote, jefa, me voy a ocupar. inmediatamente cuando esto se tranquilice me comunicaré&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;me cuidaré...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; te lo prometo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pd Te quiero mucho pierde cuidado&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Rúbrica)&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los días fueron pasando rápidamente.&lt;br /&gt;      Algo sucedía con Emilio porque cuando yo hablaba con él, traía de entrada un humor de los mil diablos. Sé que cada vez menos veía a Aurora. Creo que traía una rabia y enojo interior muy raros, pero, lo curioso, era que ese estado se le pasaba un rato más tarde y parecía estar después ya muy relajado. Por un instante pensé que andaba con mota…&lt;br /&gt;      Siempre que lo andaba buscando en su casa, me tocaba saludar a la sirvienta o ama de llaves o señora de compañía o qué sé yo. Él le decía «la señora Alcira».  Una mujer no muy joven, con mucha distinción, muy seria.&lt;br /&gt;      A su mamá yo la veía poco. Luego supe que iba mucho para Hermosillo y cada tanto volvía a la capital. Era una buena mujer, como todas las mamás, muy preocupada por su hijo, tratando de estar comunicada con él. Eso sí, se notaba que eran muy unidos. «Chiqueaba» mucho a Emilio y, éste, muy natural, en su papel, trataba de aparentar que no le gustaba.&lt;br /&gt;      Aurora, para esto, me había encargado trabajar en las ediciones de las tomas a como pudiera. Pero a veces yo también estaba en el campo. Filmamos algunas cuántas asambleas con el Consejo, ya ni me acuerdo de cuántas, siempre desde el presidium. Pero eso sí, siempre sin molestar o intervenir. Estuvimos yendo tanto que ya saludábamos siempre a los cuates delegados, algunos de ellos ya nos veían como partes integrantes. Es más, un día me preguntó uno, de apellido Fabio, que por qué yo no votaba allí dentro.&lt;br /&gt;      Le contesté que yo no era representante. De tanto verme por allí él pensaba que sí lo era. Me regaló unos papeles que había escrito en esténcil para repartir. Los guardé para leerlos después. Así nos llenamos de mucha literatura. ¡Claro! Mucha acababa en el piso.&lt;br /&gt;      La vez del Grito yo, como últimamente me pasaba, estuve en la periferia de las celebraciones. Aurora y Emilio se la pasaron bien según me dijo luego éste, cosa rara el que anduvieran juntos. Supongo que eran rachas. Yo me quedé leyendo ya que siempre me fastidiaron las Fiestas Patrias.&lt;br /&gt;      Yo no estaba en la mera universidad cuando sucedió la invasión de la noche del 18 de septiembre. De hecho, a mi me tocó ver algunos convoys con soldados pero nunca me imaginé adónde iban y con qué propósito. Emilio, por lo que me enteré después, tampoco. Creo que estaba durmiendo con Aurora en el departamento de una amiga de ésta.&lt;br /&gt;      En realidad no sé si estaba durmiendo o acostándose con ella. Sí hay diferencia: los amigos dormimos, los que somos más que amigos nos acostamos. ¿Suena un poco cínico? No lo sé, pero así es.&lt;br /&gt;      En ese momento lo único cínico era la actitud de nuestras fuerzas armadas. O al menos así nos parecía.&lt;br /&gt;      Aquello fue el caos. Agarraron como a doscientos y ocuparon la mayoría de las instalaciones. Miembros del Consejo corrieron como pudieron, hacia las arboledas, hacia las piedras, hacia los espacios abiertos. Algo grave estaba ocurriendo.&lt;br /&gt;      A los dos días estaba en una cafetería del rumbo a la que íbamos seguido cuando se me acercó un amigo de Aurora.&lt;br /&gt;      —¿Tú eres Alejandro, verdad? Mensaje de Emilio.&lt;br /&gt;      Me entregó un papel doblado. Ni siquiera me dio oportunidad de decir nada. Sencillamente se fue. Lo leí: «Nos vemos en la casa de la Güera.  E. y A.».&lt;br /&gt;      La Güera era una amiga de Aurora que conocimos en la Silenciosa. Conocimos a mucha gente de todas partes. El caso de la Güera era que su depto estaba en una colonia bien. Y las demás, pues, en unas no tan bien.&lt;br /&gt;      Pero lo que más me llamó la atención fue lo de «E. y A.». Mucha familiaridad. A lo mejor ya pasaba lo que me resistía a pensar. Bueno, me resigné. La Güera estaba bien, como quiera. Llenita, pero bien en general. Bonitos ojos. Buena presencia. Por lo demás, me sentí idiota.&lt;br /&gt;      También me sentí que ya no podía hilvanar descripciones. Como si las ideas ya no tuvieran forma. Como si las emociones se limitaran cada vez más a lo objetivo y las descripciones más a lo subjetivo.&lt;br /&gt;      Bueno, la cara de la Güera también se me nubló. No importaba ya. Cada paso que dábamos nos acercaba más al abismo. Y lo peor es que no lo sabíamos. Algunos nunca alcanzaron a saberlo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982222187490927?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982222187490927/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982222187490927' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982222187490927'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982222187490927'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/7-accin.html' title='7. Acción'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982201143066810</id><published>2006-10-02T13:45:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:46:51.436-07:00</updated><title type='text'>8. Reacción</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;La violencia vino y, como bola de fuego, nos envolvió y nos consumió. A todos.         &lt;br /&gt;La vida normalmente se presenta a la mayoría de los mortales como un transcurrir tranquilo sin altibajos notables, tales como un nacimiento, una ocasional fiesta de cumpleaños, una primera comunión quizás, un noviazgo, una boda, los hijos y el ciclo se repite.&lt;br /&gt;      Similar a la frase aquella que reza: «la mayoría de los hombres viven una vida de intensa y silenciosa desesperación», más bien ¿no será que la mayoría de los hombres y mujeres viven una vida de un tranquilo o intranquilo, feliz o infeliz, anonimato, en donde nunca pasa nada o nunca se dan cuenta de que es el Mundo el que pasa a su alrededor? ¿No será que la gente anónima sólo es testigo de los cambios, sólo comparsa de las grandes decisiones, positivas o negativas, que son tomadas por los hombres que manejan sus destinos desde las alturas de un Palacio de Gobierno o de un Banco Nacional o de un Alto Tribunal de Justicia?&lt;br /&gt;      El día tras día es eso, día tras día repleto de hechos intrascendentes para nadie excepto al nivel personal de cada individuo y su respectiva familia.&lt;br /&gt;      Pero los hechos intrascendentes de los individuos están condenados a ser parte de los trascendentes de las naciones cuando, por obra del destino o por obra de una voluntad manifiesta, confluyen en el mismo momento, en el mismo lugar. Cuando lo anterior sucede, las consecuencias son notables y dignas de mencionar y recordar en el futuro. También podrían ser trágicas. Tristemente trágicas.&lt;br /&gt;      ¿Quiénes los agresores? ¿Quiénes los agredidos? La violencia es una y todos somos parte de ella. Al final nos consume a todos por igual.&lt;br /&gt;      Hay momentos en la vida que queremos evitar recordar.&lt;br /&gt;      No sé si existe un mecanismo en la mente de la gente que la bloquea para hacerle recordar la verdad. La verdad puede ser muy dura.&lt;br /&gt;      Y no hay nada que se le pueda parecer, por lo menos en mí caso cuando la recuerdo, porque yo, el recuerdo, lo vuelvo a vivir. ¿O más bien sería «yo, el recuerdo», lo vuelvo a morir?&lt;br /&gt;      Los hechos se presentaron en sucesión rápida y sin misericordia.&lt;br /&gt;      El dos de octubre no lo recuerdo o quizá sí. Una parte de mí murió ese día y una parte de mí nació ese día. Y, como en todos los partos, ese día también hubo sangre y ese día también hubo dolor. Y no estuve ahí pero sí lo estuve. Las impresiones. Todo no fueron más que impresiones. Más que palabras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que supe fue, que ese día, dos de octubre, la plaza estaba llena:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;        REUNIÓN.&lt;br /&gt;        PLAZA.&lt;br /&gt;        GENTE.&lt;br /&gt;        TARDE.&lt;br /&gt;        ESTUDIANTES.&lt;br /&gt;        VIGILANCIA.&lt;br /&gt;        PIRÁMIDES.&lt;br /&gt;        ESTRUCTURAS.&lt;br /&gt;        EDIFICIOS.&lt;br /&gt;        IGLESIA.&lt;br /&gt;        REUNIÓN.&lt;br /&gt;        PAZ.&lt;br /&gt;        ESPERANZA.&lt;br /&gt;        IDEALISMO.&lt;br /&gt;        ENTUSIASMO.&lt;br /&gt;        DECISIÓN.&lt;br /&gt;        DUDA.&lt;br /&gt;        ORADOR.&lt;br /&gt;        POLICÍAS.&lt;br /&gt;        CAMIONES.&lt;br /&gt;        SOLDADOS.&lt;br /&gt;        DESCONFIANZA.&lt;br /&gt;        CERCO.&lt;br /&gt;        TEMOR.&lt;br /&gt;        HELICÓPTERO.&lt;br /&gt;        BENGALA…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NO PUEDE SER ESTO. ¿QUÉ NOS ESTÁ PASANDO?&lt;br /&gt;PARECE QUE ESTAMOS EN GUERRA.&lt;br /&gt;TODO ME PARECE SANGRE.&lt;br /&gt;LA VIDA SE ESTÁ ESCURRIENDO.&lt;br /&gt;LA LLUVIA. LA BENGALA. EL FOGONAZO.&lt;br /&gt;ESTÁN MARCHANDO. ALLÁ HAY UNA BAYONETA.&lt;br /&gt;ÉSTE NO SE MUEVE.&lt;br /&gt;LAS BALAS. LOS GRITOS. EL MIEDO. LA TENSIÓN.&lt;br /&gt;TODO ME ENVUELVE. DIOS, ¿DÓNDE ESTÁS?&lt;br /&gt;NO ME PEGUE. NO LLORES.&lt;br /&gt;CIERRO LOS OJOS.&lt;br /&gt;EL RESPETO…&lt;br /&gt;NO PUEDE SER. NO PUEDE PASAR. ESTO ES MÉXICO, SEÑORES.&lt;br /&gt;LOS VALIENTES NO ASESINAN&lt;br /&gt;ALLÁ VAMOS. BATALLÓN OLIMPIA.&lt;br /&gt;EL DERECHO AJENO…&lt;br /&gt;MANO VENDADA. SANGRE. LLUVIA. GOTAS. ASESINOS.&lt;br /&gt;HELICÓPTERO.&lt;br /&gt;ES LA PAZ…&lt;br /&gt;SEÑOR, YO NO HICE NADA.&lt;br /&gt;LA SANGRE. LA SANGRE. MI SANGRE. TU SANGRE.&lt;br /&gt;NUESTRA SANGRE.&lt;br /&gt;UNA BAYONETA SE ACERCA Y DESGARRA LA ROSA.&lt;br /&gt;EL FUSIL. EL SOL.&lt;br /&gt;APARECE MI VIDA Y TU VIDA. SOMOS MUCHOS.&lt;br /&gt;BALAZOS. UN NIÑO SE ENCUENTRA…&lt;br /&gt;ESTA TARDE VI LLOVER…&lt;br /&gt;PLOMO.&lt;br /&gt;MUCHA SANGRE VI…&lt;br /&gt;CORRER.&lt;br /&gt;¿DÓNDE ESTABAS TÚ?&lt;br /&gt;MÉXICO. EL PRADO. LA GENTE. EL GRITO DE MUCHOS.&lt;br /&gt;NO PUEDE SER.&lt;br /&gt;OLIMPIADAS. VACÍAS DE LUZ. UNIFORMES. PISTOLAS. GRACIAS.&lt;br /&gt;YO NO ME LLAMO…&lt;br /&gt;YO NO FUI…&lt;br /&gt;YO NO SOY…&lt;br /&gt;NUNCA PODRÉ LLEGAR A SER...&lt;br /&gt;BOMBERO / DOCTOR / ABOGADO / SOLDADO&lt;br /&gt;SOLDADO. SOLDADO.&lt;br /&gt;NO. LA SANGRE. LA ROSA. LA ESPINA. EL DESGARRE. LA MUERTE.&lt;br /&gt;LA VIDA.&lt;br /&gt;EL SOLDADO. EL NIÑO. EL HOMBRE. EL ANCIANO.&lt;br /&gt;HOMBRE. MUJER. VIDA. MUERTE. INFINITO.&lt;br /&gt;NO DURARÁ MUCHO. YA VA ACABAR.&lt;br /&gt;LA LLUVIA. LA NOCHE. EL GOBIERNO. LA VIDA.&lt;br /&gt;UN HELICÓPTERO QUE RONDA Y NOS ENVUELVE.&lt;br /&gt;HÉLICE. HÉLICE. HELICOIDAL.&lt;br /&gt;QUE LLEVAS UN MENSAJE DE MUERTE.&lt;br /&gt;SONRISAS. ENTUSIASMO. ESPERANZA. FUTURO. INFINITO. FRÍO.&lt;br /&gt;CHARCO DE AGUA. CHARCO DE SANGRE.&lt;br /&gt;LA PAZ. LA BAYONETA.&lt;br /&gt;GUIRNALDA DE OLIVA.&lt;br /&gt;GUIRNALDA DE OJIVA.&lt;br /&gt;GUIRNALDA DE BALA EXPANSIVA.&lt;br /&gt;APRISA. APRISA. SI QUIERES VIVIR DETENTE.&lt;br /&gt;¿O QUIERES MORIR?&lt;br /&gt;ALTO. ALTO. NO. SANGRE. SANGRE. AGUA. LLUVIA QUE PURIFICA.&lt;br /&gt;FUEGO QUE PURIFICA.&lt;br /&gt;AIRE QUE PURIFICA.&lt;br /&gt;TIERRA QUE PURIFICA.&lt;br /&gt;GOBIERNO. PUEBLO. EJÉRCITO. SOLDADO. MUERTE. VIDA.&lt;br /&gt;ESPERANZA. NO. ESTALLIDO. NO VEO NADA. TODO ES OSCURO.&lt;br /&gt;MI FUTURO ES OSCURO. MI VIDA ES OSCURA.&lt;br /&gt;NO HAY NADA DESPUÉS.&lt;br /&gt;DIOS, ¿ESTÁS AHI? NO TE VEO. NO TE OIGO. HÁBLAME.&lt;br /&gt;MUÉVETE. NO TE DETENGAS.&lt;br /&gt;NO. NO. NO DISPAREN. DISPAREN. DISPAREN.&lt;br /&gt;NO HABLES. NO TE MUEVAS. NO RESPIRES. NO SUSPIRES.&lt;br /&gt;NO POR FAVOR. NO EXPIRES.&lt;br /&gt;ARRIBA. CIELO. NUBES.&lt;br /&gt;AGUA QUE CAE COMO ÁGUILA QUE CAE.&lt;br /&gt;MATANZA. MUERTE. VIDA.&lt;br /&gt;UN DÍA HABRÁ UNA ESPERANZA.&lt;br /&gt;NADA ES EN VANO. NO PUEDE SER EN VANO. ESTO DEBE SER OÍDO.&lt;br /&gt;ESTO NO PUEDE SER.&lt;br /&gt;ESTO NO EXISTE. TÚ NO EXISTES. LA BALA NO EXISTE.&lt;br /&gt;ESTA SANGRE NO EXISTE.&lt;br /&gt;MI SANGRE NO EXISTE.&lt;br /&gt;MI PATRIA ES PRIMERO.&lt;br /&gt;HUECO. VACÍO. NECIA PALABRA. DIÁLOGO.&lt;br /&gt;SÓLO QUERÍAMOS DIÁLOGO.&lt;br /&gt;QUIERO VIVIR. QUIERO VIVIR. QUIERO VIVIR. Y NO ME ESCUCHAS.&lt;br /&gt;NUNCA ME ESCUCHASTE.&lt;br /&gt;NUNCA ME QUISISTE ESCUCHAR.&lt;br /&gt; Y SÓLO PORQUE ME TUVISTE, ¿MIEDO?&lt;br /&gt;INCREDULIDAD.&lt;br /&gt;Y YO CREÍA QUE ERA YO QUIEN TE TENÍA MIEDO.&lt;br /&gt;FUERZA. VIOLENCIA.&lt;br /&gt;NUNCA GANARÁS SOBRE LA SANGRE DERRAMADA.&lt;br /&gt;EL RECUERDO TE SEGUIRÁ.&lt;br /&gt;Y LA HISTORIA TE RECORDARÁ.&lt;br /&gt;QUIERO VIVIR. QUIERO VIVIR. QUIERO VIVIR.&lt;br /&gt;QUIEROVIVIRQUIEROVIVIR&lt;br /&gt;PERO TÚ…&lt;br /&gt;TÚ… NO QUIERES QUE YO…&lt;br /&gt;VIVA…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;GRITOS.&lt;br /&gt;SUSURROS.&lt;br /&gt;SOLLOZOS.&lt;br /&gt;MIEDO.&lt;br /&gt;TEMOR.&lt;br /&gt;LLUVIA.&lt;br /&gt;MOJADO.&lt;br /&gt;SILENCIO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SILENCIO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;SILENCIO.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;YA QUE MAS DÁ…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nunca podré dar más que las palabras aisladas de lo sucedido. No, no estuve allí, pero mi dolor sí estuvo, está y estará mientras viva. Y al mismo tiempo nada será suficiente para acallar mi dolor de que no estuve allí.    &lt;br /&gt;      Todo ha sido sentido de segunda o tercera mano. A mí me lo contaron así y creo que nunca sabré si fue la pura verdad o la más cruda exageración.&lt;br /&gt;      Lo único que sé del día siguiente, tres de octubre, es que allí en Tlatelolco, la plaza estaba vacía, cómo muerta.&lt;br /&gt;      Y que mi pesadilla comenzó allí mismo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982201143066810?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982201143066810/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982201143066810' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982201143066810'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982201143066810'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/8-reaccin.html' title='8. Reacción'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982188329844197</id><published>2006-10-02T13:43:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:44:43.316-07:00</updated><title type='text'>9. Resaca</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;ESTABA NERVIOSO en la caseta telefónica, mirando a todas partes con disimulo. Me imaginaba el teléfono en la gran casona: lo escuché sonar y sonar. Descolgaron. Dijo una voz metálica:&lt;br /&gt;      —¿Bueno?&lt;br /&gt;      Lo que más me temía. Al fondo se escuchaba la televisión con volumen fuerte.&lt;br /&gt;      —Bueno, ¿señora Abreu?&lt;br /&gt;      —¿Sí? ¿Diga? ¡Más fuerte que no lo escucho muy bien!&lt;br /&gt;      La voz sonaba como desconfiada. Alcé la voz sólo un poco.&lt;br /&gt;      —¿Sabe usted quién soy yo?&lt;br /&gt;      Hubo un pequeño silencio.&lt;br /&gt;      —¡Ah, sí! Claro…&lt;br /&gt;      Quise tragar saliva. Sentí que la voz se dulcificaba. Continué:&lt;br /&gt;      —Señora Abreu… no sé si ya sepa las noticias… Y no sé si yo sea el que deba de contárselas...&lt;br /&gt;      La voz de la señora me contestó quedamente:&lt;br /&gt;      —Me imagino —y agregó sin dejar decirme nada—: ya sé para qué me hablas. Te estaba esperando.&lt;br /&gt;      —Señora, yo...&lt;br /&gt;      Fue lo único que alcancé a decir, sin entender del todo. La señora me interrumpió:&lt;br /&gt;      —Sí, m’ijo, dime, ¿cómo te fue en lo que estabas haciendo? Porque estabas haciendo algo de la escuela ¿verdad?&lt;br /&gt;      La sorpresa en mi extremo de la línea fue total. Pareciera como si alguien estuviera jugándome una broma macabra. Recobrando la compostura de la mejor manera posible, traté de continuar como pude:&lt;br /&gt;      —Señora, espéreme, yo no soy Em...&lt;br /&gt;      Volví a ser interrumpido. Mientras el valor del que había hecho acopio se me esfumaba rápidamente, ya no sabía si podría mantener el tono de voz y el volumen al ir la emoción ocupando en la plática rápidamente el lugar de la razón.&lt;br /&gt;      La voz de la señora resonó, la de ella sí, con fuerza:&lt;br /&gt;      —Shhh, Emilio, ¿otra vez con tus bromitas? Ya sabes como me fastidian. ¿Dime ahora a quién estás jugando que eres ahora? No, no me digas, déjame adivinar. ¡Ah, ya sé!, eres un entrevistador de la radio...&lt;br /&gt;      —Señora Abreu, no sé de qué me...&lt;br /&gt;      —Espera. ¡No! ¡Ya! Eres el doctor haciendo la consulta por teléfono, como la última vez. Sí, ¿verdad?&lt;br /&gt;      Esto estaba mal. Traté de componer la situación.&lt;br /&gt;      —¿Señora, se encuentra usted bien?&lt;br /&gt;      —Claro, doctor, claro que sí… si acaso estaba un poco preocupada por usted, hacía mucho tiempo que no me hablaba ni se reportaba a su casa, ¿eh? Mira qué doctor tan desobligado, ¿eh? —no aguantó mucho la «charada» que yo le estaba «jugando» porque exclamó—: ¡Ay m'ijito! Ya estaba muy preocupada. Y en la radio y televisión puras noticias de problemas en la calle. Y tú andando metido por ahí. No te ha pasado nada, ¿verdad?&lt;br /&gt;      La voz de la señora denotaba una clara confusión. Sin saber qué hacer sólo dije lo primero que me llegó a la mente:&lt;br /&gt;      —Señora Abreu, yo...&lt;br /&gt;      —¡Y ya no me digas señora, Emilio! Ya basta. No me hagas enojar. Ya no quiero jugar a como acostumbras. ¿Por qué no me habías hablado? Seguramente me estás hablando porque ya se te acabó el dinero, ¿verdad…? Emilio, contéstame. Ya no te voy a regañar. ¿Vas a venir? ¿A qué horas vienes? Porque ya va a ser hora de cenar…&lt;br /&gt;      —Señora...&lt;br /&gt;      —¡Ya basta, Emilio, o dejas de jugar y me dices «mamá» o «jefa» o como te de la gana, o te cuelgo en este mismo instante!&lt;br /&gt;      Me resistí, juro que me resistí. Pero fue inevitable. El silencio ya se había extendido de más, tuve que decirlo:&lt;br /&gt;      —Sí, j-j-efa, —titubeé e hice otra pausa—: Me tengo que ir, te habló después. Tal vez mañana.&lt;br /&gt;      —Pero me hablas, Emilio Abreu Campuzano, no me quedes mal otra vez, ¿eh?&lt;br /&gt;      —No, no te preocupes.&lt;br /&gt;      —No te preocupes… qué, ¿eh?&lt;br /&gt;      —No te preocupes… jefa.&lt;br /&gt;      Los dos colgamos. Vi el teléfono, negro y con su cable en espiral, indiferentes. Me quedé confundido, preocupado.&lt;br /&gt;      Yo solo me había puesto una soga al cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enteré después. El ambiente estaba tenso y la desbandada era general. La gente se rehusaba a dar información. ¿Pero a quién culpar de eso? Es totalmente natural que tengas en primer lugar a tu familia, a tu gente, a tu casa. En tiempos de extrema supervivencia inclusive se permite la traición, dicen. Y tal vez no era ese el caso, pero nadie quería estar inmiscuido. Nadie quería verse involucrado.&lt;br /&gt;      Las voces seguían siendo muchas:&lt;br /&gt;      —¿Yo? Ni estuve en la ciudad.&lt;br /&gt;      —Todos eran comunistas, ¿sabe?&lt;br /&gt;      —Sí, fueron los pandilleros…&lt;br /&gt;      —Ya ve, todos los muchachos son iguales...&lt;br /&gt;      —¡Ay!, ya no hay respeto, los muchachos con ese pelo tan largo y las muchachas con esas faldas tan rabonas…&lt;br /&gt;      —Los Beatles, los Beatles tuvieron la culpa…&lt;br /&gt; Me contaron después que por nuestro lado la estupefacción también fue absoluta. Ni pensar siquiera en una represalia. No había la organización suficiente: faltaban los líderes y había una incomunicación generalizada. Peor que eso: había una total desmoralización, un desencanto mortal.&lt;br /&gt;Mientras corrían los momentos más brillantes del movimiento se había pensado, a finales de agosto, como los checoslovacos quizá lo hicieron en su Primavera, que había una oportunidad para el cambio. La comparación no podía evitarse. El comunismo, tanto el de Checoslovaquia como el de las naciones del Pacto de Varsovia, era demasiado visible y condenable a todas luces.&lt;br /&gt;El tipo de gobierno en México era, fue, es, pues... bastante inasible y amorfo como para poder equipararlo con un régimen de terror claro y obvio. Los intelectuales menos ingenuos explicaban que esta falta de obviedad dentro del Estado es la que le permitiría salir casi indemne de los daños y dejar como los únicos villanos a los jóvenes que habían creído que sólo una dosis de buena voluntad puede cambiar el modo de vivir y los vicios heredados de cuarenta años.&lt;br /&gt;Nunca se sabrá quién es más iluso, si el pueblo dominado hasta la abyección, que de repente descubre que es más fuerte que las cadenas que siempre ha tenido, pero que lo siguen dominando por ser éstas aparentemente muy fuertes, o el pueblo que cree que es más libre, pero porque no alcanza a ver sus propias cadenas invisibles.&lt;br /&gt;Todo se estaba desarticulando, descomponiendo. Con la masacre realizada, se creó conciencia generalizada y tácita de que el gobierno ya no estaba a la altura del diálogo. Que el gobierno no quería nada con los estudiantes. Total: ya había conseguido lo que quería.&lt;br /&gt;Fue como un duro despertar.&lt;br /&gt;Y tal como sucedió en Praga en los meses pasados, el sueño acabó abruptamente envuelto en sombras y en dolor. Y allá también en Praga los buenos habían perdido. Los malos fueron por refuerzos y aplastaron con sus tanques, cañones, balazos y cientos de miles de tropas «amigas», a la tímida esperanza, mientras el mundo se quedaba sin hacer nada, mas que juzgar el hecho con claridad y severidad inconfundibles, atacándolo con tinta, palabras y declaraciones, que como ya todo mundo muy bien sabe, ese tipo de armas apenas creaban escozor.&lt;br /&gt;Volviendo a Tlatelolco, todos los medios reportaron los hechos trágicos y les dieron grandes titulares, pero nadie decía nada en definitivo más que hablar de los nebulosos enemigos de México. Los periódicos, si bien reprobaban la violencia, no terminaban de responsabilizar de manera indirecta al mismo estudiantado cuando al mismo tiempo destacaban la ejemplar conducta de las fuerzas armadas del Estado. La confusión, la imprecisión y la falta de enfoque procuradas por una censura y autocensura implacables, impidió sacar, si no culpables, al menos responsables indudables con pruebas irrefutables dignas de confianza y a toda prueba.&lt;br /&gt;En el mundo no lo consideraron digno de gran atención. De hecho, el desaliento local debido a eso era devastador. Sólo unas pocas voces de protesta por ahí que nadie atendió.&lt;br /&gt;Visto desde el ángulo maquiavélico respecto al control de una situación a la que ya no controlaba del todo, el Estado demócrata-público-totalitario-a-escondidas tomó la decisión correcta. El desatar un acto de violencia si acaso no muy quirúrgico, y dirigido sobre todo contra los protagonistas de la rebeldía, llevaba el mensaje implícito a todo el mundo dispuesto a escuchar, de que no se deseaba cambiar. Que todo caminaba bien, y que si algún grupo se oponía al «orden natural» de éstas, entonces, ese grupo, estaría obrando mal.&lt;br /&gt;Y si los ideólogos decidían que el cambio se tuviera que dar, éste se daría sólo en el seno del Estado y nunca fuera de él.&lt;br /&gt;Visto desde el ángulo de la gente común, de la gente media y promedia en general, la masacre significó un precio, quizás un poco alto, pero un precio necesario a pagar; un sacrificio que se debía realizar, una medicina amarga que se tenía que ingerir para poder quitarse de encima un problema que amenazaba ser mayor. Porque, ¿qué podría haber pasado, si el gobierno no hubiera querido ceder y el estudiantado hubiera querido seguir empecinado en sus nobles, pero totalmente ingenuas, esperanzas?&lt;br /&gt;No eran pocos los que deseaban el bien común, el regreso a la tranquilidad y al bienestar general. Éstos, aceptando de buena gana (quizá demasiada buena gana), la información de los medios controlada por el mismo Estado, respiraron tranquilos cuando se llegó ese día 12 de octubre con todos los visitantes extranjeros como testigos de la paloma de la paz estilizada, blanca en fondo rosa, anaranjado, rojo, verde y demás, que simbolizaban los XIX Juegos Olímpicos.&lt;br /&gt;Vistos desde el futuro, ambos eventos de los que miles de personas fueron testigos, partícipes, protagonistas, espectadores, pasivos o activos; uno primero, rezumando oscuridad, y el otro, diez días después, reflejando la luz, están tan cerca de manera cósmica uno del otro, tan irónicamente contrastantes, que es increíble imaginarse siquiera que en muchas ocasiones se haya hablado del uno sin haber hecho referencia al otro.&lt;br /&gt;Eventos que en el transcurrir de la historia de México son casi simultáneos, como dos lados de una misma moneda: la realidad mexicana.&lt;br /&gt;Pero a nivel personal para mí y muchos como yo en México, en ese momento la pérdida de destino, de ruta, de barco, y de navegantes, fue devastadora. Me encontraba en una situación desesperada. No sabía a quién recurrir. Yo no terminaba de ver esto con incredulidad.&lt;br /&gt;Y mí mejor amigo, Emilio, casi con seguridad, había muerto en ese lugar.&lt;br /&gt;Y peor aún, no podía detenerme a analizar mi presente porque mi futuro se estaba volviendo añicos vertiginosamente: Me llegó el aviso subrepticio de que varias personas estaban preguntando por mí para «platicar».&lt;br /&gt;Tomé la decisión inmediata de cuidarme más y de estar alerta por si acaso. No sabía nada de nada, estaba embotado, confuso, desubicado. Sabía que mi propia seguridad estaba en riesgo. Tenía que moverme. Salirme de mi depto. Empezar a voltear hacia atrás para que no me siguieran, imaginar y trazar rutas de escape. A veces pienso que era muy ingenuo, sobre todo cuando te enteras de cómo «trabajan» «ellos». Me acorde del rubio. Un sentimiento de paranoia me empezó a consumir al igual que la angustia.&lt;br /&gt;Decidí que no podía pasarme más tiempo solo con mis ansiedades y opté por buscar compañía. Así llegué al departamento de Aurora. Ella se había ido por un rato a Cuernavaca a esperar a que se enfriara el asunto. Me había dado las llaves del departamento.&lt;br /&gt;Llevaba varios días semioculto en mi reclusión involuntaria cuando llegó Joel, un amigo del CUEC con el que íbamos a ver las películas del cine club y que, por algunas razones no del todo comprendidas por mí mismo, estaba muy bien enterado de lo que pasaba afuera.                &lt;br /&gt;—Muy sencillo Alex, estoy aquí porque alguien te señaló como participante en el Consejo Nacional de Huelga.&lt;br /&gt;Me le quedé mirando, congelado. Sólo pude decir:&lt;br /&gt;—¿Y? Sigue…&lt;br /&gt;—Pues o una de dos, si te va bien te van a golpear, o...&lt;br /&gt;—¿O qué?&lt;br /&gt;—Que si te va mal, puede que te desaparezcan.&lt;br /&gt;Estando paralizado no podía entender lo que Joel me estaba diciendo.&lt;br /&gt;—Otra vez, ¿que yo qué?&lt;br /&gt;—Si. Te digo que es eso lo que me dicen, que tú, Alex, estuviste participando en las asambleas del CNH.&lt;br /&gt;Respondí como pude:&lt;br /&gt;—¡Pero si yo asistí sólo como a diez o doce dizque asambleas y nunca participé activamente! ¡Sólo estuve filmando!&lt;br /&gt;—Pues así está la onda. ¿Cómo ves?&lt;br /&gt;Al no contestar de inmediato y al ver que yo me cubría la cara con las dos manos, Joel preguntó, tímidamente:&lt;br /&gt;—¿Qué te pasa, mano? ¿Tienes miedo?&lt;br /&gt;Tomé aire.&lt;br /&gt;—No… lo que pasa es que no se me hace justo, ¿qué más supiste?&lt;br /&gt;—Que tienen a muchos en Lecumberri, que se les han hecho cargos y más cargos, y que en general hay más de quinientos desaparecidos...&lt;br /&gt;—¿Desaparecidos o muertos?&lt;br /&gt;—No sé… No dicen. ¿Qué piensas de todo eso?&lt;br /&gt;Me tomé un trago de café. Luego me quedé viendo el fondo de mi taza. Levante la vista y dije:&lt;br /&gt;—No es que tenga miedo. Creo que estoy asombrado... todavía no es miedo…&lt;br /&gt;—Si lo tuvieras no estaría mal, Alex. Digo, en un caso así, bueno, se disculpa.&lt;br /&gt;—Bueno, ¿qué te puedo decir? Se echaron a Emilio; Aurora está en Cuernavaca; a Marcelo, aquel de Ciencias que nos ayudó entre otros, no lo veo desde hace quince días, desde antes de Tlatelolco. De Isabel, nada. Supe que a varios los habían agarrado desde hace un mes.&lt;br /&gt;Joel agregó a su vez, después de exhalar el humo de su cigarro:&lt;br /&gt;—Al maestro Elí de Gortari lo secuestraron en su casa. Yo supe que a de Alba también lo agarraron. El ingeniero Heberto anda escondido.&lt;br /&gt;Me acordé de alguien.&lt;br /&gt;—¿Y el Marcelino?&lt;br /&gt;—Pues no sé todavía cómo le hizo pero él está libre. Tú sabes, con todo y su silla de ruedas…&lt;br /&gt;—¿Tú crees, Joel, lo que dicen de él?&lt;br /&gt;—¿Que fue un traidor, y que por eso no lo agarraron? No sé… ahorita todo es como un río revuelto. Habrá que esperar a  que se aclare el agua.&lt;br /&gt;Miré al suelo. De repente me levanté y comencé a dar vueltas. Me detuve y en un segundo me quedé viendo el estampado entre rosa y rojo del papel tapiz que asomaba por dentro del librero y dije:&lt;br /&gt;—Ya ni sabes qué creer. Ni a quién creer.&lt;br /&gt;Joel también se levantó.&lt;br /&gt;—¿Qué quieres que te diga? ¿Qué todo es un desmadre? ¿Que quién sabe que les va a pasar a los compañeros? ¿Que ellos ni saben de qué se les acusa?&lt;br /&gt;—¿Tienen abogados?&lt;br /&gt;—Si es que los tienen ya sabes que para nada les han de servir.&lt;br /&gt;Tomé un periódico por encima de la mesa. Se lo enseñé a Joel.&lt;br /&gt;—¿Ya viste el periódico?&lt;br /&gt;—¿Qué? ¿Lo de la inauguración de las Olimpiadas?&lt;br /&gt;—Sí, ¿ya viste lo felices que están? No entiendo. Hasta se han visto fotos con gente saludando con el signo de la «V» y todo.&lt;br /&gt;—Pues, ¿qué querías, mano? —El tono era desfalleciente—: ¿Qué todo mundo usara listones negros? Nooo, ya vas. No seas ingenuo...&lt;br /&gt;—Es que no puede ser… Tantos que se partieron la madre y como si nada. ¿Qué no se supo nada allá afuera?&lt;br /&gt;Yo estaba furioso, como entre desesperado e impotente. El aire se estaba tornando gris a causa de los cigarros que Joel fumaba uno tras otro. Éste dijo:&lt;br /&gt;—Sí se supo, pero, ya sabes, la pinche prensa y la pinche televisión. Ahora dicen que la culpa la tuvieron los comunistas y que la CIA y que quién sabe quién madres más. Lo más chistoso es verlos contradecirse.&lt;br /&gt;—Me imagino que también hay miedo en la gente.&lt;br /&gt;— Yo creo que es peor que eso. Creo que si le buscas vas a encontrar hasta alivio.&lt;br /&gt;—¿Alivio? ¿Cómo?&lt;br /&gt;—No sé. De perdido un alivio culpable... Es como si con la sola llegada de la Olimpiadas lavara la herida que se dieron solos. O nos dimos solos. Como si el hecho de ser anfitriones y recibir a la gente de todas partes del mundo hiciera olvidar las penas.&lt;br /&gt;—¿Y las propias penas de los familiares de los muertos?&lt;br /&gt;—Esas no. ¿Qué ganas con amargarte? Perdimos, mano. Nos aplastaron. Perdimos por goliza. Nos borraron del mapa. ¿Qué no ves?&lt;br /&gt;—¿Qué nos queda por hacer?&lt;br /&gt;—Yo no sé tú pero… yo me voy para Guadalajara.&lt;br /&gt;—¿También te mencionaron...? Digo, ¿te están buscando?&lt;br /&gt;—No de momento. Un amigo de mi papá conectado en las altas esferas no me advirtió de nada inmediato. Pero en tu caso particular, pues... ¿qué te puedo decir, Alex?&lt;br /&gt;Joel se me quedó mirando fijamente, como tomando valor, por último me dijo:&lt;br /&gt;—¿Qué dijiste que había pasado con Emilio?&lt;br /&gt;Suspiré. Ya éste era un tema doloroso para mí. Pero tenía que sacarlo una vez más. Suponía que era normal que me preguntaran por mi amigo. Después de todo eso éramos, habíamos sido, amigos. Respiré hondo y empecé:&lt;br /&gt;—Bueno, tú sabías que éramos muy cuates. Y bueno, pues, sucedió algo, más bien, discutimos. Era muy normal. Él era así. Discutíamos por un argumento y a veces sí llegábamos a un acuerdo pero... Ese día por la tarde, el miércoles dos, yo tenía que llevar parte del material que habíamos estado tomando hacia el CUEC. Yo sentía que estábamos retrasados en la entrega… y él no. Emilio antes que nada quería platicar con algunos cuates para una entrevista que pensaba hacer con ellos y pues... Quedaron de verse enfrente del Edificio de Relaciones Exteriores, en la Plaza de las Tres Culturas…&lt;br /&gt;En ese instante yo estaba haciendo un esfuerzo para controlarme. Continué:&lt;br /&gt;—Se verificó al principio en todas partes, hospitales, cárceles, delegaciones, el Campo Militar... Aurora me decía, me mantenía informado. Nada. Pasó una semana. Me dijo el cuate Rangel que habían visto a Emilio en la Plaza cerca de las ruinas prehispánicas como a eso de las cuatro de la tarde. Nadie lo vio después… Más tarde la Nina, ¿te acuerdas? Aquella chava de lana que estudiaba en Filosofía. Me dijo que le dijeron que lo vieron caído... &lt;br /&gt;—¿Eso se confirmó?&lt;br /&gt;—No lo sé… No es que sea un resignado, tal vez no me queda el papel. Como que prefieres hacerte a la idea de su desaparición, y ya...&lt;br /&gt;—Me imagino que fue bastante duro…&lt;br /&gt;Me acuerdo que le sonreí con una tristeza, a fin de cuentas, suave.&lt;br /&gt;—Es, mi estimado amigo Joel, todavía lo es…&lt;br /&gt;Abrí la ventana y miré hacia los pájaros del árbol de las ramas podadas por los camiones, el del otro lado de la calle.&lt;br /&gt;Joel se había ido hacía un rato. Le prometí que me cuidaría y que tomaría las precauciones necesarias. Era muy improbable que me localizaran pero debía estar en guardia de cualquier manera. Por suerte Aurora era muy lista y se había preparado muy bien. El departamento era amplio, tenía cocineta, un refrigerador repleto, televisión. Por error no había llevado rastrillo ni navaja pero luego no importó, la barba me estaba cubriendo parte de la cara y eso también estaba bien.&lt;br /&gt;Pensaba en mi problema actual. A la mamá de Emilio le había ocurrido algo. Me preocupaba. De verdad me preocupaba. Emilio se llevaba bien con ella en particular y la señora simpatizaba con el movimiento estudiantil en sus líneas generales.&lt;br /&gt;La señora viajaba mucho a Hermosillo y Emilio seguido le escribía cartas. Yo me imaginaba que más bien esas cartas le servían a Emilio como si fuera un diario.&lt;br /&gt;Pero algo extraño estaba pasando.          &lt;br /&gt;Me enteré después por Paula, la mejor amiga (de hecho, la única) de la señora Abreu; llámese intuición, demasiada sensibilidad o quizá coincidencia, que ésta se desmayó en la misma noche del dos de octubre. De suerte ella estaba con la señora Alcira y con Paula, y la pudieron atender con propiedad.&lt;br /&gt;Recordando mi llamada de la semana pasada, yo mismo pude comprobar que los engranes en la cabeza de la señora Abreu ya no hacían el click normal.&lt;br /&gt;Era como si hubiera habido un borrón y cuenta nueva. Como si alguien le hubiera desaparecido la cinta en la cabeza correspondiente a relaciones madre-hijo y le hubiera puesto otra. Ella en vez de verme a mí, Alex, como el amigo de su hijo, veía el rostro de Emilio; yo no entendía ni comprendía y mucho menos podía relacionar nada de eso.&lt;br /&gt;Lo que yo sí podía concluir por el momento, era que claramente la señora Abreu me estaba confundiendo con Emilio, lo cual se sumaba a la otra absurda y extraña situación en mis manos, la de mi supuesta «investigación».&lt;br /&gt;No sabía cómo manejar la situación. Me acordé que dos o tres veces había platicado con Paula y la señora Abreu un día que esperé en su casa a Emilio.&lt;br /&gt;Paula, divorciada y licenciada en lenguas inglesas, o algo similar, tenía mucho tiempo de conocer a la señora Abreu. Las veces que habíamos platicado me había caído bien y creo que el sentimiento era mutuo.&lt;br /&gt;Pensé que si quedaba alguien con la suficiente serenidad para manejar una situación así, esa era la señora Paula.&lt;br /&gt;Entonces, según mi apresurado razonamiento, lo que tenía yo que hacer era localizar a Paula, ella, nadie más, podría decir qué sería lo mejor.&lt;br /&gt;El apellido era Zúñiga. Casi el último del directorio. El directorio.&lt;br /&gt;Había en él como veinticinco Zúñigas. Pero sólo un «Zúñiga Talamantes, Lic. Paula». Posiblemente el de Paula. Marqué y el supuesto teléfono de Paula sonó y sonó... y nadie contestó y eso que ya eran más de las diez de la noche.&lt;br /&gt;Me tardé cinco minutos en caer en cuenta que lo más probable era que a esta hora Paula debía estar precisamente con la señora Abreu.&lt;br /&gt;Esperaría a mañana. Después de cenar me fui a dormir, pero seguía inquieto. Esa noche soñé muchas ondas raras. No recuerdo con claridad pero sé que no fueron agradables.&lt;br /&gt; Las sospechosas imágenes oníricas fluctuaron y el sonido y el calor y la sofocación se hicieron uno. El teléfono estaba sonando. Bien pudo haber empezado a sonar hace un segundo que hacía una hora.&lt;br /&gt;—¿Bueno?&lt;br /&gt;—Hola, mi amigo exiliado, ¿todavía vives?&lt;br /&gt;Era Aurora. Y logrando sonrojarme.&lt;br /&gt;—¿Dónde estás?&lt;br /&gt;—Aquí en México, en casa de una tía. Voy para allá.&lt;br /&gt;Colgó.&lt;br /&gt;Aurora llegó y me saludó con cierta emoción. «Pelo negro lacio natural, ojos grandes, boca mediana, hoyuelo en el mentón, buena figura». Así la describí la primera vez que la vi. Deliciosa. Platicamos de su estancia en Cuernavaca y de lo sencillo que es dejar que te pase la vida cuando no tienes más responsabilidades que de estar en casa de tu abuela y de leer lo que quisiste leer y que nunca habías podido porque no te habías dado el tiempo suficiente.&lt;br /&gt;Así hablamos y hablamos, de varios rollos. En cualquier instante tocaríamos «el tema». De alguna manera pudimos evitarlo hasta ya entrada la tarde.&lt;br /&gt;Yo me preguntaba cómo había evolucionado la amistad entre ella y yo desde que la conocí hacía como diez años, o más bien, apenas sólo dos meses en términos de tiempo de verdad. A veces no me atrevía a mirarla por temor a leerle los ojos. O en realidad por temor a que ella pudiera adivinarme algo de los míos que yo no quería que me leyera.&lt;br /&gt;El tema de Emilio se estaba haciendo muy pesado y eso que todavía no lo tocábamos. Al principio yo me imaginé que nos haría bien que habláramos. Ahora ya no sabía qué pensar.&lt;br /&gt;Por fin se apareció el momento adecuado.&lt;br /&gt;—Sabes, Aurora, yo te quería decir...&lt;br /&gt;Ella me interrumpió con un gesto, como si quisiera decirme algo, o más bien como si no quisiera decírmelo.&lt;br /&gt;—Emilio… te confieso que me gustaba. Te confieso que… —hizo una pausa–. Emilio era muy lindo. No sé, quizá nunca hubiéramos conseguido algo.&lt;br /&gt;Traté de ayudarla.&lt;br /&gt;—Si quieres podemos seguirle después…&lt;br /&gt;—Espérate, Alex, son muchas cosas. Quiero decirte que este tiempo que he pasado en Cuernavaca no he hecho más que pensar en todo esto. Sé que tú sabes que Emilio y yo estábamos relacionados de una manera muy estrecha. Pero además de los juegos y de las bromas y de que me caía super, pues, no, no lo quería tanto como hubiera pensado al principio… tuvimos diferencias, nos peleamos… nos contentamos.&lt;br /&gt;Yo no sabía si alegrarme o no. Ella continuó.&lt;br /&gt;—Es difícil hablar de los muertos. Sobre todo si una tuvo una relación afectiva en cierto modo con alguien que… Como que ya no separas los hechos de manera objetiva. O realista, pues…&lt;br /&gt;—¿Te dolió… su muerte?&lt;br /&gt;—¿Crees que no? ¿O qué? A todos nos dolió la muerte de todos ellos. No me quiero sentir mal. No quiero… Emilio… de haber seguido con… él, lo nuestro, si es que hubo algo nuestro de verdad, no hubiera durado… yo soy de otro tipo. No creo que yo fuera de su tipo. ¿Tú me entiendes, verdad…?&lt;br /&gt;No la entendía.&lt;br /&gt;—Creo que sí —mentí.&lt;br /&gt;—Lo peor y que no te he dicho, es que me siento culpable de la desaparición de Emilio. Yo le pedía que debía estar pegado a las manifestaciones. Probablemente eso influyó, él se quedó con esa onda y terminó por ir a Tlatelolco por mi culpa…&lt;br /&gt;Me le quedé viendo por un instante y le dije lo primero que se me ocurrió:&lt;br /&gt;—No pienses así…&lt;br /&gt;¿Qué le puedes decir a una persona como Aurora cuando te lo pregunta así y te ve con esos ojos? Tuve que cambiar de tema y de tono.&lt;br /&gt;Hablamos de otros asuntos. Y sin darme cuenta comencé a hablarle de… mis problemas con la mamá de Emilio. Se me hacía que era natural comentarle del asunto...&lt;br /&gt;Y ya después de comentarle todo le pregunté:&lt;br /&gt;—Así que, ¿cómo la ves?&lt;br /&gt;Ella permanecía con los ojos cerrados. Se veía fatigada. Su voz habló como limitándose a emitir un juicio obvio de una situación ya sabida y ya juzgada.&lt;br /&gt;—'ta difícil.&lt;br /&gt;Yo también le contesté de cierta manera retórica:&lt;br /&gt;—Pues yo no sé que voy a hacer con la señora.&lt;br /&gt;El comentario de ambos era, pues, retórico. Aurora empezó de nuevo.&lt;br /&gt;—Okey. La señora te oye y te dice Emilio…&lt;br /&gt;—Ajá.&lt;br /&gt;—¿Y le has preguntado por Alex?&lt;br /&gt;—¿Por mí mismo? No me ha dado tiempo.&lt;br /&gt;—Ah.&lt;br /&gt;—Bueno, no se me ocurrió. Digo, capaz de que le da un shock...&lt;br /&gt;—Ni que fuera una sonámbula a la que no quieras despertar, Alex. ¿Qué opciones tienes?&lt;br /&gt;—Tengo dos. Una: aceptar la situación...&lt;br /&gt;—¿Y la otra?&lt;br /&gt;—Pues no aceptar.&lt;br /&gt;—Ajá. Qué ingenioso. Siempre pensé que eras ingenioso…&lt;br /&gt;Entendí su sarcasmo.&lt;br /&gt;—¿Qué quieres que haga? ¿Qué le diga que no? ¿Y si le da un ataque de nervios o algo peor…?&lt;br /&gt;—No digas tonterías.&lt;br /&gt;—Estoy nervioso y tengo miedo… Ya hasta lo estoy aceptando,  ¿ves? Hasta ese punto estoy nervioso.&lt;br /&gt;Aurora sonrió tratando de tranquilizarme.&lt;br /&gt;—No creo ser yo la indicada para decirte que estás mal, Alex. Yo no soy la que debería tener miedo. Digo, es a ti al que están buscando. Es a ti al que van a acusar y es a ti al que te van pescar si no te mueves...&lt;br /&gt;—¿Moverme?&lt;br /&gt;—No sé, hacer algo radical, cambiarte el nombre, huir del país. Empezar otra vez en otra parte…&lt;br /&gt;—Tú crees que sea así de grave.&lt;br /&gt;No se lo dije en forma de pregunta, era una clara afirmación que conllevaba una realidad.&lt;br /&gt;—No lo sé, pero... —Aurora suspiró—. Pero creélo, yo no voy a ir a preguntar por ahí.&lt;br /&gt;—¿Y si consigo un abogado?&lt;br /&gt;—Todos ellos los controlan. No conseguirías nada.&lt;br /&gt;Aquí me puse más sombrío. Dije:&lt;br /&gt;—No es justo, pero eso es obvio, ¿verdad? Yo no hice nada… Emilio tampoco hizo nada, y pues, ahora él está muerto, y...&lt;br /&gt;Me quedé callado. Aurora se me quedó viendo y exhaló el humo de su cigarro. Ella habló:&lt;br /&gt;—Ahora lo menos que debes de hacer es preocuparte de más. Debes de pensar en lo que sigue. Concéntrate, actúa. No es tiempo de que reflexiones.&lt;br /&gt;Miró su reloj.&lt;br /&gt;—Ya me tengo que ir, Alex…&lt;br /&gt;—De acuerdo.&lt;br /&gt;Aurora guardó silencio por un segundo. La observé y me repetí mentalmente que se me hacía muy bella.&lt;br /&gt;Empezó a hablar:&lt;br /&gt;—Quiero que sepas que me hizo bien hablar contigo, Alex. Cualquier cosa… sabes como localizarme. Si me entero de algo yo te hablo a como pueda…&lt;br /&gt;Ya estábamos en la puerta.&lt;br /&gt;Me dio la mano, me dio un beso en la mejilla y salió. Sólo se quedó la esencia de su perfume. Volví al cuarto, a mi exilio.&lt;br /&gt;Me senté recordando su imagen. Y volteé hacia la ventana.&lt;br /&gt;Afuera el sol seguía cayendo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con el Tibio y el sargento Pedraza, el momento de las Olimpiadas siguió en crescendo hasta su gran final. Pasaron varios días más y Aurora ya me había conseguido los artículos de primera necesidad que necesitaba. Tenía que estar aseado.&lt;br /&gt;Una razón de lo anterior y que yo había analizado exhaustivamente, era que estar limpio y afeitado me permitiría abandonar en cualquier momento su casa sin despertar sospechas de tipo alguno, ya que mi imagen sería relacionada con ese tipo de estudiante «bien», incapaz de pensar en algo tan «exótico» como agitación o comunismo.&lt;br /&gt;En mi mente llena de incertidumbre, eso tenía sentido.&lt;br /&gt;La segunda razón era mi propia moral. Yo pensaba que no podía dejar abandonarme en momento alguno por razón de una depresión mal atendida.&lt;br /&gt;Las pláticas con Aurora me habían revitalizado y animado un poco. Habría una solución. El temor que me invadía a oleadas me hacía sentir ser un cobarde, como si estuviera renegando de la gente del CNH que estaban persiguiendo. No era así. Yo conocía a varios y los apreciaba. Ellos no habían cometido nada malo. Y yo tampoco. Todo era injusto.&lt;br /&gt;Me cuestionaba todo eso y más. ¿De qué me estarían acusando exactamente? ¿En realidad habría yo cometido alguna falta?&lt;br /&gt;Me odiaba sentirme así, abrumado por la culpabilidad de haber hecho algo malo e incorrecto.&lt;br /&gt;Yo no sabía si estar arrepentido o no. No sabía si enorgullecerme de lo que hice o de avergonzarme por lo que no hice. Estos dos últimos meses habían sido tan confusos, tan llenos de imágenes, de experiencias, de esperanza. Ahora no tenía nada. Me miraba en un espejo y veía a Alex, pero no al mismo Alex de siempre. Aquél había sido alegre. Aquél tenía confianza en el futuro.&lt;br /&gt;¿Qué hacer? ¿Cómo vivir escondido?&lt;br /&gt;Me preguntaba cuánto tiempo más Aurora podría esconderme. No debía involucrarla más. De repente me sentía mal por todo y con todo, incluyéndome. Lo peor del caso es que hasta me dolía le estómago. Para olvidarme un poco de mi realidad intenté evadirme de la mejor manera. Encontré varias lecturas sobre cine y sobre teatro que me mantuvieron entretenido.&lt;br /&gt;Pero Emilio seguía apareciendo en mis pensamientos.&lt;br /&gt;Nada me había preparado para asumir la responsabilidad de un amigo perdido de la manera más inesperada e injusta. Sabía qué yo estaba vivo, si no de milagro, al menos sí por circunstancias. Yo pude haber ido a Tlatelolco ese día. Estuvo en mí el hacerlo o no. No fui ni héroe ni víctima, me sentía en una especie de limbo existencial. Lo de ser perseguido también le agregaba un barniz de alucinación extra. A nada le veía el menor sentido.&lt;br /&gt; Quizá fue el mismo destino, tal vez la suerte, el resultado era el mismo, yo estaba vivo y Emilio no.&lt;br /&gt;Evoqué a la mamá de Emilio. El hecho de que le hubiera sucedido a la señora un problema mental ocasionaba en mí un sentimiento extra de culpabilidad. Me acordé que todavía no me había comunicado con Paula. Tenía que hablar con ella, era preciso.&lt;br /&gt;Mi largo tren de pensamiento fue cortado por el sonido del teléfono timbrando.&lt;br /&gt;Aurora y yo teníamos una clave de tres llamadas. A la tercera yo contestaba.&lt;br /&gt;Esperé. Sonó una sola vez. Silencio. Sonó de nuevo. Era Aurora, me tranquilicé. Esperé la tercera llamada en vano.&lt;br /&gt;Algo empezaba a andar mal.&lt;br /&gt;El pánico se empezaba a apoderar de mí. Seguramente había sido un error de Aurora. Quizá tuvo un problema y ya no pudo seguir con el procedimiento normal. A lo mejor se encontró con algún amigo que la interrumpió. Sí, seguro. No me imaginaba nada de otra manera. Cualquier otra cosa sería... inconcebible, ¿no?&lt;br /&gt;No pude desechar el temor del todo y me dispuse a esperar.&lt;br /&gt;El teléfono volvió a sonar en ese instante. Sin poderme contener me arriesgué a contestar, debía ser Aurora.&lt;br /&gt;Era ella. Su voz era rápida, tratando de ser precisa, pero mientras hablaba tuve el presentimiento de que todo a mi alrededor se aceleraba.&lt;br /&gt;—¡Tienes que buscar otra casa inmediatamente!&lt;br /&gt;—¿Qué pasó? —Mi voz mostraba ansiedad mal disimulada.&lt;br /&gt;—No estoy muy segura, pero creo que se están acercando a nosotros. Bastante.&lt;br /&gt;—¿Cómo? ¿Quién te lo dijo?&lt;br /&gt;—Un cuate del Poli, amigo de un primo mío, ¿te acuerdas de mi primo Nacho?&lt;br /&gt;—¿El que te prestaba la camioneta para llevar el equipo del CUEC a CU?&lt;br /&gt;—Ése. Me dijo el amigo de Nacho que los de la policía habían recabado una lista… y que habían conseguido enterarse por algunas listas de la universidad de los nombres de varios implicados en los hechos… Y que mi amigo vio mi nombre, apellido y escuela en la que estoy registrada.&lt;br /&gt;—Ajá…&lt;br /&gt;—¿Es todo lo que dices, ajá? ¡Reacciona, Alex, si tienen esos datos también tienen mi dirección! ¿No entiendes? ¡Van a ir a registrar mi casa tarde que temprano…! ¡Y si no te mueves de allí lo más pronto posible de seguro te van a atrapar! ¡Te tienes que ir! ¡Pronto!&lt;br /&gt;La información se empezó a asimilar dentro de mi cerebro y ya comenzaba a entender cabalmente toda la situación. El nerviosismo cedió paso a una tranquilidad. La acción comenzaría en cualquier momento y quería estar preparado. Pregunté:&lt;br /&gt;—¿Cuánto tiempo tengo?&lt;br /&gt;—No sé, días, horas, minutos, no sé…&lt;br /&gt;—No te preocupes. Voy a empezar a sacar mi ropa...&lt;br /&gt;—No quería ponerte en este aprieto, Alex... ¿Con quién vas a ir?&lt;br /&gt;—No estoy seguro todavía… pero no te preocupes —traté de tranquilizarla—: yo sé mi cuento, ¿okey?&lt;br /&gt;Tras de colgar el teléfono, empecé a recoger mis pertenencias. Iba a extrañar ese lugar, pero debía huir.&lt;br /&gt;Me acerqué al teléfono con el número que había obtenido del directorio telefónico. Y marqué la casa de Paula.&lt;br /&gt;—¿Bueno?&lt;br /&gt;—¿Señora Paula? —Luego con cierto embarazo, corregí—: Digo, Paula.&lt;br /&gt;—¿Quién habla? —Contestó no con cierta sospecha.&lt;br /&gt;—Un amigo... de Emilio.&lt;br /&gt;—Ah sí, tú eres...&lt;br /&gt;Interrumpí:&lt;br /&gt;—Si, exacto… sólo hablo para saludar y para ver cómo están…&lt;br /&gt;—Ah, comprendo. Bien. Todos estamos bien dentro de lo que cabe. ¿Tú donde estás?&lt;br /&gt;—Pues, aquí, no muy lejos. Paula, mira, no sé… la señora Abreu, ¿cómo está?&lt;br /&gt;—Está delicada, pero en general bien, desde el... accidente, tú sabes como fue eso. Tú sabes de qué tamaño se hacen estos asuntos. De hecho, creo que le haría bien verte…&lt;br /&gt;—¿Tú crees que yo pueda... hacer algo?&lt;br /&gt;—Puede que sí, no lo sé. No soy psiquiatra pero esta mujer no tiene problema físico… de cualquier manera siento que trae un dolor que la está consumiendo poco a poco.&lt;br /&gt;Sólo dije:&lt;br /&gt;—¿Cuándo y dónde podemos vernos?&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982188329844197?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982188329844197/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982188329844197' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982188329844197'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982188329844197'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/9-resaca.html' title='9. Resaca'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982175312030394</id><published>2006-10-02T13:41:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:43:28.923-07:00</updated><title type='text'>10. La señora Abreu</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;Me comuniqué con Aurora y le dije en dónde podría ser localizado. También le rogué que tuviera cuidado.&lt;br /&gt;Me paré frente a la casa de rejas negras tan conocida por mí. Estaba teniendo problemas para decidir qué hacer a continuación, si irme o quedarme. Al ver el carro Opel color dorado, que siempre me había gustado, en la cochera, me invadió una tranquila familiaridad y me infundió de la seguridad que me hacía falta. Pulse el timbre.&lt;br /&gt;No podía evitar sentir simpatía con Paula. De hecho, las pocas veces que había visto a Paula me había caído muy bien y hasta en un momento me pareció atractiva. Era jovial y sabía bromear. Sabía, por Emilio, que tenía historias divertidas que contar.&lt;br /&gt;Llegó Paula a la puerta y me abrió.&lt;br /&gt;Me saludó de beso en la mejilla.&lt;br /&gt;Yo apenas alcancé a corresponderle y al mismo tiempo me sonrojé.&lt;br /&gt;—Ya hace tiempo... —dije.&lt;br /&gt;—Sí… hacía tiempo que no te veía. Alex, yo... Qué bueno que viniste. Estábamos preocupadas. Teníamos tanta angustia. No sabíamos… no sabemos qué hacer.&lt;br /&gt;Vestía blusa blanca con pantalones negros, con un suéter que le hacía juego. Me pasó al recibidor. El aroma imperante pertenecía a la madera fina de los muebles. Sentía que llenaba mi nariz dándome la bienvenida.&lt;br /&gt;Ella se sentó en un sillón invitándome a hacer lo mismo.&lt;br /&gt;—Si yo sentí el tamaño de la tragedia con Emilio, imagínate lo que sintió Vicky. Ella... creo que no lo ha aceptado del todo, Alex. Como te dije por teléfono, no sé mucho de eso pero creo que puede estar al borde de perder la razón… Emilio era todo para ella. —Me miró fijamente—. Su ilusión, su existir... Tú lo conociste muy bien. Eras su mejor amigo...&lt;br /&gt;Aquí me sentí mal. Sabía qué Emilio era muy especial pero no sabía por qué lo estimaba tanto. Pensé por un segundo que no era justo que Paula me estuviera confiando todo eso. Que todo lo que me estaba diciendo Paula no me lo merecía. Debería ser dicho a alguien que realmente hubiera querido a Emilio como a algo propio.&lt;br /&gt;—Alex, ya no quiero decir, pero… cómo lamento que haya sucedido esto…&lt;br /&gt;Paula se me quedó mirando. Dije en voz queda:&lt;br /&gt;—Paula, quizá me están buscando en estos momentos…&lt;br /&gt;—¿Quién te busca, la policía?&lt;br /&gt;—Quizá... No lo sé.&lt;br /&gt;Ella pareció comprender. Se puso de pie y empezó a caminar. Al final se me encaró:&lt;br /&gt;—Alex, ¿tú y Emilio eran de los comunistas esos?&lt;br /&gt;Paula se me quedó viendo con los ojos muy abiertos, como aceptando a regañadientes la posibilidad de una realidad remota que no encajaba en su cotidianeidad de clases de inglés a niñas en escuelas religiosas. Dije:&lt;br /&gt;—No, Paula, no. Cálmate.&lt;br /&gt;Pero Paula no me quitaba la vista de encima. Continué pero sin poder verla a los ojos directamente:&lt;br /&gt;—No sé qué le decía Emilio a su mamá al respecto, en persona o en cartas, pero no éramos de pertenecíamos a grupo de choque alguno, ni nunca nos metíamos con nadie. ¡Es más, ni estábamos politizados! Emilio a fin de cuentas decía que conocía y que participaba pero yo creo que era un poco ingenuo en esto. Y yo lo era más. Lo único que hacíamos era filmar y filmar. Juntábamos material y lo llevábamos al CUEC…&lt;br /&gt;—¿Tú te involucraste más?&lt;br /&gt;—Asistí a varias reuniones o asambleas del consejo, en calidad de observador y como te dije, para filmar. Nunca tomé la palabra ni voté por nada. No podías votar, sólo los delegados lo hacían.&lt;br /&gt;—¿Llegaste a conocer a los líderes?&lt;br /&gt;—Yo no diría que hubiera líderes. Había figuras importantes pero líder lo que se dice líder, ninguno. Si más bien te refieres a los protagonistas, a las figuras polémicas, pues sí, pero todos los conocían, ¿quién no?&lt;br /&gt;—Alex, seguro que has visto la prensa, los periódicos, lo que dice la televisión. Te has fijado en lo que dicen lo de la conjura. Lo que querían hacerle a los juegos. Las armas que encontraron allí... en el mero Tlatelolco.&lt;br /&gt;Me sentí un poco en entredicho y no se me hacía del todo justo.&lt;br /&gt;—Paula, me tienes que creer. Nunca hubo una actitud definitiva de hacerle competencia a los juegos. Había pancartas en contra, había chavos acelerados. Siento que también te están confundiendo…&lt;br /&gt;—¿Tú como puedes saberlo? Dices que no estuviste allí.&lt;br /&gt;El tono de Paula era más bien lastimero. Contesté después de pensarlo un momento.&lt;br /&gt;—Paula, ¿cómo te explico…? Todo el movimiento tuvo una identidad... —aquí hice una pausa como meditando qué decir al no poder encontrar la palabra correcta—. Okey… no sé qué identidad pudiera haber logrado, se me ocurren muchas: juvenil, de protesta, política, plural… No lo sé con exactitud, lo que sí sé, es que esa identidad no guardaba odios ni era agresiva.&lt;br /&gt;Me seguía observando como para ver si era sincero. Al punto dijo:&lt;br /&gt;—Finalmente creo que eso ya no viene al caso en este momento. Vicky está muy decaída.&lt;br /&gt;—La habrá visto un doctor, supongo.&lt;br /&gt;Paula suspiró.&lt;br /&gt;—No exactamente, Alex. No sé si conoces a Sergio Aguilera. Es un amigo mío de confianza. Él es vendedor de seguros, estudió medicina durante tres años ¿lo recuerdas? Tengo la idea de que te platiqué de él una vez... salíamos y cosas así...&lt;br /&gt;Inesperadamente sentí una pequeña punzada extraña como de celos. Paula continuó:&lt;br /&gt;—Hubo mucha confusión. Recibimos la primera noticia de que no aparecía ninguno de ustedes a los dos días de lo de aquella noche. No sabíamos a quién recurrir. No sabíamos qué tan de lleno estaban… dentro de todo eso. Le pedí a Sergio que indagara discreta pero de manera firme. Por sus contactos (él tiene sus maneras y sus conocidos), supo que alguien te había visto a ti. A Vicky se le quitó un poco el peso de encima pensando en el hecho de que ustedes estaban siempre juntos y que por lo mismo era muy posible que si te habían visto bien a ti, por consiguiente, también Emilio estaría bien. Vicky siempre me decía de ustedes: «este par, siempre tan juntos, que juntos se van a morir…»&lt;br /&gt;Sentí una gran pena. Me atreví a interrumpir.&lt;br /&gt;—Ese día no.&lt;br /&gt;—¿Cómo?&lt;br /&gt;—Ese día no andábamos juntos… sigue.&lt;br /&gt;Ella así lo hizo.&lt;br /&gt;—Sergio siguió buscando. Nada de Emilio. Luego un dato aquí, otro allá. Incluso me dijeron que lo habían visto días después en el centro subiéndose a un camión. Vicky para entonces había entrado en cierto histerismo. Nada más sonaba el teléfono y pensaba que era Emilio. Era terrible. Tuvimos que decirle que se fuera de allí. Que se viniera a mi casa. Sentía que pudiera ser lo mejor… Pero ella no quiso.&lt;br /&gt;Continuó:&lt;br /&gt;—Ella es muy sensible. Cuando supo lo de Tlatelolco se desmayó. Creo que allí comenzó su... escape de la realidad. Luego sucedió algo muy raro. Yo había salido el segundo o tercer día, viernes o sábado, y cuando volví ella me dijo con mucha certeza que Emilio le había hablado por teléfono. Que le había dicho que estaba bien. Me pareció muy extraño y lo ignoré, la verdad…&lt;br /&gt;Guardo silenció por unos pocos segundos y volvió a continuar:&lt;br /&gt;—Después sus crisis se le recrudecieron y Sergio me ayudó, le consiguió calmantes. En un punto ya no tuvimos duda. Emilio había desaparecido... o muerto.&lt;br /&gt;Me levanté un poco aturdido de lo que había escuchado. Dije:&lt;br /&gt;—Por lo que sé, Paula… no creo que Emilio sólo esté desaparecido... de hecho… ya perdimos la esperanza de encontrarlo vivo.&lt;br /&gt;Paula guardó silencio y miró al piso.&lt;br /&gt;—¿Qué te puedo decir? ¿Qué yo también lo había pensado pero no sé cómo se lo voy a decir? ¿Cómo se lo voy a explicar?&lt;br /&gt;—Y la señora Vicky, la señora Abreu... ¿está tan mal?&lt;br /&gt;—No lo sé. Lo único que sé es lo que te dije y lo que me dijo Sergio. Qué lo más seguro es que la crisis nerviosa es debida seguramente a la posible pérdida de su hijo. Qué quizá lo que tenga sea pasajero, pero no hay nada definitivo.&lt;br /&gt;—Pero me imagino que lo tiene que aceptar… eventualmente, digo.&lt;br /&gt;—Ese es el asunto. Parece que no a nivel consciente. Busca de alguna manera evitar pensar en ello y quizás esta crisis le ayuda a ocultarse en alguna parte de su mente. Por ahora está bien, pero… pero no puede permanecer así. A la larga se va a hacer daño...&lt;br /&gt;La confusión y la indecisión me rebasaban.&lt;br /&gt;Paula continuó:&lt;br /&gt;—Mira, Alex, existen situaciones que no se pueden cambiar... Aquí no hay mucho qué decidir. Vicky tiene ante sí una tragedia que no está en capacidad de aceptar totalmente. No creo que la lleve a locura pero no soy especialista. Lo que lo hace más grave es que no sé si podría llevarla a algún doctor, tú sabes, por las circunstancias... Tengo miedo de… no sé, represalias de algún tipo, a lo mejor yo misma estoy llevando mi imaginación muy lejos… Pero si esto era preocupante antes de que tú vinieras, con lo que acabas de decir está más grave. En este tipo de cuestiones hay una enorme diferencia entre si eres un sujeto «pasivo» o si eres un sujeto «activo»…&lt;br /&gt;Intenté protestar:&lt;br /&gt;—Emilio no era «activo», como se pudiera decir de otros chavos…&lt;br /&gt;Ella no me dejó acabar.&lt;br /&gt;—¿No dices que filmaron escenas? ¿Qué tal si esas escenas tomaron alguna situación comprometedora?&lt;br /&gt;—Primero que nada, creo que tú nos sobrestimas. Qué más «comprometedor» que policías, o más bien, las fuerzas del orden y de la salvaguardia nacional atacando a su propio pueblo. —Me empecé a sentir como si estuviera en medio de una más de tantas discusiones en las que habíamos estado o protagonizado—. Además, ¿quién las creería en medio de todo este desinterés general, y lo peor, descreimiento? No, Paula, con nuestras cámaras y micrófonos no tomamos más que la verdad a nuestro alcance… quizás otros en sus turnos tomaron a gentes más importantes, quizás otros más de los cuates estuvieron en medio de todo, pero en una situación o movimiento como el nuestro nadie lo pudo haber tomado completo. Fuimos muchos, pero tal vez no los suficientes para tomarlo todo…&lt;br /&gt;Paula no picó en la discusión. Creo que su intención nunca fue llevarme para allá…&lt;br /&gt;—Alex, pero sí me entiendes, ¿verdad? Que es hasta cierto punto riesgoso que Vicky sea llevada al Seguro o al Centro Médico para que la examinen. Eso generaría preguntas y no sé si pudiera contestarlas.&lt;br /&gt;—No entiendo, ¿qué problemas podría tener?&lt;br /&gt;—Primero: no quisiera que la tomaran por loca; segundo: ¿qué tal si en un delirio menciona algo, cualquier cosa, que comprometa a su hijo, detalles que yo no supiera… y ni tú tampoco?&lt;br /&gt;Sentí que tenía razón.&lt;br /&gt;—Bueno, ¿entonces?&lt;br /&gt;—No sé. Supongo que algo se me ocurrirá en el camino. Yo aprecio mucho a Vicky. Me... ayudó mucho en lo de mi separación. Tú la conoces tal vez sólo como la mamá de tu mejor amigo. Yo la conozco desde hace varios años, y creo que es una de las mejores personas con las que me pude haber topado.&lt;br /&gt;Me quedé callado por un momento y empecé de repente a hablar, diciéndole lo que más me preocupaba de todo esto:&lt;br /&gt;—Lo que no acierto a comprender es el tipo exacto de problema que tenga. Creo que yo fui el causante de esa extraña llamada, ese viernes o sábado. Cuando hablé con ella me pareció al principio normal, me imagino, excepto... —vacilé un poco—. Excepto que me llamó Emilio, no Alex. Y así estuvo en toda la llamada. Me dijo que me cuidara… bueno, me trató como si me estuviera regañando por no haberme reportado antes… Ahí pensé que algo muy raro podría estar pasando. Por un momento me imaginé que no le habían dicho nada pero... más bien, creí que era una crisis. Una crisis normal a la altura de las circunstancias, si la palabra «normal» se pudiera aplicar en estos casos.&lt;br /&gt;—Ya voy captando, te confundió con Emilio, o como que quiso creer que tú lo eras. Creo que sin que tú supieras cómo exactamente, le reforzaste la creencia de que Emilio estaba vivo. Alex, en ese momento quizá le creaste lo que ella necesitaba, una ilusión, un refugio mental.&lt;br /&gt;—Entonces, ¿por qué sigue en la crisis? ¿Por qué no parece salir?&lt;br /&gt;—No lo sé. No llego a entender hasta ese punto. Quizás hay una lucha en su mente. A lo mejor una parte de su entendimiento, de su conciencia, está conectada al mundo real. Esa conciencia está luchando contra la parte de ilusión que quiere mantener la fantasía de que su hijo no puede estar muerto…&lt;br /&gt;—Como si dijera que la aparición del... amigo de su hijo le reforzará esa ilusión. Ahora, ¿qué debo hacer? Si aparezco frente a ella, ¿cual será su reacción? ¿Se profundizará? Si me ve solo, ¿no irá a pensar que sucedió algo terrible?&lt;br /&gt;Me quedé meditando, y agregué:&lt;br /&gt;—Y lo peor, ¿y que tal si me confunde con él y llegara a pensar que yo, Alex, soy Emilio? ¿Qué haré entonces?&lt;br /&gt;Paula se me quedó viendo con unos ojos oscuros muy bellos. Pensé, aparte de lo anterior, que nunca había visto en ella lo que ahora mostraban, un gran desconcierto.&lt;br /&gt;Estábamos en el antecomedor tomando una tasa de café. La señora Alcira llegó con una bandeja llena de pan de dulce. Casi no hablaba. Se me hacía muy seria, como que muy discreta. Paula y yo guardábamos una calma aparente platicando de temas diversos para pasar el tiempo. Sergio todavía no llegaba.&lt;br /&gt;Yo estaba inquieto, sin saber qué camino tomar. Mi rumbo se había desaparecido y no estaba seguro de cómo lo retomaría. Mis planes de estudiar cine se habían derrumbado… o viéndolo con el mejor optimismo posible, se habían postergado.&lt;br /&gt;Estaba consciente de que no me podría quedar mucho tiempo en la ciudad de México. No soportaría la tensión de que alguien me estuviera buscando con fines de represalia.&lt;br /&gt;Nunca me había puesto a pensar en lo que era el miedo. Miedo para mí hasta entonces era perder un examen, que te pudieran atropellar en la calle, de no salir muy noche porque te podrían asaltar en un oscuro callejón. Incluso la muerte era un miedo lejano en el que yo no pensaba. Ahora con la situación actual no estaba seguro de poder vivir tranquilo. No así con la situación como estaba. Nunca me gustó lo azaroso o la situación inesperada. Me gustaba seguir una cierta rutina dentro de lo que hacía. Vi lo que tenía ante mi panorama. Emilio estaba desaparecido, o lo más seguro, muerto. A mí me estaban buscando. El CNH en franca desbandada. La gente atemorizada. La mamá de Emilio medio loca.&lt;br /&gt;Me sentí mal después de haber pensado eso. Estaba así porque ya no tenía hijo.&lt;br /&gt;Pero ella quizá creía que sí lo tenía. Y a mí me están buscando. A mí, a Alex. A Emilio no lo están buscando...&lt;br /&gt;Sin saber por qué volví a recordar las veces que me decían si yo era hermano de Emilio. Éste, consciente del parecido, sólo se reía, aunque yo sabía que a veces lo incomodaba un poco.&lt;br /&gt;Volví a acordarme también de la infinidad de ocasiones cuando la señora mencionaba a sus esporádicas visitas, de que no tenía a un hijo, que ahora tenía dos, refiriéndose a mí, situación a veces fastidiosa para los dos.&lt;br /&gt;¿Y si ahora otra vez tuviera uno? Me sorprendí por lo que estaba pensando. Primero me lo negué a mí mismo. Luego comencé a imaginármelo. Pudiera ser una situación descabellada…&lt;br /&gt;Y es que yo no me había puesto pensar en lo acorralado que me sentía. Alguien estaba muy interesado en encontrarme y yo no me sentía en ánimos de seguirle el juego. Por otro lado me encontraba en una extraña posición. Había una señora que me quería mucho y que, de alguna manera, se había identificado conmigo de un modo tan especial que me consideraba como un hijo sustituto. Yo, básicamente ya no tenía casa adónde ir, no tenía escuela a donde acudir. Yo, Alex.&lt;br /&gt;Tomé la pluma y empecé a jugar con ella aventándola hacia arriba.&lt;br /&gt;«Yo, Alex», me repetí.&lt;br /&gt;La pluma se me cayó al piso. La recogí.&lt;br /&gt;«¿Y si yo, Alejandro Castillo, dejara de serlo, y me convirtiera temporalmente por algún medio extraño en Emilio Abreu Campuzano?»&lt;br /&gt;La pluma iba y venía hacia arriba.&lt;br /&gt;«¿Hasta qué punto sería eso realizable?»&lt;br /&gt;En eso entró Paula. Dejé de jugar con la pluma.&lt;br /&gt;—Hablé con Sergio, no va a poder venir. Me dijo que le diera a Vicky uno de los calmantes. Ya se lo di y se quedó dormida.&lt;br /&gt;—¿Está bien?&lt;br /&gt;—Parece que sí. Ya está calmada, tranquila. Si quieres puedes recostarte o dormirte en un sofá mientras esperamos a que ella se despierte. Es sólo un calmante ligero. Va a dormir dos o tres horas. Deberías aprovechar para descansar un rato. Además, tengo que hacer unas vueltas al súper.&lt;br /&gt;Vaya que necesitaba dormir. Me entró una duda:&lt;br /&gt;—¿Y si suena el teléfono o si viene alguien?&lt;br /&gt;Paula meditó por un segundo.&lt;br /&gt;—El teléfono... lo voy a dejar descolgado. No espero a nadie, Sergio dijo que no va a venir, por lo menos hasta la noche. No, si llega a tocar alguien simplemente no abras. Yo traigo llave y no me voy a tardar. No creo que Vicky despierte. No te preocupes y nos vemos más tarde.&lt;br /&gt;Tomó las llaves del automóvil de sobre una mesa y salió.&lt;br /&gt;Una vez más traté de percibir el silencio. Aspiré una vez más el aroma de la madera y me volví a sentir un poco, al menos, reconfortado. Mis pecados se estaban perdonando al aspirar ese olor. Ese lugar me traía muchos recuerdos. Sobre todo de Emilio, por supuesto. Y no era para menos: desde que nos conocimos había estado en esa casa cientos de veces. Me la sabía de memoria.&lt;br /&gt;Caminé por los pasillos de la vieja casona. Me asomé a la puerta que daba al jardín trasero.&lt;br /&gt;La luz del día que entraba por la ventana de la puerta contrastaba con las sombras ocasionales de la vieja casona.&lt;br /&gt;Abrí la puerta y salí al jardín.&lt;br /&gt;Allí estaba el cuarto trasero. «Para las visitas» decía la señora Abreu, sabiendo yo por Emilio mismo que ya no tenían parientes que pudieran venir a la ciudad de México.&lt;br /&gt;El cuarto lo dedicábamos para estudiar y para pasar noche tras noche escuchando música sin molestar a la señora Abreu.&lt;br /&gt;Pensé en el frío que también se colaba continuamente por las rendijas imperfectas en los inviernos de la gran ciudad.&lt;br /&gt;Volví sobre mis pasos hacia dentro de la casona.&lt;br /&gt;Tenía sueño. Estaba cansado. Fui al estudio que estaba en la planta baja.&lt;br /&gt;Su minibiblioteca me recordó las discusiones de política que sostuve muy frecuentemente con Emilio. Vi el escritorio de madera. Sobré de él estaban los libros de Emilio del año pasado. Me contuve y no los toqué. Pareciera que Emilio en cualquier momento entraría a decir cualquier tontería, como si hubiera regresado de su recámara con algo que hubiera olvidado, como siempre le pasaba. Me senté y vi una revista LIFE, nuevecita. Traía a los Beatles en la portada. Pareciera que estaba sin abrir siquiera.&lt;br /&gt;La iba a empezar a hojear sin ponerle atención realmente, cuando encontré esa palabra, la que en ese momento me causaba más daño. Como sintiendo un dolor que me revolvió el estómago, leí el increíble titular: «Terror en una Noche Triste». Estaba leyendo el primer reportaje gráfico sobre Tlatelolco.&lt;br /&gt;Cuando lo terminé de leer me sentí deprimido y asustado. Ver las fotografías, leer el texto y sobre todo, la gran mentira sugerida que yo mismo terminé asqueado, la de que solo veinticinco personas habían muerto. Y eso es lo que decía la prensa internacional. Eso es lo que pasaba en México, desórdenes estudiantiles, sólo eso. Nada más.&lt;br /&gt;No pude aguantar. Cerré la revista y escapándome de una realidad incomprensible y demoledora, me abandoné y me dejé dormir.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982175312030394?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982175312030394/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982175312030394' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982175312030394'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982175312030394'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/10-la-seora-abreu.html' title='10. La señora Abreu'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982160391522246</id><published>2006-10-02T13:38:00.000-07:00</published><updated>2006-10-02T13:40:03.933-07:00</updated><title type='text'>11. Transformación</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;¡Despierta, Alex!&lt;br /&gt;Era Paula. Traté de peinarme dando la ilusión de hacerlo descuidadamente.&lt;br /&gt;—Hola, parece que me dormí…&lt;br /&gt;—Creo que sí. Un buen rato. Ya lo necesitabas, ¿no?&lt;br /&gt;—Sí, supongo que sí.&lt;br /&gt;—¿No quieres ver a Vicky?&lt;br /&gt;«¿Será necesario?», me pregunté.&lt;br /&gt;—Sí, vamos… —Paula sonrió—. Ella te lo agradecerá. Estoy segura.&lt;br /&gt;Le devolví el gesto de ánimo.&lt;br /&gt;«Es la sonrisa», volví a decirme, «su sonrisa es muy agradable». Hice de tripas corazón, me levanté y seguí a Paula. Al hacerlo y llegar a la escalera traté de ser discreto en cuanto a las formas de Paula. «Mmmh, Paula todavía se conserva bien…». De inmediato me sentí un poco avergonzado de pensar en eso. Pero no pude evitarlo.&lt;br /&gt;Finalmente estábamos delante de la puerta del cuarto de la señora Abreu.&lt;br /&gt;Paula tomó el pasador y sin soltarlo dijo:&lt;br /&gt;—Alex, sólo te pido que no trates de impresionarte mucho delante de Vicky. A su vez ella se impresionaría y quién sabe adónde pueda parar. Recuerda mantener siempre la calma y acepta de ella lo que te diga. Posiblemente ya esté despertando. Entremos.&lt;br /&gt;El aroma del perfume de la señora Abreu flotaba en el ambiente. La cama era señorial, grande, matrimonial, con barrotes de bronce color dorado. Se sentían frescos al tocarlos. Casi fríos.&lt;br /&gt;Al lado de la cama había una silla. En ambos lados de ésta estaban los burós, haciendo juego con la madera del ropero y tocador. No había más luz que la de una lamparita de noche arriba de uno de ellos.&lt;br /&gt;Allí también vi la foto de Emilio, mismo que me miraba recargado en el borde de la parte trasera de una camioneta.&lt;br /&gt;Enfrente de la cama, el viejo tocador. Sobre éste estaba la miríada de artículos, cremas, lociones, aceites, que componen lo más necesario que una mujer pudiera necesitar en cualquier momento. Además, allí mismo, había un crucifijo y una estampa de una virgen desconocida. Una veladora prendida iluminaba el espacio cercano a las imágenes.&lt;br /&gt;«¿Sabes la cantidad de vírgenes que existen, Alex? Cientos. Alguien ya debería haber hecho un catálogo…», me había dicho Emilio hacía mucho tiempo. Tuve el esbozo de una sonrisa pero la contuve. Me sentí medio invadido otra vez por esa sensación de vacío. Respiré hondo.&lt;br /&gt;La señora respiraba apaciblemente. Sus manos descansaban en delicada posición. Mas, su mano izquierda parecía una de las que acostumbraban plasmar los pintores del Renacimiento en sus obras, el dedo pulgar ayudando al dedo índice a apuntar en una dirección vaga y los tres restantes en una pequeña contracción frágil y silenciosa.&lt;br /&gt;Estuvimos así por unos segundos. Paula interrumpió el silencio:&lt;br /&gt;—Es cuestión de esperar un poco. Calculo que en cualquier momento se despertará.&lt;br /&gt;La señora Abreu empezó a moverse.&lt;br /&gt;Paula dijo:&lt;br /&gt;—Me imagino que se sentirá un poco desorientada. Siempre le pasa así después de dormir. Sergio me dijo que es normal.&lt;br /&gt;Desde el marco de la puerta, yo sólo le pude contestar en monosílabo:&lt;br /&gt;—Ajá.&lt;br /&gt;La señora empezó a despertar lentamente.&lt;br /&gt;Por fin se incorporó. Vio a Paula y sonrió.&lt;br /&gt;—Paula, estás aquí. Me quedé dormida… ¿cuánto dormí?&lt;br /&gt;—Un rato.&lt;br /&gt;—¿Es de día o es de noche…? No distingo bien...&lt;br /&gt;—Es casi de noche. ¿Cómo dormiste?&lt;br /&gt;—Bien, bien. Pero algo cansada. Debió ser el calmante que me dio Sergio.&lt;br /&gt;—¿Te sientes despejada? ¿Estás bien?&lt;br /&gt;—Sí. Mejor que lo normal. —Miró a Paula—. No sabes lo que te agradezco que estés aquí. Otra vez tuve las pesadillas. No tienes idea de cómo me ayuda el saber que estás cerca…&lt;br /&gt;Paula asintió y le dijo:&lt;br /&gt;—Vicky, escúchame un momento, traigo a alguien que quiere verte. Alguien a quien tú quieres ver...&lt;br /&gt;—¿Quién? ¿Me traes a...?&lt;br /&gt;En eso Paula hizo una señal de silencio con su mano en la boca de Vicky que parecía comenzar a inquietarse. Se volteó hacia mí que seguía en el marco de la puerta a contraluz.&lt;br /&gt;—Ven.&lt;br /&gt;Yo sabía instintivamente lo que iba a seguir. Con paso inseguro me dirigí hacia donde estaba la madre de Emilio. Me di cuenta vagamente de que Paula no mencionó nombre alguno.&lt;br /&gt;El rostro de la señora se iluminó con una gran sonrisa. Su voz me sonó entrecortada:&lt;br /&gt;—Aquí estás, maldito muchacho de porra...&lt;br /&gt;Me le acerqué y la señora me estrechó en sus brazos. Paula me miró haciendo un gesto como implorando que no rompiera el encanto, que no expresara la verdad. La sensación de que la señora me abrazara me era algo incómoda pero por una extraña razón no lo pude evitar.&lt;br /&gt;Éste fue largo y bastante emotivo. Mirando la escena por el espejo del tocador, me fue imposible no sentir pena por la señora que tenía delante de mí. Por allí alcancé a ver que Paula estaba llorando a lágrima viva.&lt;br /&gt;—Muchacho, estás vivo. Volviste conmigo. Con tu madre. Bendito sea Dios.&lt;br /&gt;Me sentí mareado.&lt;br /&gt;Y en ese momento me invadieron oleadas de calor. Estaba completamente abochornado de la escena, de que Paula me estuviera viendo. Me sentía así porque creía estarme portando como un impostor. Peor aún, un impostor y un embustero.&lt;br /&gt;—Hijo…&lt;br /&gt;Paula, ya un poco más controlada, tomó a la señora del brazo. La cara de ésta mostraba los estragos del terrible trauma emocional de los últimos días en que pensó que su hijo estaba muerto. Pensé de momento que nunca la había visto tan avejentada.&lt;br /&gt;Paula me separó el brazo de la señora.&lt;br /&gt;—Sí, Vicky, parece que ya estás bien, sí, ¿verdad? ¿Te sientes bien?&lt;br /&gt;—Te digo que estoy cansada, pero emocionada de tener a mi muchacho, gracias, Paula. —Trató de incorporarse, pero Paula se lo trató de impedir con suavidad—. No, déjame levantarme, déjame…&lt;br /&gt;Paula tuvo que acceder. Yo tuve que desobedecer a mi propio impulso de salir de allí. La señora cada vez adquiría más fuerza y presencia.&lt;br /&gt;—Déjame verte, muchacho. Emilio, ¿qué te pasó?&lt;br /&gt;Me le quedé viendo fijamente, me volví a ver a Paula pidiendo, más bien, implorando ayuda. Paula me devolvió una cara inexpresiva. Contesté con una voz apagada tratando de recordar cómo hablaba Emilio.&lt;br /&gt;—Este… b-bien.&lt;br /&gt;Le vi la mirada que se había convertido en leyenda entre nosotros durante mucho tiempo. Era la mirada que predecía la tormenta en la que se convertía la señora. Emilio inclusive llegó a pensar que esas explosiones ya nunca iban a tener lugar…&lt;br /&gt;—¿Sólo «bien»? ¡Condenado muchacho! Me tenías de un hilo, no te reportabas, mira cómo me has dejado… ¿Dónde has estado estas semanas? Yo muriéndome y tú, ¿dónde? ¡En la luna con tus amigotes! Paula, dame agua.&lt;br /&gt;Paula le acercó el vaso, ella se lo tomó en un parpadeo y luego continuó:&lt;br /&gt;—¿Qué no te has enterado que la calle está muy peligrosa? No sabes lo que me imaginé que te pudiera haber pasado. Emilio, estoy muy enojada contigo. Me has tenido muy abandonada. Si no fuera por Paula no sé lo que me hubiera podido pasar. —Se fijó en mi pelo ondulado y ligeramente desarreglado—. Mírate ese pelo, muchacho, ¿tanto tiempo tenías de no venir? Pero, contéstame, ¡¿dónde has estado?!&lt;br /&gt;Tiempo después me pondría a recordar ese momento en el cual todavía sentía que podía tomar la decisión de retractarme, de salir corriendo y de no ver hacia atrás.&lt;br /&gt;Aunque también luego me pondría a reflexionar que el huir no me hubiera llevado a parte alguna realmente. La señora parecía recobrarse a pasos agigantados.&lt;br /&gt;—¿Por qué no contestas, Emilio?&lt;br /&gt;Paula observaba callada, ignorando mis silenciosos ruegos de ayuda. Completamente decidido a romper el encanto, la mentira, el hechizo, contesté lo único que se me ocurrió:&lt;br /&gt;—No sé, por ahí…&lt;br /&gt;—¿Por ahí? ¿Más de un mes entero sin avisar? ¿Qué no sabes que me preocupé mucho por ti? ¿Qué no me di cuenta que estabas en peligro? ¿Qué están matando estudiantes?&lt;br /&gt;Intenté ganar tiempo. Mantener la distancia. Sabiendo de un detalle de la relación entre Emilio y su mamá no se me hizo difícil continuar la también difícil conversación.&lt;br /&gt;—Cálmese... «señora».&lt;br /&gt;Era duro para mí aceptar ese papel. Todo se reducía a negarse.&lt;br /&gt;Peor no podría hacerlo, conocía a la señora desde hace mucho tiempo y sabía del gigantesco amor entre ambos. Mi sola presencia de interrumpir en ese círculo de afecto y amor filial me hacía sentir terriblemente mal.&lt;br /&gt;Paula intervino, por fin.&lt;br /&gt;—Tranquila, el muchacho está emocionado y tú también, Vicky, no te presiones. No quiero que tengas una recaída. Mira que es la primera vez que ves a este muchacho en mucho tiempo y ve cómo me lo tratas…&lt;br /&gt;Percibí la ambigüedad de las palabras. Nunca se mencionó por su nombre a Emilio.&lt;br /&gt;Ahora todo dependía de aguantar.&lt;br /&gt;—No lo defiendas, Paula, mira cómo me ha puesto su ausencia...&lt;br /&gt;Ésta la interrumpió:&lt;br /&gt;—Sí, Vicky, pero es que tú no sabes por la que han pasado. Ya viste que está bien, ahora descansa. —Se dirigió a mí haciéndome una seña discreta—. Oye, ¿me podrías hacer el favor de buscarme allá abajo mi bolsa? Además, necesito que estés al pendiente de Sergio, que no tarda en llegar, para que le abras la puerta.&lt;br /&gt;Todo fue hecho de una manera tan rápida que a la señora Abreu no se le ocurrió protestar. Tomé eso como una bienvenida señal de retirada y la acepté presto.&lt;br /&gt;Pero en vez de bajar me quedé en el descanso, frente a la puerta de su cuarto.&lt;br /&gt;Paula se dirigió a ella con la medicina:&lt;br /&gt;—Ahora, Vicky, descansa, tienes que tomártela.&lt;br /&gt;Le acercó el vaso, la señora Abreu, que totalmente aleccionada en ese hábito, no pudo resistir y se la tomó. El tranquilizante empezó a hacer efecto casi de inmediato. Su voz se suavizó aún más de lo que ya estaba.&lt;br /&gt;—¿Paula...?&lt;br /&gt;—¿Sí, Vicky?&lt;br /&gt;—Qué bueno… qué bueno que mi muchacho está aquí conmigo... Pensé que nunca lo volvería a ver. Tú sabes, Paula, que me volvería loca. Ya me estaba sintiendo muy mal…&lt;br /&gt;—Sí, Vicky.&lt;br /&gt;—No sé… no sé que sería de mi vida sin ese muchacho. Es lo que más quiero en la vida... ¿Sabes, Paula? Sufrí mucho por su ausencia. Mi niño ha cambiado, ¿te fijaste, Paula? Parece diferente, como más mayor, más maduro... Me extrañó en mis ausencias, creo... Estos tiempos en que hemos estado separados ya no se repetirán. Ya no se va a ir, ¿verdad que no, Paula…?&lt;br /&gt;Paula se tardó un poco en contestar:&lt;br /&gt;—No lo sé, Vicky, ya hablaremos de eso después...&lt;br /&gt;La señora Vicky se relajaba más y más. Cerró los ojos.&lt;br /&gt;—¿Paula...?&lt;br /&gt;—¿Sí, Vicky?&lt;br /&gt;—¿Emilio está bien? ¿Está seguro?&lt;br /&gt;Creo que Paula se decidió a aprovechar el momento para hablarle francamente:&lt;br /&gt;—No lo sé. Creo que puede haber problemas. Puede que se tenga que ir. Poco tiempo a lo mejor, no lo sé...&lt;br /&gt;La señora Vicky tardó en contestar.&lt;br /&gt;—Me lo imaginaba… Tú le vas a ayudar, ¿verdad?&lt;br /&gt;—Haré lo que pueda, Vicky, haré lo que pueda… te lo prometo.&lt;br /&gt;La señora Abreu terminó por dormirse.&lt;br /&gt;Bajé al recibidor. Sentí deseos de fumar pero no tenía cigarros. De hecho yo casi no fumaba, pero sentía mucha ansiedad, mucho nervio.&lt;br /&gt;Se oyó un automóvil que entraba en la cochera. Me levanté inmediatamente de la silla y me asomé por la ventana. Del vehículo se bajó un hombre alto.&lt;br /&gt;«¿Será Sergio?», me pregunté con cierta ansiedad, «tiene que ser…».&lt;br /&gt;El hombre alto tocó la puerta con golpes firmes y decididos.&lt;br /&gt;Se oyó la voz de Paula desde la escalera.&lt;br /&gt;—Abre, debe ser él.&lt;br /&gt;Así lo hice.&lt;br /&gt;Desde el marco de la puerta me sonrió un hombre alto, con bigote, fornido y con una mirada hosca y ruda.&lt;br /&gt;—Hola, buenas noches, ¿está Paula?&lt;br /&gt;—Buenas tardes, este… sí, pásele.&lt;br /&gt;Lo dejé pasar.&lt;br /&gt;Paula bajó en ese instante. Saludó de beso en la mejilla al hombre.&lt;br /&gt;—Shhh, vamos al antecomedor, Vicky está dormida. Sergio, ¿conocías a Alejandro Castillo? Es... un amigo de Emilio.&lt;br /&gt;Pasamos al antecomedor.&lt;br /&gt;Estuvimos platicando por más de una hora. Las sillas eran incómodas.&lt;br /&gt;Hablaba Sergio:&lt;br /&gt;—En resumen, Alex, la situación está muy dura. Me acabo de enterar que ayer balacearon a un estudiante que andaba pintando en una pared.&lt;br /&gt;Me sobresalté y me imaginé que pudiera haber sido un amigo mío…&lt;br /&gt;—¿Quién le disparó?&lt;br /&gt;—Un policía preventivo.&lt;br /&gt;—¿Sabes el nombre del estudiante?&lt;br /&gt;—No lo recuerdo, ¿por qué?&lt;br /&gt;—No… por nada.&lt;br /&gt;Intervino Paula.&lt;br /&gt;—Alex, lo que te está tratando de decir Sergio es que la situación sigue difícil. Tienes que tomar una decisión…&lt;br /&gt;Yo estaba evidentemente desorientado. Dije:&lt;br /&gt;—No lo sé. No sé qué quiero, no sé qué va a pasar. Estoy confundido. Tengo que hablar con Aurora, mi amiga…&lt;br /&gt;Yo sólo tenía ojos para el café.&lt;br /&gt;—Okey —dijo Sergio—. Mira, primero, está sucediendo una situación externa y extrema que lo absorbe todo. Segundo, dices que no hay denuncias pero que eso no importa, en cualquier momento alguien puede tocar la puerta y llevarte o secuestrarte. ¿Adónde? Quién sabe, ¿no?&lt;br /&gt;—Al parecer eso es lo que está sucediendo.&lt;br /&gt;—Bueno, eso quiere decir que tu estancia en esta ciudad está marcada de alguna manera. Y que por el bien de tu salud no conviene que andes por aquí. Por otra parte me enteré que el CNH, o lo que queda de él, está oculto y que se está convocando a clases el día dos de diciembre. O sea, que sería algo así como un «aquí no ha pasado nada». No creo que ese sea tu caso…&lt;br /&gt;Creía que era necesario preguntar:&lt;br /&gt;—Sergio, ¿por qué me estas ayudando?&lt;br /&gt;Él pareció pensar la respuesta un poco.&lt;br /&gt;—Primero, porque no me gustó absolutamente nada de lo que les pasó. Segundo, aprecié mucho a Emilio. Tercero, porque quiero a Paula y ella quiere mucho a Vicky…&lt;br /&gt;Sólo asentí. A continuación seguí preguntando:&lt;br /&gt;—¿Cómo puede ser que una madre no reconozca a su propio hijo? ¿Cómo una madre puede aceptar un… substituto? ¿No estará fingiendo?&lt;br /&gt;—No lo creo, su realidad ya está algo, sin querer ser irrespetuoso, «descompuesta». Amenaza con romperse si acepta su realidad inmediata. Su hijo es lo que más quería en este mundo y ya no está. Pero te ve a ti no como un sustituto sino como a su propio hijo... Eso te podría venir a ayudar de una gran manera en este caso.&lt;br /&gt;Me le quedé mirando con disimulada ansiedad.&lt;br /&gt;—Sí. Tienes casi la misma complexión que Emilio. Si acaso tú estás un poco más grueso. Te le pareces. Podríamos pensar en un esquema que nos permita salir adelante con esto.&lt;br /&gt;—¿Un esquema? ¿Qué esquema? ¿No basta con irme?&lt;br /&gt;—¿Con qué documentos? No. Para esto se necesita primero otra identidad. La confusión de Vicky puede que nos ayude. Hablemos claro, Alex. Es obvio que nadie sabe con seguridad si Emilio murió. Lo único que se sabe es que se le vio en Tlatelolco y nadie lo ubica después en ningún lado. Según lo que yo averigüé no está ni en los hospitales, ni en las prisiones de aquí del Distrito Federal, ni en alguno de los estados cercanos y tampoco está en el campo militar.&lt;br /&gt;Sergio respiró hondo. Dijo:&lt;br /&gt;—Muy bien, propongo lo siguiente: vamos a localizar toda la información relevante de Emilio tal como la cartilla, el acta de nacimiento y pasaporte. Yo tengo amigos que me deben favores en varias partes y me pueden ayudar quizás a hacer un cambio.&lt;br /&gt;Vi para donde iba el asunto. Intenté protestar con calma:&lt;br /&gt;—Sergio, una cosa es que la señora me confunda y que me crea su hijo, que te aclaro de manera sincera: me siento muy mal con eso. Otra es que todo el «esquema», como tú le llamas, incluya una total suplantación…&lt;br /&gt;—Qué, ¿te parece muy irreal? ¿Muy tirado de los cabellos?&lt;br /&gt;—No mucho, en realidad, y a lo mejor lo había pensado, pero todavía no me había tocado estar con la señora Abreu. Es bastante difícil hacerte pasar por otra persona. No creo tener el nervio. No estoy preparado.&lt;br /&gt;—Muy sencillo, Alex, no te queda mucha opción. Así las cosas, un día te desesperarás y te descuidarás. No sabemos qué pueda pasar. ¿No crees que es más peligroso quedarse?&lt;br /&gt;Lo observé fijamente.&lt;br /&gt;—Entonces no hay opción, ¿verdad?&lt;br /&gt;—No, Alex, ahora no. Tienes que tomar la decisión y empezar en otra parte otra vida. Por un tiempo, al menos.&lt;br /&gt;—¿Dónde?&lt;br /&gt;—Me imagino que puede ser Estados Unidos, tal vez Canadá.&lt;br /&gt;—No sé mucho inglés.&lt;br /&gt;—Bueno, ¿qué te parece España? Tengo dos o tres amigos en España que te puedan ayudar.&lt;br /&gt;—¿España?&lt;br /&gt;—Sí, creo que sí. Pensándolo bien, España es una buena opción. Primero que nada no hay relaciones diplomáticas en sí. Eso puede ayudar.&lt;br /&gt;—¿Funcionaría eso del pasaporte?&lt;br /&gt;—Creo que sí.&lt;br /&gt;—¿Qué va a pasar con la señora Abreu?&lt;br /&gt;—No te preocupes, le ayudaremos a hacerle pensar que su hijo, o sea tú, se fue a España, lejos temporalmente del desorden. A estudiar.&lt;br /&gt;—¿Podré volver?&lt;br /&gt;Él me miró con un dejo de tristeza.&lt;br /&gt;—No creo que sea conveniente hacerlo pronto. Por un lado, no sabemos si alguien algún día pueda descubrir todo esto; y por el otro, si la señora un día se pudiera desengañar…&lt;br /&gt;—Qué, ¿la van a mantener sedada por los años por venir?&lt;br /&gt;—No, yo creo que lo que va a pasar con ella dependerá de la evolución de su estado. No te preocupes, va a estar cuidada, te lo aseguro…&lt;br /&gt;Hizo una pausa. Continuó:&lt;br /&gt;—Otro asunto: yo sé que necesitarás dinero. Paula y yo te vamos a ayudar con algo, luego nos lo pagas cuando puedas…&lt;br /&gt;No me estaba gustando mucho la situación.&lt;br /&gt;—No es sencillo aceptar lo que me pides, Sergio. Te repito, ya es mucho lo que estás… lo que están haciendo por mí.&lt;br /&gt;—N’ombre, no te preocupes. Estoy pensando que con esto, ayudé de manera mínima al movimiento de ustedes. Además, yo también te repito lo que dije antes. Estás ayudando a la salud de una mujer que quiso mucho a su hijo. Y pienso que si en mí tengo la pequeña posibilidad de ayudar a alguien, pues, ¿qué le voy a hacer? A darle, ¿no?&lt;br /&gt;Me le quedé viendo a él y a Paula, que había estado callada. Me sentía apenado, agradecido, quizá lo que no quería era que nadie me tomara como cobarde, que estaba huyendo, esa idea me estaba molestando, pero aquí no se había mencionado eso. Por fin dije:&lt;br /&gt;—Ni hablar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Aurora, te hablo para despedirme.&lt;br /&gt;Ella guardó silencio por unos segundos al otro lado de la línea.&lt;br /&gt;—Como ya no habías hablado pensé que ya te habías ido. Ahora que lo primero que pasó por mi mente al oír tu voz, fue que era para eso.&lt;br /&gt;—Apenas me voy.&lt;br /&gt;—¿Adónde? No, no me digas, no es necesario.&lt;br /&gt;Guardé silencio por un instante apenas perceptible.&lt;br /&gt;—Lejos… —dije, sabiendo que no me preguntaría más. Ella también guardó silencio por un instante.&lt;br /&gt;—Qué estés bien y ojalá que nos volvamos a ver, Alex…&lt;br /&gt;—Yo también… deseo que te vaya súper y espero… volverte a ver algún día, pronto.&lt;br /&gt;—En eso último me estás mintiendo, pero no importa... Así es esto.&lt;br /&gt;Tenía razón.&lt;br /&gt;¿Cuándo una persona puede dejar de ser la que era?&lt;br /&gt;¿Cuándo se es? ¿Cuándo no se es?&lt;br /&gt;Esas son algunas de las preguntas que me hacía. Ese día, el día en que empacaba, tenía la ansiedad, el temor y la incertidumbre. Me había conseguido lentes con aros más gruesos, me había cortado el pelo y había aumentado de peso un poco como para que la ropa no me quedase. De hecho, de lo más extraño, además de toda la situación en sí, era que me ponía parte de la ropa de Emilio.&lt;br /&gt;Todo eso era para apoyar mi propia transformación y así irme des-incorporando de mi propia identidad.&lt;br /&gt;Había hablado con Aurora y ella me había comunicado que siguiera escondido, que la onda no había acabado todavía. Que la búsqueda seguía. No, nuestros nombres no aparecían en las listas. Pero no podíamos asegurar por cuánto tiempo seguiría así la situación.&lt;br /&gt;Ambos hablamos por diez minutos y expresamos lo que pudimos en un mínimo de palabras. La tensión se percibía y ambos supimos que esa podría ser la última ocasión en que nos comunicaríamos por algún tiempo.&lt;br /&gt;—¿Ya estás listo?&lt;br /&gt;—Sí, Paula, ya casi.&lt;br /&gt;—Te doy, ¿cuánto? ¿Diez, quince minutos?&lt;br /&gt;—Está bien.&lt;br /&gt;Me quedé solo.&lt;br /&gt;Tomé las cartas que Emilio le había escrito a su madre durante todos esas semanas de angustia y de felicidad, de gozo, diversión, entusiasmo y aventura y que nunca envió. No tenía caso llevármelas. Decidí dejarlas en alguna parte. Vi que en un banco de madera que se usaba más bien para sostener ropa estaba una revista LIFE. De hecho, esa era la revista aquella que hablaba de Tlatelolco, de los Beatles y del Che Guevara.&lt;br /&gt;«Creo que las guardaré aquí dentro», pensé.&lt;br /&gt;Las puse de alguna manera distribuidas para que no hicieran bulto. Pensé que no era suficiente. De pronto miré hacia el espejo que estaba en el pasillo.&lt;br /&gt;Un florero con varias rosas sobre la mesita debajo del espejo.&lt;br /&gt;En un impulso, fui y tomé una rosa. «Puede que sea lo más apropiado». La sequé y le corté lo que a mi juicio le sobraba. La puse dentro de las páginas de la revista. Ahí estaba el Che. La cerré. Ahora me puse a pensar dónde la podría guardar. Un sitio seguro al cual pudiera regresar por ellas.&lt;br /&gt;El cajón del librero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¿Y no olvidas algo?&lt;br /&gt;Paula insistía desde la puerta de la cocina.&lt;br /&gt;—No, ya voy, ya acabé.&lt;br /&gt;Miré por una última vez el cuarto donde había vivido esos últimos días. Cerré la puerta.&lt;br /&gt;Todavía me faltaba un asunto por terminar antes de que viniera el taxi que me llevaría a la estación de autobuses.&lt;br /&gt;Fui al cuarto de la señora Abreu.&lt;br /&gt;—Hola —dije casi en silencio—. Este… ¿estás bien?&lt;br /&gt;Se oyó la voz de señora, queda.&lt;br /&gt;—Sí, m’ijito…&lt;br /&gt;Paula entró también y de nuevo agradecí su intervención.&lt;br /&gt;—Vicky, escucha, Emilio ya se va, ¿te acuerdas que te dije que se iba a ir de viaje? Pues ya se va.&lt;br /&gt;La señora desde la cama dijo:&lt;br /&gt;—¿Te vas, m’ijito…? ¿Tan pronto?&lt;br /&gt;—Sí, me tengo que ir. Este… mira, me ofrecieron una beca y, pues, ya me hablaron y...&lt;br /&gt;Interrumpió Paula:&lt;br /&gt;—Vicky, tú sabes como es eso, los muchachos tienen que estudiar, y es donde se las den, hay que aprovechar.&lt;br /&gt;—¿Adónde... adónde te vas a ir, Emilio? ¿Muy lejos?&lt;br /&gt;Miré a Paula de reojo. Empecé a hablar en automático:&lt;br /&gt;—Mira, primero es probable que vaya al norte, a San Antonio o a Houston y de allí a España, que es donde me ofrecieron la beca.&lt;br /&gt;La señora Abreu cerró los ojos.&lt;br /&gt;—¿Cuándo volverás?&lt;br /&gt;—No lo sé.&lt;br /&gt;—¿Tienes dinero para irte?&lt;br /&gt;—Sí.&lt;br /&gt;—¿Me escribirás, condenado?&lt;br /&gt;Tragué saliva.&lt;br /&gt;—Sí, jefa…&lt;br /&gt;Ella aspiró aire.&lt;br /&gt;—Ten cuidado, hijo. Estos son tiempos peligrosos. Deja saber siempre donde estás. No me mortifiques. Cuídate mucho. Recuerda que tu mamá está enferma. Y que te quiere mucho...&lt;br /&gt;Los ojos de la señora Abreu se llenaron de lágrimas.&lt;br /&gt;—Y Emilio… acuérdate siempre de tu madre, que aunque estés lejos ella se acordará de ti todos los días.&lt;br /&gt;Ya no pude soportar más y le di un abrazo a la señora.&lt;br /&gt;Paula trató de decir algo reconfortante:&lt;br /&gt;—Vicky, que el muchacho no se va a morir, sólo se va a ir de viaje…&lt;br /&gt;—Ay, Paula, tú no sabes que es estar enferma, así en cama y ver a tu único hijo partir así hacia un lugar desconocido…&lt;br /&gt;Sentí que debía decir algo. Con todo el trabajo que me iba a costar se lo diría:&lt;br /&gt;—No te preocupes. Me voy a cuidar. Te lo prometo…&lt;br /&gt;Sonó un claxon afuera de la casa. Fue mi salvación.&lt;br /&gt;La señora Abreu dijo:&lt;br /&gt;—Ya vete, ya no me hagas pasar el momento muy largo que me puede hacer daño. Ya sabes cómo soy de achacosa…&lt;br /&gt;—Adiós, jefa.&lt;br /&gt;—Adiós, Emilio. Vete con Dios. —La señora hizo un gesto de alto. Yo esperaba, tenso—. ¡Alto, espérate ahí!&lt;br /&gt;Me congelé un segundo mirando a Paula con franca alarma. ¿Me habría descubierto? ¿Iría a hacer alguna escena? Por la manera en la que Paula me dirigió su mirada sentía que se tensó de igual manera que yo.&lt;br /&gt;La señora Vicky por fin rompió el silencio, alcanzando a decir:&lt;br /&gt;—Paula, tráeme mi cajita negra que está sobre el tocador. Sí, esa, la de mis oraciones.&lt;br /&gt;Paula se la dio, según yo, más relajada.&lt;br /&gt;La señora Abreu tomó unos papeles y oraciones que estaban dentro.&lt;br /&gt;—Sin mis lentes no puedo ver muy bien pero… sí, creo que ésta es… Emilio. Quiero que guardes esta imagen de Jesús en tu cartera o en lo que uses y que nunca la quites de allí... quiero que lo hagas. No te va a costar trabajo. ¿Eh? ¿Le harás ese favor a tu madre?&lt;br /&gt;Miré a Paula y miré a la señora Abreu. Cada vez se me hacía más natural estar en ese papel falso de hijo superpuesto. Se me hizo que lo más natural que haría Emilio sería, en primera, protestar.&lt;br /&gt;—Pero...&lt;br /&gt;—Consérvalo, hijo, y rézale al Sagrado Corazón para que siempre te cuide. ¿Sí?&lt;br /&gt;Haciendo como que no quería a regañadientes, sólo agregué:&lt;br /&gt;—Okey.&lt;br /&gt;Volvió a sonar el claxon. Esta vez dos veces.&lt;br /&gt;—Me cuidaré. Te lo prometo. Gracias…&lt;br /&gt;Me le acerqué y le di un beso y otro abrazo.&lt;br /&gt;—Ándale, ya vete. Toma tu bendición.&lt;br /&gt;Hizo la señal de la cruz, me persignó y levantó su mano para que la besara, cosa que hice, como era de esperarse.&lt;br /&gt;Salí del cuarto. El aroma a rosas me dejaría un recuerdo persistente por el resto de mis días. Salí sin ver hacia atrás.&lt;br /&gt;Insistí en agradecerle a Paula.&lt;br /&gt;Ella habló primero:&lt;br /&gt;—Ya, gracias por todo lo que hiciste.&lt;br /&gt;—No sé quién tiene más que agradecer que yo… creo.&lt;br /&gt;—No te preocupes, si tienes problemas en donde estés hablas con esas personas. Explícales todo. O casi todo. Ellos entenderán.&lt;br /&gt;—Paula, ¿estás esperando que vuelva pronto?&lt;br /&gt;—Sinceramente no…&lt;br /&gt;—Y la señora Abreu, ¿qué hago al respecto?&lt;br /&gt;—Sólo escríbele de vez en cuando, postales y tarjetas, diciendo donde estás y qué estás haciendo. Nosotros la vamos a cuidar. Ya veremos que hacemos… con lo demás.&lt;br /&gt;—Espero que esto pase pronto. No quisiera estar fuera por mucho más tiempo de lo necesario.&lt;br /&gt;—Mira, nadie sabe lo que va a pasar. Adiós, Emilio… quiero decir, Alex.&lt;br /&gt;Sonreí.&lt;br /&gt;—No te preocupes. Adiós, Paula.&lt;br /&gt;—Adiós. Adiós.&lt;br /&gt;Yo, o sea Emilio, me subí al carro, sin querer voltear.&lt;br /&gt;Pero finalmente lo hice para ver a Paula en la banqueta, sola.&lt;br /&gt;Creo que los dos dijimos lo mismo:&lt;br /&gt;—Adiós, y gracias, Emilio. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982160391522246?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982160391522246/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982160391522246' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982160391522246'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982160391522246'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/11-transformacin.html' title='11. Transformación'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-35403552.post-115982147574055393</id><published>2006-10-02T13:30:00.000-07:00</published><updated>2006-10-04T14:11:37.993-07:00</updated><title type='text'>12. Fin de Acto</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:georgia;"&gt;Tiempo después a Jean Páris todavía le costaba mucho aceptar el contenido leído, no se diga el digerirlo o asimilarlo. Lo primero que se transformó en su carácter fue cambiar su manera de dirigirse con los de casa, volviéndose más frío. La señora Alcira, si llegó a notar el cambio, nunca lo mencionó. De la abuela, nada se sabría aunque quisiera, encerrada como estaba dentro de la gran bóveda celeste de su propia cabeza.&lt;br /&gt;Jean Páris empezó a investigar del tema de México 68 de manera inmediata e intensiva a través de NetNet, y lo hizo con tanta furia, que incluso llegó un momento en que se preguntó si no sería conveniente ir con un especialista. Su interés se convirtió en una obsesión opresiva de querer entender más y más del asunto de Tlatelolco, pero adónde llegó antes, de manera inadvertida, fue a su propio punto de saturación.&lt;br /&gt;El interés se convirtió en rechazo.&lt;br /&gt;Anduvo a la deriva un tiempo cuando descubrió en él un gusto por conocer la historia del siglo pasado de manera más general y más profunda.&lt;br /&gt;Respecto a Emilio y Alex, Páris se sintió totalmente confundido y le costó trabajo pensar en sí mismo como un ser humano con posibilidades de entender hasta las más simples relaciones familiares normales. Si es que existía un sesgo dentro de él del concepto «familia», todo se resquebrajó hasta desaparecer de su vista, como una flor marchita que se pulveriza hasta confundirse con el polvo que la rodea.&lt;br /&gt;Páris empezó por negar concienzudamente al concepto de apellido tanto, que prefería que lo conocieran sólo por su nombre de pila y sólo a regañadientes decía su apellido.&lt;br /&gt;Se creía tan distanciado del género humano que prácticamente se recluyó en temas de sociedad, literatura e historia. Pero su distanciamiento no le duró mucho. A la primera oportunidad que escuchó de la PoliU empezó a definir su rumbo.&lt;br /&gt;Encontrándose en la decisión, no tardó en irse de su casa para seguir su destino, queriéndose alejar, en parte, de todo y de todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la travesía camino a la Conquista, enmedio de sus libros y cuadernos, lo acompañó una vieja carpeta negra con arillos de plástico blancos contrastando con sus pastas negras.&lt;br /&gt;Así fue como llegó un día a Technotitlan, capital infinita de los technotecas.&lt;br /&gt;Y quedó deslumbrado.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/35403552-115982147574055393?l=novela-technot-primera-parte.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/feeds/115982147574055393/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=35403552&amp;postID=115982147574055393' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982147574055393'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/35403552/posts/default/115982147574055393'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://novela-technot-primera-parte.blogspot.com/2006/10/12-fin-de-acto.html' title='12. Fin de Acto'/><author><name>Luis Eduardo García</name><uri>http://www.blogger.com/profile/04590271211126511740</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_G50jU-d3r7U/TEqI23eYgRI/AAAAAAAABQU/qAJObkvIgqU/S220/A01.bmp'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
